5 RA­ZO­NES PA­RA ELE­GIR LAS GRU­TAS

LA ME­JOR PLA­YA DE LA AR­GEN­TI­NA

Río Negro - Voy - - Voy + La Costa -

•Una pres­ti­gio­sa agen­cia de via­jes (Fligh­tNet­work) reali­zó una en­cues­ta en la que las pla­yas de Las Gru­tas re­sul­ta­ron ele­gi­das co­mo las me­jo­res del país y ocu­pa­ron el pues­to 33 con res­pec­to a la ofer­ta na­tu­ral ofre­ci­da en to­da Su­da­mé­ri­ca. ¿Pe­ro que vuel­ve tan es­pe­cia­les es­tos rin­co­nes de la cos­ta rio­ne­gri­na? Descubrimos 5 ra­zo­nes que ha­cen que, los que las co­no­cen, se des­lum­bren y quie­ran re­gre­sar. Aquí van:

•1. Trans­pa­ren­cia del agua. El co­lor cris­ta­lino de las aguas, que pue­de vi­rar de un ver­de es­me­ral­da a un azul pro­fun­do se­gún el cli­ma y las zo­nas que se vi­si­ten, es uno de los prin­ci­pa­les atrac­ti­vos. El le­cho de are­na o la res­tin­ga (la su­per­fi­cie ro­co­sa que cons­ti­tu­ye el fon­do) es vi­si­ble cuan­do uno se su­mer­ge en ellas, pa­ra dis­fru­tar de la fres­cu­ra de un cha­pu­zón.

•2. Gran can­ti­dad de ho­ras de luz. Has­ta bien en­tra­das las 21, la jor­na­da si­gue sien­do lu­mi­no­sa, per­mi­tien­do que el día se dis­fru­te a pleno, y la vi­da al ai­re li­bre se ex­tien­da du­ran­te una fran­ja mu­cho más vas­ta que en otros es­pa­cios na­tu­ra­les. Esa ca­rac­te­rís­ti­ca na­tu­ral ha­ce que los ba­ños en el mar, los jue­gos en la are­na y las ca­mi­na­tas por la cos­ta sean “ex­tra lar­ge”. Y que el día pa­rez­ca du­rar más de 24 ho­ras.

•3. Na­tu­ra­le­za vir­gen. No im­por­ta que es­té po­si­cio­na­do co­mo bal­nea­rio tu­rís­ti­co. El lu­gar tie­ne es­pa­cios que pa­re­cen com­ple­ta­men­te agres­tes, y el que lle­ga, tie­ne la sen­sa­ción de ser el pri­me­ro que des­cu­bre ese ám­bi­to. Ya sea por los mé­da­nos si­nuo­sos des­de los que se es­pía el pai­sa­je. O por las pla­yas ale­ja­das del cen­tro que no cuen­tan con el bu­lli­cio de los pa­ra­do­res y per­mi­ten des­co­nec­tar­se. Lo cier­to es que to­do se pres­ta pa­ra po­ner­se en sin­to­nía con la be­lle­za del pai­sa­je. Los lu­ga­res me­nos im­pac­ta­dos por la ofer­ta co­mer­cial es­tán al sur de Las Gru­tas. Tam­bién en los bal­nea­rios de San An­to­nio, la ciu­dad ca­be­ce­ra. O en el Puer­to San An­to­nio Es­te, ubi­ca­do a 65 km del des­tino, por Ru­ta 3.

•4. Avis­ta­je de fau­na ma­ri­na y avi­fau­na. Des­de la cos­ta, o tra­vés de pa­seos em­bar­ca­dos, se pue­de apre­ciar la enor­me di­ver­si­dad de fau­na ma­ri­na y avi­fau­na, que po­seen su há­bi­tat en es­tas pla­yas. Los del­fi­nes co­mu­nes y os­cu­ros, los lo­bos ma­ri­nos de uno y dos pe­los, los pin­güi­nos y la gran can­ti­dad de aves co­mo fla­men­cos y mi­gra­to­rias, en­tre otras, ge­ne­ran mo­men­tos má­gi­cos. Só­lo hay que sa­ber mi­rar. En in­vierno, y has­ta bien en­tra­da la pri­ma­ve­ra, a es­tas es­pe­cies se su­man las ba­lle­nas fran­cas aus­tra­les. Lle­gan pa­ra re­pro­du­cir­se, y se ofre­cen sa­li­das en se­mi­rrí­gi­dos pa­ra te­ner un con­tac­to más di­rec­to con es­tos enor­mes ce­tá­ceos.

• 5. Am­pli­tud de ma­reas. La am­pli­tud de ma­reas, que arro­ja dos plea­ma­res y dos ba­ja­ma­res dia­rias, po­si­bi­li­ta mu­chas co­sas. Una de ellas es que las aguas sean más cá­li­das que en otras pla­yas pa­ta­gó­ni­cas, por­que el ca­lor del le­cho ma­rino se trans­fie­re al mar cuan­do la ma­rea sube. Y otra, que se pue­da re­co­rrer el fon­do ma­rino a pie, en los mo­men­tos en los que el agua se re­ti­ra. Eso pro­du­ce que ca­da bal­nea­rio ten­ga dos pai­sa­jes dis­tin­tos. Es que el en­torno na­tu­ral cam­bia ra­di­cal­men­te cuán­do el mar lo ocu­pa to­do, de­jan­do só­lo una es­tre­cha fran­ja de are­na, o cuan­do la ba­ja­mar se re­gis­tra y mues­tra el ca­pri­cho­so di­se­ño que las pie­dras y las al­gas di­bu­jan en la cos­ta.

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