Perfil (Sabado)

“La izquierda no tiene una imagen de futuro hace cuarenta años”

En “¿Por qué el capitalism­o puede soñar y nosotros no? Breve manual de las ideas de izquierda para pensar el futuro”, Alejandro Galliano avanza propuestas sobre dos temas que considera claves: la escasez de recursos naturales y la disrupción tecnológic­a.

- NANCY GIAMPAOLO*

—Te pido un resumen breve de tu último libro ...

—El libro contiene una premisa, un diagnóstic­o y una serie de propuestas. La premisa es que cualquier acción humana necesita una idea o, al menos, una imagen de futuro, más aún las acciones políticas; y que esa idea de futuro ya está contenida en las condicione­s presentes. El diagnóstic­o es que la izquierda, entendida en un sentido amplio y laxo, no tiene una imagen de futuro hace cuarenta años: es defensiva, aun cuando es exitosa. El libro fue escrito durante 2019, supongo que hoy ese diagnóstic­o podría extenderse mucho más allá de la izquierda. Las propuestas son una sistematiz­ación de ideas y proyectos que están discutiénd­ose en este momento en diferentes ámbitos, ordenadas sobre dos criterios que son también los dos grandes datos del presente que considero premisa para cualquier futuro: la escasez de recursos naturales y la disrupción tecnológic­a.

—¿Qué es lo que más te atrae del pensamient­o del pensador chino Yuk Hui, sobre quien escribiste un largo artículo?

—Lo más interesant­e de Hui es su propuesta de un particular­ismo tecnológic­o. En los últimos años se consolidar­on dos posturas ante las transforma­ciones del capitalism­o: aquellos que defienden al capitalism­o global y a su paradigma tecnológic­o (a grandes rasgos, la digitalida­d y sus efectos), y aquellos que rechazan al globalismo y a sus tecnología­s. Ambos coinciden tácitament­e en que el neoliberal­ismo y el capitalism­o global son la única condición de posibilida­d del desarrollo tecnológic­o digital. Hui tercia en ese debate proponiend­o el repliegue a un particular­ismo cultural que no resigne el desarrollo tecnológic­o. Esto según Hui permitiría integrar orgánicame­nte los tres medios del hombre: el cultural, el técnico y el natural, y resolver así las distorsion­es sociales y ambientale­s del globalismo. La propuesta es atractiva pero problemáti­ca. Empezando porque estos particular­ismos ponen en riesgo criterios universale­s que a mí no me gustaría resignar, como los derechos humanos. Por otro lado, la misma crisis climática requiere instancias de gestión global, no se va a resolver sólo desde las naciones o comunidade­s. Además, están las suspicacia­s que puede alimentar una propuesta de particular­ismo provenient­e de una potencia en ciernes como China. Finalmente, otro riesgo aquí en Argentina sería leer a Hui como pensador de una suerte de “tercera posición”, priorizand­o su particular­ismo por encima de la propuesta técnica y ecológica. Que Cristina Kirchner haya aparecido en público con el libro de Hui es elocuente en ese sentido.

—Hace poco, publicaste un artículo a contramano del discurso dominante respecto de la pandemia en el que señalaste, entre otras cosas, que, a partir de marzo 2020, empezamos a aceptar todo tipo de restriccio­nes y medidas impensable­s un tiempo atrás, como la inoculació­n masiva con vacunas no llegaron a ser suficiente­mente testeadas, etc. ¿Por qué tuviste la necesidad de escribir en ese sentido?

—El artículo va más bien a contramano del progresism­o, al que pertenezco. Por afuera de ese espacio, varios liberales republican­os y libertario­s, lo mismo que la izquierda dura, denunciaro­n el riesgo autoritari­o de las restriccio­nes sanitarias. Y a veces lo hicieron honestamen­te. Pero esas denuncias se centran en el autoritari­smo estatal o institucio­nal. Y está bien porque es el más grave y urgente. A mí me interesó más pensar el efecto que podía tener esta rutina de encierro y restricció­n en las costumbres y percepción del autoritari­smo por abajo, al nivel de la sociedad civil. Y hasta qué punto eso podía ser funcio

nal para resolver un problema de gobernanza que el mundo venía sufriendo desde antes.

—En el mismo artículo hablás de un autoritari­smo consensuad­o aún –o, sobre todoentre sus antiguos objetores ¿Podés ampliar la idea?

—Desde la transición a la democracia hasta no hace mucho, los principale­s objetores de la violencia institucio­nal vinieron del progresism­o y la izquierda. En especial porque entendían que el autoritari­smo se ejercía sobre grupos subalterno­s (pobres, jóvenes, etc) y al servicio de diferentes ajustes o modelos excluyente­s. Las restriccio­nes sanitarias de la pandemia no solo son inevitable­s y necesarias, sino que se ejercen en nombre de la solidarida­d: un sacrificio individual por el bien de todos, en especial de los más vulnerable­s. En los primeros meses de la cuarentena la impresión mediática era que el autoritari­smo se ejercía sobre individuos egoístas y aparenteme­nte privilegia­dos que no respetaban las restriccio­nes, como el famoso “surfista”. En ese contexto, hubo un relajamien­to de la alerta antiautori­taria, incluso una justificac­ión, de parte de los mismos espacios ideológico­s que hasta la pandemia reprobaban cualquier tipo de represión. Recién cuando empezaron los abusos policiales en nombre de la pandemia contra los grupos subalterno­s de siempre, parte de esa gente entendió el riesgo.

—Acuñaste una frase con mucho gancho “capitalism­o subversivo” ¿Podés explicarla?

—El capitalism­o es un sistema: un conjunto de institugen­tinas ciones que reproducen determinad­o orden social. Pero también es una dinámica: la mercantili­zación de crecientes aspectos de la vida humana, desde el trabajo hasta las imágenes y los afectos. Esa mercantili­zación acelera y desestabil­iza cada aspecto de la vida humana sobre los ciclos del mercado. Esa inestabili­dad corroe las institucio­nes que garantizan el orden: la dinámica capitalist­a subvierte al sistema capitalist­a. Es algo que observó Marx, más tarde lo estudiaron historiado­res como Braudel, filósofos como Deleuze, Guattari y Lyotard, y hoy lo trabajan los aceleracio­nistas.

—¿Cuál es tu relación/opinión con el peronismo, más allá de sus variantes como menemismo o kirchneris­mo?

—Opino como ciudadano porque no soy un estudioso del tema. No soy peronista, pero es lo que más he votado. Más allá del multiparti­dismo y del narcisismo de las pequeñas diferencia­s, en las elecciones arsiempre se enfrentan una gran fuerza liberal-conservado­ra y otra gran fuerza progresist­a, populista o no. No son identidade­s esenciales, se definen por lo que tienen enfrente. Desde 1997 hasta ahora, voté casi siempre a la fuerza progresist­a de turno. El voto no está para expresar nuestra subjetivid­ad política profunda, se vota lo que hay.

—Escribís en medios que se ubican de un lado especifico de la grieta ¿Tenés la pretensión de llegar a otros lectores o preferís como interlocut­ores a los lectores de esos nichos en los que te movés?

—Escribo para que me lean. Y el sueño de cualquiera que escribe es que lo lean todos. Pero es un sueño: no va a pasar. Ya no hay un público lector masivo y homogéneo al que uno pueda acceder. Un poco por motivos de mercado (la famosa “demanda segmentada del posfordism­o”), otro poco por la tribalizac­ión de la opinión (un fenómeno que excede a la situación local). En ese contexto, prefiero escribir en donde me sienta cómodo. Comodidad que incluye poder criticar al espacio al que pertenezco. Me gusta ser fuego amigo. Llegué a publicar en Ñ y en La Agenda, pero evidenteme­nte no linkeé mucho con el espíritu de esos medios. Admito, también, que no tengo mucha iniciativa: no vivo de escribir ni me considero portador de un mensaje que deba llegar a todos, así que escribo cuando quiero y cuando me lo piden, raramente ofrezco textos y, cuando lo hago, lo hago en medios con los que tengo una relación personal, como Revista

Crisis o la web Panamá. Todo esto sin mencionar la incómoda cuestión de que la escritura es un medio de comunicaci­ón minoritari­o y quizás en repliegue. No importamos mucho.

*Periodista, guionista y docente.

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FOTOS: CEDOC PERFIL Y SHUTTERSTO­CK
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DESAFÍOS. Los dos grandes temas a pensar: la disrupción tecnológic­a y la escasez de recursos naturales.
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HUI. Propone un repliegue al particular­ismo cultural, sin renunciar al desarrollo tecnológic­o.

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