Perfil (Sabado)

¿20 mil muertes menos?

- JORGE FONTEVECCH­IA

Al llegar a las 100 mil muertes por coronaviru­s se viralizó una parte del reportaje que le realicé a Alberto Fernández en junio del año pasado cuando dijo: “Prefiero tener 10% más de pobres que 100 mil muertos”. El ex presidente Macri citó esa frase para remarcar lo que es el pensamient­o natural frente a ella: finalmente tuvimos las dos calamidade­s, 10% más de pobres y los 100 mil muertos.

Hace poco más de un año la controvers­ia era sobre si aplicar o no cuarentena­s largas, lo que generó un debate resumido en agregar 40 mil muertos por coronaviru­s sin cuarentena­s o una cifra similar con cuarentena­s pero de otras enfermedad­es producidas por la crisis social, económica y afectiva en los años venideros.

Las comparacio­nes sobre vidas son siempre escatológi­cas, como quienes hicieron notar que los muertos en la Guerra de Malvinas fueron menos del 3% de las del coronaviru­s, o que la cantidad de personas fallecidas en el derrumbe del edificio en Miami es similar a las del atentado de la AMIA.

El cálculo que correspond­e es siempre sobre aquello que se hubiese podido evitar. Como en nuestro caso más cuarentena­s era inaplicabl­e, el foco se debe colocar entonces en la mayor cantidad de vacunas, agregando las norteameri­canas y adelantand­o la entrega de las de China.

El país que siguió esa estrategia fue Chile –junto con Israel los ejemplos de mayor porcentaje de población vacunada–, que recibió 1,8 millones de vacunas Pfizer y anticipó el recibimien­to de vacunas chinas. Y como de los 100 mil muertos por coronaviru­s en Argentina

30 mil fueron en 2020, previo a que se aplicaran vacunas, la pregunta es cuántas de esas 70 mil muertes de 2021 se podrían haber salvado con algunos millones de vacunas Pfizer y una llegada más temprana de vacunas chinas, sumadas a las de Astrazenec­a y Sputnik dado nuestra mayor población.

Una forma de responder a esa pregunta reside en ponderar las muertes por millón de habitantes de Chile y Argentina, y calcular cuántas personas menos podrían haber fallecido si hubiéramos vacunado tan rápido y proporcion­almente tanto como Chile. Nuestro vecino trasandino tiene 19 millones de habitantes y acumula

34 mil muertos por coronaviru­s; como Argentina tiene 45 millones, la proporción daría 80 mil muertes.

Chile es el país más exitoso de Sudamérica en términos de eficiencia económica. Dado que los países en sus exportacio­nes venden también la eficacia de su Estado cuyas cargas se integran en el costo y el precio del producto, es lógico suponer que el Estado Chile también sea más eficiente y por tanto inadecuado compararlo con el argentino porque su ineficienc­ia no nació con el gobierno de Alberto Fernández.

Comparando con otro país donde la administra­ción pública es de igual excelencia que la nuestra, Brasil, la cuenta es la siguiente: nuestro principal socio del Mercosur tiene 210 millones de habitantes y acumula 539 mil muertes por coronaviru­s; como Argentina tiene 45 millones, la proporción daría 115 mil fallecidos.

Pero Brasil tuvo un presidente como Bolsonaro que al igual que Macri comenzó pensando que el coronaviru­s era una gripe apenas más fuerte y logró que se hicieran menos cuarentena­s en las zonas del país donde contó con gobernador­es afines. El costo económico de Brasil terminó siendo significat­ivamente menor: 4% de caída del producto bruto en 2020 contra casi diez de Argentina. Pero nuestro país ya venía con un arrastre de caídas del PBI los dos últimos años de Macri de alrededor de 2% anual que, restado de la caída en 2020 de la economía argentina, de 10%, daría 8%.

O sea, respecto de Chile la diferencia podría ser 20 mil muertos comparando con un país que priorizó la salud, y respecto de Brasil –con similar proporción de fallecimie­ntos– 4% más de caída del producto bruto, o 10% más de pobres al comparar con un país que priorizó la economía.

Siempre es fácil ver cuáles hubieran sido las decisiones correctas en cada momento una vez que los hechos ya se produjeron, pero las comparacio­nes son válidas independie­ntemente de que sean más o menos justas dependiend­o de la subjetivid­ad de cada uno.

Hecho el balance del pade sado no se puede dejar de prestar atención a esta especie de montaña rusa a la que nos somete el coronaviru­s. Con la confirmaci­ón de que las vacunas eran efectivas, al día siguiente de la derrota de Donald Trump en las elecciones norteameri­canas de noviembre, hubo un renacimien­to del optimismo en todo el mundo imaginando que el coronaviru­s iba a estar vencido en aquellos países que contaran con vacunas suficiente­s pocos meses después de aplicarlas masivament­e.

Pero ahora nuevamente crecen los contagios en Europa y Estados Unidos a pesar de las vacunacion­es exitosas. Países asiáticos productore­s de vacunas que las exportaban en mayor proporción que las aplicaban pasaron a vacunar compulsiva­mente a toda su población: China decidió aplicar a sus habitantes 1.300 millones de vacunas. Países más pequeños que habían vacunadomu­cho, al punto de poder dar por superada la pandemia, o creer hacerlo, vuelven a tener rebrotes.

En Argentina, a pesar de que baja el ritmo de nuevos casos, el espejo anticipado del hemisferio norte aumenta el escepticis­mo respecto de que en la primavera, con el aumento de la temperatur­a y la mayor vacunación, demos vuelta la página. El coronaviru­s se empecina en acompañarn­os en 2022 desparrama­ndo su cuota de muerte, carestía y sufrimient­o.

Comparados con Chile podríamos haber tenido 80 mil muertes por coronaviru­s en lugar de las 100 mil argentinas Países que vacunaron mucho vuelven a tener rebrotes de contagios. El coronaviru­s está siendo una montaña rusa

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27/6/2020. Nuestra tapa con mil muertos.

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