DES­DE QUE NO “ EN­TRENO CON PESAS MI CUER­PO SE ESTILIZO”

Pronto - - Juegos - Agra­de­ci­mien­tos: Bé­sa­me by Paola Mi­ran­da Be­lén Ca­no­ni­co Fotos: Ga­briel Ma­cha­do, gen­ti­le­za Tommy Pash­kus Agen­cia

La ecua­to­ria­na Paola Mi­ran­da (37) su­po abrir­se ca­mino en el mun­do del es­pec­tácu­lo de nues­tro país. Se lu­ció co­mo ve­det­te y can­tan­te de la mano de Car­men Bar­bie­ri y de San­tia­go Bal, par­ti­ci­pó del Bai­lan­do y pro­ta­go­ni­zó re­cor­da­dos cru­ces con sus co­le­gas. Sin em­bar­go, en el úl­ti­mo tiem­po la sexy mo­ro­cha de­ci­dió ba­jar el per­fil y en­ca­rar nue­vos pro­yec­tos pro­fe­sio­na­les: aca­ba de ro­dar una pe­lí­cu­la en Holly­wood y, co­mo si eso fue­ra po­co, lan­za Bé­sa­me, su mar­ca de len­ce­ría. “Siem­pre me gus­tó el mun­do de la mo­da. Era una pro­yec­to pen- dien­te sa­car mi pro­pia lí­nea”, cuen­ta en­tu­sias­ma­da en una char­la ín­ti­ma con Pron­to. -Te­nías es­con­di­da es­ta fa­ce­ta fas­hio­nis­ta.

-Sí, pe­ro es al­go que es­tu­vo siem­pre en mí. Ima­gi­na­te que a los 14 años em­pe­cé a tra­ba­jar co­mo mo­de­lo y a los 17 ya te­nía mi primer em­pren­di­mien­to: un lo­cal de ro­pa de mu­jer. Y me fue muy bien. A los 20 años, co­mo no me gus­ta­ba có­mo se ma­ne­ja­ban las agencias de mo­de­los, que pa­ga­ban cuan­do se les da­ba la ga­na, abrí una. Em­pe­cé a re­pre­sen­tar a mis ami­gas y to­do lo que ga­na­ba, lo in­ver­tía en mi tien­da.

-¿Cuán­do em­pe­zas­te a di­se­ñar?

-Siem­pre me ha gus­ta­do. Mi ma­má apren­dió a co­ser na­tu­ral­men­te y me acuer­do que cuan­do era chi­qui­ta me sen­ta­ba al la­do su­yo pa­ra ver có­mo lo ha­cía. Tam­bién di­se­ña­ba za­pa­tos y la ro­pa de las mu­ñe­cas. Por eso en el se­cun­da­rio es­tu­dié di­se­ño de mo­das. No soy una im­pro­vi­sa­da en el te­ma pe­ro es la pri­me­ra vez que me lan­zo con un pro­yec­to co­mo es­te. Sien­to que ten­go la ma­du­rez y la ex­pe­rien­cia ne­ce­sa­ria. Es­toy más plan­ta­da y ca­pa­ci­ta­da. -¿Por qué ele­gis­te in­cur­sio­nar en el mun­do de la len­ce­ría?

-Por­que me en­can­ta. La pri­me­ra vez que vi los con­jun­tos de Vic­to­ria’s Se­cret en­lo­que­cí y desea­ba ha­cer al­go de ese es­ti­lo. Me en­can­ta em­be­lle­cer a la mu­jer, re­sal­tar sus ras­gos na­tu­ra­les, sus cur­vas, su be­lle­za. Por eso mi lí­nea es pa­ra to­do ti­po de es­ti­lo y de cuer­po, que sean ac­ce­si­bles pa­ra to­dos. Más ade­lan­te es­pe­ro sa­car mi lí­nea de ma­qui­lla­jes y de in­du­men­ta­ria. -Ve­nís del tea­tro de re­vis­ta, don­de te mos­trás con po­ca ro­pa y eso a ve­ces no le cae bien al pú­bli­co fe­me­nino, ¿Có­mo te lle­vás con las mu­je­res?

-Mi ca­so es muy lin­do por­que a la sa­li­da del tea­tro siem­pre se me han acer­ca­do mu­chas mu­je­res. Al­gu­nas vie­nen so­las y otras con sus pa­re­jas pa­ra de­cir­me: “Mi ma­ri­do te ado­ra”. No les ge­ne­ro ce­los y pa­ra mí es muy im­por­tan­te por­que no quie­ro ven­der esa ima­gen. Soy una gran ad­mi­ra­do­ra de la mu­jer y ja­más ha­ría al­go que las hi­cie­ra sen­tir in­có­mo­das con­mi­go. -¿Cuál es tu re­la­ción con tu cuer­po? ¿Te cui­dás mu­cho?

-Siem­pre fui de en­tre­nar con pesas pe­ro co­mo no ten­go mu­cho tiem­po, aho­ra no es­toy ha­cien­do na­da. Pa­re­ce men­ti­ra, pe­ro sien­to que aho­ra que es­toy más tran­qui­la mi cuer­po se es­ti­li­zó. Tam­bién cam­bié la ali­men­ta­ción e hi­ce un gran tra­ba­jo es­pi­ri­tual por den­tro. Eso es muy im­por­tan­te pa­ra es­tar bien en to­dos los ór­de­nes de la vi­da.

-¿Ha­cés te­ra­pia?

-No, nun­ca hi­ce. Yo soy muy ana­lí­ti­ca: re­co­noz­co mis pro­ble­mas, fa­len­cias y vir­tu­des y tra­to de tra­ba­jar to­do lo que no me gus­ta. Mi te­ra­pia es ir a la igle­sia, soy una mu­jer de mu­cha fe. Eso me man­tie­ne siem­pre en pie. No soy re­li­gio­sa pe­ro me co­noz­co bien y sé exac­ta­men­te lo que quie­ro. -De he­cho se no­ta que ba­jas­te un cam­bio en re­la­ción a lo me­diá­ti­co. An­tes es­ta­bas mu­cho más ex­pues­ta. -Sí, cual­quier pe­lea me ve­nía bien (se ríe). Pe­ro me di cuen­ta de que ya no es­ta­ba ha­cien­do lo que que­ría, que los escándalos no me lle­va­ban a na­da.

-¿Te re­sul­tó di­fí­cil ale­jar­te? -Sí, has­ta que me ani­mé. Cuan­do me vi des­de afue­ra, co­mo es­pec­ta­do­ra, no me gus­té na­da.

-¿Por eso no es­tás ha­cien­do tea­tro de re­vis­ta?

-No, es por­que no ten­go mu­cho tiem­po y cuan­do ha­cés tea­tro no só­lo te­nés que es­tar en las fun­cio­nes, sino es­tar dis­po­ni­ble pa­ra dar no­tas, ir a even­tos y hoy por hoy se me com­pli­ca. Tu­ve pro­pues­tas y su­pon­go que en unos me­ses voy a po­der re­to­mar. Es­toy a full con mi lí­nea de ro­pa y un pro­yec­to mu­si­cal gran­dí­si­mo: es­toy gra­ban­do dos dis­cos en Los An­ge­les. Ade­más, es­tu­dio en la aca­de­mia Nue­va York Film pa­ra po­der se­guir ha­cien­do ci­ne: no pa­ro de for­mar­me y de ha­cer cas­tings.

-El año pa­sa­do par­ti­ci­pas­te en Va­le ma­dre, una co­me­dia en la que in­ter­pre­tás a una guar­daes­pal­das, ¿có­mo fue esa ex­pe­rien­cia?

-Fue al­go ma­ra­vi­llo­so. Com­par­tí el ro­da­je con ac­to­res muy re­co­no­ci­dos co­mo Héc-

“ES­TU­DIO CI­NE EN UNA ACA­DE­MIA DE NUE­VA

YORK”

tor Eche­ve­rría y Danny Tre­jo. La pe­lí­cu­la to­da­vía se es­tá fil­man­do y aún no tie­ne fe­cha de es­treno, pe­ro su­pon­go que en cual­quier mo­men­to la van a po­der ver. Mi per­so­na­je es bas­tan­te dra­má­ti­co, por­que por un la­do es la guar­daes­pal­da de uno de los ma­lean­tes de la pe­lí­cu­la, pe­ro tam­bién tie­ne un cos­ta­do más tris­te por­que tie­ne que es­tar le­jos de su hi­ja. Por más que no ten­ga pun­tos en co­mún con mi vi­da, me con­mo­vió mu­cho. Ade­más, me en­can­tó sa­lir del pa­pel de la chi­ca sexy, mos­trar­me más ver­sá­til. -¿Te ins­ta­las­te en Es­ta­dos Uni­dos?

-No, yo vi­vo en Ar­gen­ti­na, pe­ro es­toy to­do el tiem­po yen­do y vi­nien­do se­gún mis pro­yec­tos.

-Cam­bie­mos de te­ma, ¿se­guís te­nien­do re­la­ción con Car­men Bar­bie­ri?

-Sí, nos que­re­mos mu­cho. De he­cho, es­tu­vi­mos jun­tas en Los An­ge­les cuan­do Fe­de Bal pre­sen­tó Rum­bo al mar, la pe­lí­cu­la que hi­zo jun­to a San­tia­go. Te­ne­mos una ex­ce­len­te re­la­ción y nos ha pa­sa­do va­rias ve­ces de coin­ci­dir en via­jes, así que com­par­ti­mos mu­chas co­sas.

-¿Y con San­tia­go Bal có­mo que­dó tu re­la­ción? Du­ran­te mu­cho tiem­po fuis­te su pre­fe­ri­da, pe­ro en el úl­ti­mo ve­rano di­jo que no vol­ve­ría a tra­ba­jar con vos y te til­dó de “po­co pro­fe­sio­nal”.

-Sí, pa­ra mí fue muy do­lo­ro­so to­do lo que di­jo San­tia­go. En la úl­ti­ma tem­po­ra­da ter­mi­nó to­do mal y no en­ten­dí to­do lo que pa­só, pe­ro quie­ro creer que fue por una cues­tión del jue­go me­diá­ti­co, na­da per­so­nal. Yo lo per­do­né, por­que no me gus­ta que­dar­me en­gan­cha­da con las co­sas que me due­len. San­tia­go pa­ra mí fue un maes­tro y le ten­go un pro­fun­do res­pe­to. Ade­más vi la pe­lí­cu­la que hi­zo con Fe­de y me en­can­tó su tra­ba­jo.

-La úl­ti­ma: ¿es­tás en pa­re­ja?

-Es­toy muy bien. No quie­ro ser gro­se­ra ni an­ti­pá­ti­ca, pe­ro pre­fie­ro re­ser­var mi vi­da per­so­nal. Tan­to a mi pa­re­ja co­mo a mi hi­ja (Do­mé­ni­ca, 17 años). Sé que yo soy la que es­tá ex­pues­ta y no ten­go por qué ha­cer lo mis­mo con la vi­da de los de­más. Pe­ro te ase­gu­ro que es­toy com­ple­ta: ten­go to­do lo que bus­ca­ba te­ner.

Vi­ve en­tre la Ar­gen­ti­na y Es­ta­dos Uni­dos, don­de ac­tuó en una pe­lí­cu­la, y aca­ba de lan­zar su pro­pia lí­nea de len­ce­ría. En pa­re­ja y con una hi­ja de 17 años, la ac­triz, ve­det­te y can­tan­te re­co­no­ce que es­tá bien en to­dos los ór­de­nes de la vi­da

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