“DES­DE QUE SU­PERE UN CANCER MAS QUE NUN­CA CREO EN DIOS”

Pronto - - Juegos - Ni­co­lás Pe­ral­ta Fotos: Pa­blo Gon­zá­lez

Due­ño de una vas­ta tra­yec­to­ria ac­to­ral, Fa­bio As­te (49) tie­ne un pro­lí­fi­co re­co­rri­do tan­to en te­le­vi­sión co­mo en tea­tro y ci­ne. Ac­tual­men­te, es­tá gra­ban­do la no­ve­la Millenials, con in­mi­nen­te de­but en el nue­vo ca­nal de aire Net TV y for­ma par­te de la exi­to­sa obra ¿Qué ha­ce­mos con Walter?, de Juan Jo­sé Cam­pa­ne­lla, que se pre­sen­ta en el Mul­ti­tea­tro y que es­tá en­tre las 5 más vis­tas de la car­te­le­ra por­te­ña. En la pie­za, Fa­bio com­po­ne a Walter y a su her­ma­na pa­ra­gua­ya y su no­ta­ble do­ble tra­ba­jo fue bien re­ci­bi­do por los miem­bros de ACE, que lo pre­mia­ron en el ru­bro Ac­tor y ac­triz de re­par­to en dra­ma, co­me­dia dra­má­ti­ca y co­me­dia, en don­de com­pe­tía con ar­tis­tas co­mo So­le­dad Sil­vey­ra, Mar­tín Sli­pak, Cu­tu­li, Ma­ría Zu­bi­ri y Gaby Fe­rre­ro. “El ACE me pu­so muy fe­liz y sien­to que es la co­ro­na­ción al es­fuer­zo, al tra­ba­jo, la pa­sión. Es la fru­ti­lli­ta de la tor­ta de un año en el que la ven­go pa­sa­do de pu­tama­dre”, re­fle­xio­na. “Cuan­do me en­te­ré que Cam­pa­ne­lla es­ta­ba bus­can­do el ac­tor pa­ra es­te do­ble per­so­na­je, me pre­sen­té al cas­ting y sa­bía que iba a ser pa­ra mí”, se en­tu­sias­ma. -¿Por qué lo sabías?

-No sé, lo in­tuí. Hi­ce el cas­ting di­rec­to con Cam­pa­ne­lla, con quien ha­bía tra­ba­ja­do en En­tre ca­ní­ba­les pe­ro ha­bía­mos te­ni­do po­co víncu­lo por­que en el tiem­po que es­tu­ve no me ha­bía di­ri­gi­do él sino otros di­rec­to­res. Lo­gré ha­cer el cas­ting, que­dé y to­do el pro­ce­so de los en­sa­yos fue un es­pa­cio de pla­cer y jue­go pa­ra mí. Sa­lir to­das las no­ches al es­ce­na­rio es una fies­ta.

-¿Qué hi­cis­te con el pre­mio? ¿Te­nés mu­chos?

-Es mi pri­mer ACE, tan­to de no­mi­na­ción co­mo de pre­mio en la mano y lo de­jé en ca­sa arri­ba de una re­pi­sa. Sen­tí un pro­fun­do y ge­nuino ca­ri­ño de mu­chos co­le­gas de to­da la vi­da, ac­to­res, pro­duc­to­res, di­rec­to­res y pe­rio­dis­tas, en quie­nes sen­tí que se po­nían con­ten­tos de ver­dad con mi pre­mio. Ese aplau­so ge­nuino, en es­te me­dio que es tan com­pe­ti­ti­vo, fue el me­jor re­co­no­ci­mien­to. Apar­te del ACE, no ten­go mu­chos otros pre­mios: ha­ce unos años fui no­mi­na­do por la pe­lí­cu­la Ve­re­da tro­pi­cal pa­ra el Cón­dor pe­ro no lo ga­né. So­lo ten­go dos es­ta­tui­llas.

-¿Cuá­les?

-El Pre­mio Cen­ti­ne­la del Fes­ti­val de Ci­ne de Ita­tí, cu­ya pre­si­den­ta era Gra­cie­la Bor­ges, por la pe­lí­cu­la Ne­var en Bue­nos Aires y por Ve­re­da Tro­pi­cal me lle­vé el pre­mio al me­jor ac­tor la­ti­noa­me­ri­cano en el Fes­ti­val de Ci­ne de Gra­ma­do, Bra­sil, ga­lar­dón que el año an­te­rior se ha­bía ga­na­do Ja­vier Bar­dem. Mar­tín

Fie­rro no ten­go; nun­ca fui si­quie­ra no­mi­na­do.

-¿Sen­tís un nin­gu­neo?

-No, pa­ra na­da. Soy un ti­po muy agra­de­ci­do y cuan­do uno es agra­de­ci­do, la vi­da te de­vuel­ve. No me pue­do que­jar por­que ven­go la­bu­ran­do de lo que amo ha­ce ca­si 30 años de ma­ne­ra inin­te­rrum­pi­da ha­cien­do tea­tro o ci­ne o te­le o va­rias co­sas a la vez. En­tien­do que por el ca­mino re­co­rri­do, hay cier­tos reconocimientos que de­be­ría ha­ber te­ni­do an­tes pe­ro las co­sas lle­gan cuan­do tie­nen que lle­gar. Es­te ACE es un mi­mo que me lo de­bía a mí mis­mo, me en­can­tó y lo ce­le­bro co­mo si me lo hu­bie­ran da­do a los 20 años. Soy un ti­po agra­de­ci­do y no re­sen­ti­do. -¿Te­nés ami­gos en el me­dio?

-Po­cos. Valeria Lor­ca y Os­car Fe­rrigno son mis gran­des ami­gos de la pro­fe­sión. Na­ta­lia Orei­ro es otra ami­ga a la que quie­ro mu­cho aun­que no la vea tan fre­cuen­te­men­te. Te po­dría ce­rrar la lis­ta con Carolina Pa­pa­leo, Mi­mí Ar­dú y Héc­tor Segura, con quien hi­ce en Te­le­fe Los Crea­do­res. Cuan­do nos jun­ta­mos es una fies­ta y sé que hay ale­gría mu­tua de los logros de ca­da uno.

-¿Es­tás gra­ban­do una nue­va no­ve­la? -Sí: Millenials, que es la apuesta de fic­ción del nue­vo ca­nal de aire, Net TV. Ha­bla de esta nue­va ge­ne­ra­ción, que no es ni me­jor ni peor que las otras pe­ro que tie­ne un chip y va­lo­res di­fe­ren­tes. En la ti­ra soy Oc­ta­vio, el pa­pá pen­de­vie­jo de Ni­co Rie­ra, muy irres­pon­sa­ble, co­rrup­to, ven­dehu­mo y que tie­ne una re­la­ción de com­pin­che con el hi­jo. Has­ta que en un mo­men­to se da cuen­ta de que las ca­gadas que se man­da, po­nen en ries­go la vi­da e in­te­gri­dad de su hi­jo.

-¿Qué va­lor tie­ne el di­ne­ro en tu vi­da? -Es un me­dio sú­per ne­ce­sa­rio pa­ra con­se­guir mu­chas co­sas que me dan pla­cer, co­mo co­mer, via­jar, vi­vir bien, vestirme. No soy de­rro­chón pe­ro tam­po­co ama­rre­te: cuan­do ten­go di­ne­ro, lo gasto y me doy mis gus­tos.

-¿Y la sa­lud?

-Es lo más im­por­tan­te que te­ne­mos. Sin sa­lud no hay éxi­to ni di­ne­ro ni vi­da; ¡no hay na­da! Y te lo di­go con co­no­ci­mien­to de cau­sa por­que en 2007 tu­ve una si­tua­ción com­pli­ca­da, en la que me sa­ca­ron un ri­ñón por cán­cer. Ten­go so­lo el ri­ñón de­re­cho. -¿Có­mo lo de­tec­tas­te?

-Es la pri­me­ra vez que lo cuen­to pú­bli­ca­men­te. Es­ta­ba ha­cien­do la ti­ra La ley del amor en Te­le­fe, con So­li­ta Sil­vey­ra y Raúl Tai­bo, en don­de te­nía dos per­so­na­jes. De re­pen­te, tu­ve un có­li­co re­nal. Sen­tía unos do­lo­res tre­men­dos, que di­ce son si­mi­la­res a los de un par­to, y me fui a ha­cer ver. Me di­je­ron que no te­nía na­da en el ri­ñón de­re­cho y so­lo un quis­te­ci­to en el iz­quier­do. “Ha­cé­te­lo ver

con tiem­po pe­ro no es na­da gra­ve”, me co­men­tó el doc­tor. Le lle­vé a la eco­gra­fía a mi her­ma­na, No­ra, que es mé­di­ca, y ella en­se­gui­da se dio cuen­ta de que era un tu­mor.

-¿Y qué pa­só?

-Soy muy cre­yen­te, creo en Dios y mi her­ma­na me di­jo: “Yo soy ag­nós­ti­ca pe­ro vos seguí cre­yen­do en Dios que es­to se­gu­ro fue un avi­so”. No te­nía por qué do­ler­me ni te­ner ese có­li­co en el ri­ñón de­re­cho y gra­cias a eso en­con­tra­mos a tiem­po el tu­mor en el iz­quier­do. Me lo sa­qué en el Hospital de Clí­ni­cas y aun­que no tu­ve nin­gu­na com­pli­ca­ción, re­co­noz­co que sen­tí mu­cho mie­do cuan­do me die­ron el diag­nós­ti­co.

-¿Tu her­ma­na te lo dio?

-No, un co­le­ga su­yo. Ella es­ta­ba a mi la­do. Cuan­do es­cu­ché la pa­la­bra cán­cer, se me ba­jó la pre­sión, se me aflo­ja­ron las pier­nas y ca­si me des­ma­yé. Pen­sé en la muer­te di­rec­to. A los 15 días me ope­ré y no tu­ve que ha­cer qui­mio­te­ra­pia ni na­da por­que el tu­mor es­ta­ba en­cap­su­la­do, no ge­ne­ró me­tás­ta­sis y se fue to­do con el ri­ñón iz­quier­do cuan­do me lo sa­ca­ron. No tu­ve nin­gu­na con­se­cuen­cia a fu­tu­ro. Pa­sa­ron 11 años y no me que­dó na­da ma­lo. A los po­cos días, es­ta­ba en Te­le­fe ha­cien­do Te­le­vi­sión por la iden­ti­dad, co­mo si no hu­bie­ra pa­sa­do na­da.

-¿Te cui­dás?

-Lo úni­co que ten­go que ha­cer es tomar mu­cha agua y tra­tar de co­mer con po­ca sal. Na­da más que eso. Vi­da nor­mal y ya. Siem­pre creí en Dios y des­pués de ese epi­so­dio, más que nun­ca. El fue el que me sal­vó, es­toy con­ven­ci­do y eso re­for­zó mi fe.

-¿Con quién vi­vís?

-Con mi pa­re­ja. Ha­blo po­co de mi vi­da pri­va­da y no es al­go que quie­ra re­ve­lar de­ma­sia­do pe­ro te pue­do de­cir que es­toy fe­liz­men­te en pa­re­ja ha­ce 11 años. Es al­go que pre­ser­vo mu­cho, aun­que tam­bién te pue­do con­fe­sar que creo en el po­li­amor y la pa­re­ja abier­ta.

-¿En se­rio?

-Sí. Es­ta­mos jun­tos ha­ce 11 años y ha­ce 7 di­ji­mos: “No po­de­mos pre­ten­der que el otro só­lo ten­ga re­la­cio­nes con uno to­da la vi­da; abra­mos el jue­go”. Un chip cam­bió den­tro de mí por­que eso le­jos de po­ner en ries­go el víncu­lo, lo for­ta­le­ció mu­cho más. Si­go eli­gien­do a mi pa­re­ja to­dos los días de una ma­ne­ra mu­cho más cons­cien­te que an­tes y ten­go la li­ber­tad de po­der ti­rar­me una ca­ña al aire con quien quie­ra. Eso ha­ce que la in­fi­de­li­dad ten­ga un pe­so mu­cho me­nor que el que tie­ne cul­tu­ral­men­te en ge­ne­ral.

-¿Lo ha­blan en­tre us­te­des?

-No, no nos con­ta­mos si es­ta­mos con al­guien. Pe­ro sa­be­mos que eso exis­te. Yo no me en­te­ro si mi pa­re­ja se acues­ta con al­guien. Nun­ca fui ce­lo­so ni po­se­si­vo y mu­cho me­nos de ha­cer es­ce­nas. Pe­ro sí era in­se­gu­ro y con los años he lo­gra­do for­ta­le­cer mi au­to­es­ti­ma un mon­tón. Qui­zás sue­na so­ber­bio pe­ro sé que co­mo yo no va a ha­ber otro y que no me van a cam­biar por otro ti­po. Te­ne­mos un víncu­lo cons­trui­do muy fuer­te y en­ton­ces me que­do tran­qui­lo.

-¿Tu pa­re­ja tie­ne hi­jos?

-Sí, tie­ne un hi­jo al que co­noz­co des­de sus 8 años y a quien con­si­de­ro mi fa­mi­lia. Hoy tie­ne 21 años y nos que­re­mos mu­cho. No soy pa­dre bio­ló­gi­co y aun­que ten­go en cla­ro que no soy su pa­dre, lo quie­ro co­mo si lo fue­ra.

-Fuis­te pre­cur­sor a Flo­ren­cia Pe­ña, que pu­so el po­li­amor en el ta­pe­te. -Po­ne­le. Pe­ro no me pa­re­ce un va­lor pa­ra pre­go­nar y no me jac­to de te­ner esa prác­ti­ca. No es fre­cuen­te ni in­fre­cuen­te; su­ce­de. Lo bueno del po­li­amor es que no se da so­lo los fi­nes de se­ma­na, cuan­do me que­do so­lo y pue­de lle­gar el mo­men­to de la tram­pa. Siem­pre exis­te la po­si­bi­li­dad por­que la pa­re­ja es abier­ta y es básico el res­pe­to mu­tuo. No cai­go a las 3 de la ma­ña­na sin avi­sar y si lo voy a ha­cer, ar­mo un con­tex­to pa­ra que no que­de so­lo que me fui a cur­tir por ahí. En lo po­si­ble no hay que enamo­rar­se pe­ro eso tam­po­co se pue­de ma­ne­jar. -¿Te pa­só?

-No, nun­ca. A mi pa­re­ja tam­po­co y por eso nos se­gui­mos eli­gien­do. Cuan­do la es­cu­ché a Flo­ren­cia ha­blan­do del po­li­amor, le di la de­re­cha y me pa­re­ció bue­ní­si­mo pe­ro creo que la so­cie­dad to­da­vía no es­tá pre­pa­ra­da pa­ra ava­lar es­to. No me gus­ta­ría co­no­cer otra his­to­ria de mi pa­re­ja por­que ojos que no ven, co­ra­zón que no sien­te. Pe­ro sé que su­ce­de y lo en­tien­do.

-¿Qué no acep­ta­rías?

-Una ca­ma de a tres. Eso no lo com­par­to por va­rias ra­zo­nes. Pri­me­ro por­que no me gus­ta ver a mi pa­re­ja con otra per­so­na. Se­gun­do por­que si ten­go una his­to­ria ex­tra, la quie­ro te­ner pa­ra mí so­lo y no com­par­tir­la con mi pa­re­ja. Y ter­ce­ro por­que no me gus­ta que­dar afue­ra de na­da y siem­pre en los tríos hay un mo­men­to en el que al­guien se que­da afue­ra. Tie­ne que ver más con una cues­tión de ego que se­xual.

“ACEP­TO EL PO­LI­AMOR, PE­RO NO UNA CA­MA DE TRES”

Por pri­me­ra vez el ac­tor, que aca­ba de ga­nar un pre­mio ACE por su do­ble pa­pel en Qué ha­ce­mos con Walter?, se ani­mó a con­tar que en 2007 mien­tras gra­ba­ba La ley del amor pa­ra Te­le­fe, le de­tec­ta­ron un cán­cer de ri­ñón. “Pen­sé en la muer­te di­rec­to. A los 15 días me ope­ré y co­mo el tu­mor es­ta­ba en­cap­su­la­do, no ge­ne­ró me­tás­ta­sis y se fue to­do con el ri­ñón iz­quier­do cuan­do me lo sa­ca­ron”, cuen­ta

Se­cre­tos y con­fe­sio­nesEs­tá en pa­re­ja ha­ce 11años pe­ro no quie­re dar detalles, aun­que sí la des­cri­be co­mo “unapa­re­ja abier­ta”.

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