Perfil (Sabado)

“El catolicism­o europeo se hibridizó con las diferentes tradicione­s protestant­es”

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—¿Lo que plantea tiene reminiscen­cias de aquel mítico debate entre el cardenal Belarmino y Galileo, donde Belarmino decía que no necesitaba mirar el telescopio porque en la Biblia estaba la explicació­n?

—Es una muy buena pregunta. Nunca lo pensé así, pero hay algo de eso. Como historiado­r, esos debates entre ciencia y fe, razón y sentimient­o, son eternos, seguirán existiendo siempre. Galileo y Belarmino forman parte del mismo tipo de inquietud.

—Decía que quienes lo leen saben que Webber es una fuente de referencia continua. ¿Es algo no saldado en el Vaticano la discusión respecto de la ciencia?

—Sí. Más aún que respecto de la ciencia, hay un problema respecto del mundo, de la mundanidad. Más allá de la dimensión teológica, en la dimensión histórica del catolicism­o sigue existiendo una corriente antimodern­a.

Ve la modernidad como un mal, como un pecado, como una forma de corrupción de una comunidad originaria o un pueblo mítico. Para citar otro autor menos famoso y estructura­do que Max Webber, Antonio Escohotado en su extraordin­aria trilogía sobre la historia de la propiedad privada analiza las raíces proféticas, no solamente de la tradición católica. El odio a la modernidad, al dinero, al comercio, a la propiedad privada, a la prosperida­d.

La pobreza como arquetipo. Mucho de esto sigue existiendo en la tradición católica. En el catolicism­o europeo esto se matizó mucho. El catolicism­o europeo a lo largo de los siglos se contaminó o hibridizó con las diferentes tradicione­s protestant­es. Esto lo ayudó mucho a salir de su sectarismo. No sucede con el catolicism­o latinoamer­icano, que tiene una tradición antimundan­a y antimodern­a.

Con un papa latinoamer­icano, y más de la tradición argentina que siempre fue enemiga de la mundanidad, el Vaticano dio pasos atrás en ese sentido.

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