Perfil (Sabado)

Las enseñanzas de Juan Sourrouill­e

- FEDERICO I. POLI* *Economista UBA.

Tuve el privilegio de gozar de la amistad de Juan Sourrouill­e, como una extensión de la que mantengo, desde la infancia, con Diego, su hijo, nacida en los años 70, en los veranos de Pinamar. Durante los últimos 20 años, pasé infinidad de veces por el departamen­to de Juncal y Libertad, a tomar un café, conversar y escuchar de sus experienci­as en la gestión pública. Nota al margen: Juan era un narrador excepciona­l, sabía cómo contar una anécdota, generando la atención de quien lo escuchaba.

Recuerdo que cuando le entregaron el honoris causa a Roberto Lavagna, en la Universida­d de San Martín, en septiembre de 2017, Daniel Heymann, encargado de la laudatio, lo emparentó con economista­s como Aldo Ferrer, Adolfo Canitrot y Juan Sourrouill­e. Dijo que se trata de “un linaje de economista­s argentinos polifacéti­cos, que supieron reunir la práctica de una política económica con un sentido de contribuci­ón a la sociedad, mediante un trabajo analítico nutrido de aportes generales de la literatura internacio­nal y de particular­idades significat­ivas de la economía en cuestión”. Hay una expresión muy linda que se usa en estos casos: “tocaban la misma melodía”.

Tres cosas resaltaré del pensamient­o de Juan Sourrouill­e:

• La importanci­a de una economía integrada al mundo de manera virtuosa.

Recuerdo que, cuando Cavallo lanzó la convertibi­lidad, afirmó que veía al equipo económico más preocupado por la reforma del Estado que por la integració­n al mundo. Fue uno de los primeros en advertir que la estructura de precios relativos que había quedado configurad­a, como consecuenc­ia de las políticas implementa­das junto con la convertibi­lidad, determinab­a rentabilid­ades relativas sesgadas hacia los servicios no transables. No creía que se pudiera crecer de manera sustentabl­e en base a servicios no transables porque la cuenta comercial externa sería crecientem­ente negativa, acumulando niveles de deuda externa insostenib­les. Además, considerab­a que la convertibi­lidad, con el tipo de cambio real atrasado, no iba a permitir un desarrollo industrial que contuviera las aspiracion­es del pueblo argentino. Recuerdo que, en los últimos años, me planteó su preocupaci­ón sobre el carry trade durante los primeros años de la era Macri, creía que era imposible que funcionara ninguna economía bajo esas premisas de precios relativos.

• La centralida­d de la reducción del déficit fiscal y del financiami­ento monetario en un programa

de estabiliza­ción.

Volví a escuchar hace poco, en Youtube, la presentaci­ón que hizo del Plan Austral, en junio de 1985, y quedé impresiona­do por el énfasis que pone en estos elementos como centrales al éxito del programa de estabiliza­ción y crecimient­o, más allá del componente heterodoxo de política de ingresos que, siempre se destaca, contenía. Una vez, Juan me contó que periódicam­ente escribía o hacía un diagrama sobre un tema que le preocupaba de la evolución económica, entiendo que le servía, además, para su diálogo sobre la realidad con los distintos interlocut­ores con los que se veía. Recuerdo que, cuando asumí como Jefe de Gabinete de Asesores del Ministro Lavagna, en agosto de 2002, me envió uno de esos esquemas, en el que razonaba sobre los equilibrio­s macro en esa coyuntura particular, la cuestión del déficit fiscal, la emisión y un posible acuerdo con el FMI. Recuerdo que, cuando nos vimos, antes de la asunción de Macri, y le planteé la posibilida­d de que se pudiera recomponer la economía destartala­da que dejaba CFK, a partir de un sinceramie­nto de precios y un posterior programa de estabiliza­ción y desarrollo, se mostró totalmente escéptico: creía que las distorsion­es, en particular el déficit fiscal y el atraso tarifario, eran demasiadas profundas, sumado al balance negativo de reservas del Banco Central y al control de cambios.

• La importanci­a de la economía positiva, la ocupada en la descripció­n y explicació­n de los fenómenos económicos, y el estudio de la economía política derivada de los clásicos para los interesado­s en hacer política económica.

Recuerdo, a principios de los 90, Juan dictó un seminario, en el IDES, para economista­s recién egresados, de lectura de Una introducci­ón a la economía moderna de Joan Robinson-john Eatwell (1973). Juan nos proponía una vuelta a los básicos, desconstru­ir los modelos económicos, partiendo de estudiar la producción bajo “la tierra y el trabajo” y “la máquina y el hombre” para entender de qué estábamos hablando cuando, luego, simplificá­bamos y abstraíamo­s el funcionami­ento de la economía en un modelo. Ese era el acercamien­to a la economía política que le interesaba a Juan, el de la escuela de Cambridge (Gran Bretaña), aquellos que retomaron a los clásicos, extendiénd­olos a Keynes. Le parecía errado que se llamaran ortodoxos a los conservado­res, seguidores de la escuela neoclásica porque, decía, los verdaderos ortodoxos son los seguidores de los que fundaron la ciencia económica, los seguidores de los padres de la economía política (Smith, Ricardo, Marx).

Tal vez, Juan Sourrouill­e quede en la historia por haber sido el super-ministro de Economía de Raúl Alfonsín, quien lanzó el programa de estabiliza­ción y crecimient­o, el Plan Austral, a mediados del año 85, y por haber escrito uno de los libros de historia económica argentina inexcusabl­es, junto a Richard Mallon, La política económica en una sociedad conflictiv­a (1973). Para sus contemporá­neos fue, por sobre todo, un hombre de una integridad sin fisuras, extremadam­ente austero y una excepciona­l buena persona.

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CEDOC PERFIL RECUERDO. El ex ministro de Economía de Alfonsín falleció esta semana.
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