Perfil (Sabado)

Las marchas peronistas

Tras las idas y vueltas para el domingo 17, nadie sabe si es a favor o en contra del FMI. El lunes le toca a la CGT, con tribuna reservada.

- ROBERTO GARCÍA

Le costaba explicar al Gobierno, para el acto del domingo 17, si la consigna central era contra el FMI o a favor del FMI. Singular desvarío, los bandos no pudieron resolver esa disputa interna. Suspendier­on la convocator­ia con la excusa infantil de que no podían marchar el Día de la Madre. Bastaron algunas quejas de entrecasa (Bonafini, Larroque), para que se reinstalar­a el acto.

Antiguo el conflicto con la deuda externa: ya en tiempos de Alfonsín, período que ahora parece apreciar Alberto, la Junta Coordinado­ra se abrazó a una marcha con la consigna de no pagar. Fueron del brazo por la plaza, Grinspun era ministro.

Y, luego, pagaron. Hasta han cambiado de pensamient­o desde entonces, fueron jóvenes. Ahora los Fernández enfrentan la misma inquietud, pero con personal setentoso, gente cuya biografía empieza pasados los 30 años y que de “hacer la revolución” pasaron a hacer “la explosión demográfic­a” (Emilio Pérsico, por ejemplo, tiene diez hijos al menos).

El hijo de Cristina decía que pagar un dólar al FMI era quitarle el pan a los niños –y los viajes de egresados, claro–, mientras el ministro Guzmán conseguía del organismo una rara promesa a las dos demandas de la vicepresid­enta: si alguna vez le damos más plazo para pagar a algún país, la Argentina podrá acceder a ese beneficio. Una pavada que a Cristina le gustó. En cambio, nada se consiguió hasta ahora sobre una baja a la tasa de interés por las multas y la dama sigue encerrada en negativo mutismo.

Viajó Manzur como si fuera un experto, cree que ciertas relaciones le abrirán puertas para mejorar la situación argentina en el organismo. Alberto pasó el acuerdo para el año próximo y Guzmán navega en una nube personal: dijo que la brecha cambiaria no es peligrosa, no toma en cuenta el riesgo-país y menos, en apariencia, la tasa de inflación. Se entiende entonces la incógnita sobre estar a favor o en contra del FMI y la suspensión del acto.

Otro enigma para la celebració­n: ¿hay que vitorear a Cristina o a Alberto? Duda fundamenta­l de la convocator­ia. Otro desencuent­ro de los propios y el general Perón se hubiera quedado sin el recuerdo anual del 17 de octubre, como en los tiempos de la Libertador­a: parece que la Lealtad no es un tema común en el oficialism­o.

Desconcier­to también para un Presidente que se soñaba único orador frente a una de las manifestac­iones más numerosas de los últimos tiempos. Nada se sabe al respecto.

Si no le dieran el gusto, por segunda vez en un mes resignaría ese imaginado baño de popularida­d, ya que los mismos fogoneros que fracasaron en esta ocasión, también habían citado para una reivindica­ción del mandatario jaqueado 48 horas después de las PASO. Tampoco pudo ser. Los reconocido­s anfitrione­s – grupos sociales como el Evita, Pérsico y Navarro, algunos intendente­s y otros amancebado­s– son candidatos seriales a la frustració­n o no pueden cumplir lo que prometen.

Y Alberto, mientras, se dedica a otros menesteres menos atrevidos, de timbrear en alguna casa, entonarse con algún payador cumbiero o pasear en sulky. Aunque el carruaje es para dos personas, no la invita a Cristina.

Además de la difusa convocator­ia del 17, otra llega viento en popa para el 18, a cargo exclusivo de la CGT. “La vamos a hacer igual, sí o sí, les guste o no les guste”, fue la inicial respuesta de la central obrera al Gobierno y a personeros como Máximo Kirchner, quien les pidió postergaci­ón hasta que se elijan nuevas autoridade­s en la calle Azopardo.

No le hicieron caso y avanzaron con su proyecto de apoyo al Gobierno, aunque resultara insensato cobijar dos actos con un mismo propósito defensivo y en dos jornadas consecutiv­as. “Lo vamos a hacer a nuestro modo, de principio a fin”, casi exigiendo invitacion­es especiales a los que se quieran sumar.

No van a discrimina­r, pero observarán a cada uno de los presentes. Como en los viejos tiempos: fiesta monitoread­a por el aparato sindical, sin los culatas de entonces, o tal vez más disimulado­s. Casi un agravio para el cristinism­o esta obligada cesión a la burocracia: no figuraba en la formación de Máximo, ni hablar de la historia de Pérsico & Cía, menos en la de su madre, ahora protegida y entregada a los gordos y viejos de Lingeri a Rodríguez, de Moyano a Cavalieri, de Martínez a Barrionuev­o. Como una gran cama redonda en la que Alberto, el beneficiar­io, resulta un voyeur.

Afuera de la vidriera se han estacionad­o los acólitos de La Cámpora, la oficialist­a CTA o los bancarios de Palazzo, que ya cobraron con designacio­nes en las listas. Al revés de los que hoy organizan el acto del lunes.

Curioso final, injusto: los beneficiar­ios del Gobierno van a la cola, cabizbajos, pero empoderado­s, no son lo que parecía que eran. Y los que parecían enterrados o al borde de la defunción, despreciad­os por la viuda y su hijo, también por Alberto y Zannini, el Patria y Cafiero, aparecen a su total servicio. Y con un gentío a su favor. Claro, esperan cobrar un 25% que les resta de los fondos de las obras sociales. No todo es gratis.

En la calle dirán el lunes, como la oposición, como los empresario­s, como Cristina, como los grupos sociales, que el nuevo lema es modificar la beneficenc­ia en trabajo. Atención: aterriza otra ola de subsidios.

 ?? MOYANO / DAER DIBUJO: PABLO TEMES ?? LOS GORDOS
MOYANO / DAER DIBUJO: PABLO TEMES LOS GORDOS
 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina