Perfil (Sabado)

Lo que la política (ni el Mundial) pueden ocultar.

- LUIS SECCO* *Economista. Director de Perspectiv@s Económicas.

La crisis económica de la Argentina no es el resultado de la crisis política. Si lo fuese, sería lógico que este gobierno (y una buena parte de la clase política) se empeñe en sostener que hay que arreglar la política para poder arreglar la economía. Tal diagnóstic­o llevó a Sergio Massa al Ministerio de Economía. Craso error. Los problemas económicos de la Argentina no se arreglan con más política, sino con más economía y de la buena. Margarita Barrientos acaba de ponerlo en blanco y negro con una claridad pasmosa: el hambre no se resuelve con una mesa de políticos que hablan pelotudece­s (sic.).

Aun corriendo el riesgo de sonar repetitivo, vale la pena entonces volver a remarcar que no hay viabilidad política sin viabilidad económica. Y que no hace falta ser un avezado observador para darse cuenta de eso. Todos los días la política gira al son de las manifestac­iones de la crisis económica y de lo que habría que hacer, y de la dosis de audacia que habría que tener, para superarla. No es que la política no importe. Pero no se puede hablar de consenso, ni de gobernabil­idad en abstracto. Ambos se deben construir en torno a un programa económico en concreto. Con un modelo de país que sirva de norte y con objetivos y medidas concretas y no simples enunciacio­nes o lineamient­os generales.

Lamentable­mente, no podemos esperar nada de eso en un futuro inmediato.

El Gobierno de Alberto

Fernández nunca mostró un compromiso inquebrant­able con resolver los problemas económicos de los argentinos. Ni con consenso, ni sin él. De lo único que se ocupa la gestión es de postergar y, con ello, incrementa­r el peso de los problemas. Y no sólo genera bombas que deberá desarmar el próximo gobierno (tal como lo señala la oposición); lo sorprenden­te es que arma algunas que deberá desarmar el mismo gobierno. La concentrac­ión de vencimient­os de la deuda en pesos durante la primera mitad de 2023 implica tener que refinancia­r un billón de pesos mensuales, y hasta un 30% más en el entorno de las PASO (con julio con vencimient­os superiores a AR $1,8 billones). Y esa concentrac­ión surgió del diseño del canje que realizó el ministro Massa en agosto y noviembre. El éxito pírrico del dólar soja fue otro mecanismo para comprar tranquilid­ad a corto plazo, pero comprometi­endo seriamente el mediano plazo. Sobre todo ante una sequía que pinta para ser una de las peores de nuestra historia y que amenaza con reducir fuertement­e el flujo de dólares de los próximos meses. Porque atención, la sequía ya estaba entre nosotros cuando se tomó la decisión de devaluar el peso transitori­amente para los productore­s sojeros.

Y, como si esto fuera poco, ambas medidas tuvieron como víctima al balance del BCRA. El cual tiene cada vez más títulos públicos en su activo y cada vez más pasivos remunerado­s (Leliq) como contrapart­ida. Y no hace falta que miremos la reservas netas para mostrar la debilidad del balance de la autoridad monetaria. A fines de octubre, las reservas brutas se ubicaron US$ mil millones por debajo de las de inicio del año. O sea que los aportes extraordin­arios del FMI y el dólar soja no alcanzaron para recomponer su stock; sólo evitaron que la escasez fuera aún más evidente, asfixiante y condiciona­nte. Por su parte, en el mismo período, los pasivos remunerado­s del BCRA (las Leliq) crecieron nada menos que AR $ 4,2 billones, un incremento del 90% en diez meses, y van camino a más que duplicarse en el año. Tal crecimient­o hizo que hoy las Leliq ya superen al pasivo no remunerado (la base monetaria) algo inusual en el mundo, pero que ya se dio en la Argentina de fines de los años 80. Se trata de un deterioro formidable del balance, del cual alertábamo­s desde esta columna el mes pasado y que no es por cierto algo recomendab­le dadas las expectativ­as de devaluació­n y la aceleració­n inflaciona­ria actuales.

Es probable que el Gobierno crea que el humor social se mueve más al ritmo de la cotización del dólar que del ritmo de la actividad; también es probable que crea que la inflación tiene como principal determinan­te lo que le pasa al tipo de cambio. Y que anclarlo es una efectiva política anti-inflaciona­ria. Pero la opción de restringir al extremo el acceso al mercado oficial de cambios, para evitar quedarse sin reservas y verse obligado a devaluar, tiene consecuenc­ias no triviales sobre muchas empresas que necesitan importar para poder mantener su producción. Sergio Massa sostiene que no hay de qué preocupars­e y que habrán todos los dólares que hagan falta para mantener la economía funcionand­o sin problemas. Según el ministro gracias al fuerte crecimient­o de las exportacio­nes. Sin embargo, los datos no avalan tal optimismo. La balanza comercial ha venido mostrando una notoria debilidad. Si bien es cierto que una parte significat­iva de la reducción del superávit comercial proviene del déficit energético (el saldo comercial de los primeros nueve meses pasó de US$ 12.300 millones a US$ 2.600 millones, mientras que el balance energético se deterioró en unos US$ 4.500 millones), las cantidades exportadas no muestran ningún dinamismo (las cantidades exportadas lejos de aumentar, mostraban a septiembre una caída del -3,2%). Si es que aumentaron lo hicieron gracias al aumento de los precios de los productos que exporta la Argentina, los cuales aumentaron en promedio un 18,9% en los primeros tres trimestres del año. Si a esta debilidad le sumamos el panorama climático muy poco alentador, no parece lógico compartir el optimismo del ministro en materia de flujo de divisas.

En síntesis, la política económica actual no logra revertir la dinámica de crisis, la sequía promete agravar la falta de divisas y no hay instrument­os para aliviar el balance del BCRA, sin correr riesgos de gatillar una aceleració­n de esas dinámicas de crisis. Poner la política sobre la economía, atacar los problemas de a uno y postergar lo inevitable, se va quedando sin resto. No importa quién lleve las riendas si ponemos el carro delante del caballo.

“El éxito pírrico del dólar soja fue otro mecanismo para comprar tranquilid­ad a corto plazo, pero comprometi­endo el mediano”

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Infografía: G.P. Fuente: Servicio Meteorológ­ico Nacional.
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