“No se le pue­de ha­blar de igual­dad a quien co­me de la ba­su­ra”

May­ra Are­na, con­fe­ren­cis­ta

Río Negro - Pulso - - Entrevista - DIE­GO PENIZZOTTO die­go­pe­niz­zot­[email protected]­ne­gro.com.ar

Pro­pio de los tiem­pos de re­des so­cia­les, las his­to­rias se viralizan con ra­pi­dez. Una de esas his­to­rias es la de May­ra Are­na. Anó­ni­ma has­ta ha­ce un par de me­ses, su nom­bre se hi­zo co­no­ci­do tras brin­dar una char­la TED ti­tu­la­da “Qué tie­nen los po­bres en la cabeza”. Su re­la­to vi­ven­cial hi­zo que sus pa­la­bras re­sue­nen en di­fe­ren­tes ám­bi­tos y la con­vier­tan en la por­ta­do­ra de la voz de los más pos­ter­ga­dos.

PRE­GUN­TA- ¿Có­mo ves hoy la reali­dad del país?

RES­PUES­TA- Bueno, ha­cía mu­cho no lo veía tan mal. Son mo­men­tos en los que la cla­se me­dia de­ja de con­su­mir. Eso im­pli­ca me­nos ba­su­ra pa­ra re­ci­clar, me­nos chan­gas, por­que no se cor­ta el pas­to o no se le­van­ta la me­dia­ne­ra. Al co­me­dor del ba­rrio siem­pre van los niños. Cuan­do em­pie­za la cri­sis, van los niños con la ma­má. Pe­ro en mo­men­tos co­mo es­tos, va to­da la fa­mi­lia, por­que el pa­pá es­tá de­socu­pa­do.

P- ¿Sir­ve la Asig­na­ción por Hi­jo co­mo so­por­te par­cial?

R- Son con­sue­los emo­cio­na­les pa­ra que la cri­sis no es­ta­lle. En aque­llo que es sig­ni­fi­ca­ti­vo, la Asig­na­ción no re­pre­sen­ta na­da.

P- ¿Cuá­les son los ac­to­res que con­tie­nen en los ba­rrios?

R- En la ne­ce­si­dad he­mos ma­du­ra­do mu­cho co­mo so­cie­dad. Hay mu­chas ONG, que man­tie­nen un mix de par­ti­cu­la­res que do­nan y pri­va­dos que co­la­bo­ran, y las igle­sias que si­guen cum­plien­do un rol so­cial fuer­tí­si­mo en Ar­gen­ti­na. Los mu­ni­ci­pios, siem­pre es­tán tam­bién.

P- ¿Es po­si­ble sa­lir de la po­bre- za?

R- Es muy di­fí­cil. Mi ca­so fue muy ex­cep­cio­nal. Tu­ve mu­chos ve­ci­nos que me ayu­da­ron y fue­ron so­li­da­rios. Creo que esa es una clave, los la­zos co­mu­ni­ta­rios. Que van más allá de la edu­ca­ción o la ayu­da. Tie­ne que ver con có­mo te tra­ta la so­cie­dad. Si la so­cie­dad cree que po­des sa­lir, sa­lís. Pe­ro la so­cie­dad de hoy, en ge­ne­ral es­pe­ra muy po­co de los po­bres.

P- ¿Re­vir­tien­do esa per­cep­ción so­cial ne­ga­ti­va se pue­de cam­biar la ecua­ción?

R- Es pre­ci­sa­men­te eso, una ecua­ción. En una ecua­ción siem­pre hay dos par­tes. Es cier­to que por un la­do es ne­ce­sa­rio un click per­so­nal pa­ra pla­ni­fi­car el fu­tu­ro y bus­car las opor­tu­ni­da­des, y por ello ne­ce­si­ta­mos edu­car. Pe­ro por otra par­te es ne­ce­sa­rio que la so­cie­dad ge­ne­re esas opor­tu­ni­da­des. Y no ha­blo so­lo del Es­ta­do. Una so­cie­dad que ge­ne­re tra­ba­jo pa­ra el pi­be con an­te­ce­den­tes o pa­ra la ma­má con hi­jos, don­de ha­ya más guar­de­rías, pa­ra que las ma­más pue­dan tra­ba­jar.

P- ¿Las mu­je­res tie­nen me­nos po­si­bi­li­da­des de tra­ba­jar?

R- En la cla­se ba­ja el cui­da­do de los niños siem­pre re­cae en las mu­je­res. A la fal­ta de opor­tu­ni­da­des por el es­ca­so ca­pi­tal hu­mano, en el ca­so de las mu­je­res se su­man los hi­jos, el ho­gar y los en­fer­mos co­mo ta­rea.

P- ¿Qué fue lo que en tu ca­so pro­du­jo el click?

R- El pri­mer click fue de ni­ña, cuan­do vi que mis ve­ci­nos co­mían al me­dio día, y tam­bién co­mían a la no­che. Yo a la no­che siem­pre te­nía ham­bre, y co­mer a la no­che me pa­re­cía el fu­tu­ro más so­ña­do. Eso me hi­zo pen­sar en que te­nía ga­nas de de­ci­dir cuan­do co­mer, co­mer cuan­do tu­vie­ra ham­bre, y co­mer lo que yo que­ría co­mer. Pe­ro fue la lle­ga­da de mi hi­jo lo que me ter­mi­nó de mo­vi­li­zar. La ma­ter­ni­dad es al­go muy fuer­te en la cla­se ba­ja, por­que nues­tros hi­jos son todo lo que te­ne­mos.

P- ¿Qué rol le asig­nás a la es­cue­la pu­bli­ca?

R- Es la pri­me­ra y úni­ca con­ten­ción de los chi­cos. Pe­ro a la vez creo que es ne­ce­sa­ria una re­for­ma edu­ca­ti­va que nos pre­pa­re pa­ra sa­lir a la vi­da del Si­glo XXI. La es­cue­la de­be es­tar em­pa­pa­da de la reali­dad de los chi­cos. De na­da sir­ve ha­blar­le a un chi­co de igual­dad, si el chi­co co­me de la ba­su­ra. O ha­blar­le de igual­dad, si lo úni­co que el chi­co co­no­ce es la vi­lla. Y no ha­blo so­lo de edu­ca­ción en so­li­da­ri­dad o va­lo­res. Ha­blo de edu­ca­ción fi­nan­cie­ra y tec­no­ló­gi­ca. He­rra­mien­tas pa­ra en­trar al ca­pi­ta­lis­mo.

P- ¿Qué es lo pri­me­ro que cam­bia­rías so­cial­men­te?

R- Creo que hay que lo­grar sa­tis­fa­cer las ne­ce­si­da­des bá­si­cas de to­dos. Eso per­mi­te que las per­so­nas se pue­dan so­ñar de otra ma­ne­ra. Si es­tás so­ñan­do con una ce­na, no te­nés tiem­po de so­ñar­te mé­di­ca o maes­tra.

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