Po­der con­tar el agua­ce­ro, no las go­tas

Revista Ñ - - EL LARGO MAYO DE 1968 - PHI­LIP­PE ARTIÈRES HIS­TO­RIA­DOR Y DI­REC­TOR DE IN­VES­TI­GA­CIÓN DEL CNRS DE PA­RÍS

No es po­si­ble con­tar Ma­yo del 68. ¿Aca­so el ob­je­to de la His­to­ria es con­tar? ¿Hoy el his­to­ria­dor no se co­lo­ca en otra pos­tu­ra que ya no es con­tar los he­chos sino to­mar en cuen­ta el he­cho por el es­pe­sor del dis­cur­so? ¿Qué se­ría con­tar Ma­yo del 68? Se­ría de­cir en 1969: es es­to; en 1970: es aque­llo. Po­co a po­co y al ca­bo de los años, y de las dé­ca­das, el 68 es to­ma­do co­mo ob­je­to del pre­sen­te. Y se lo uti­li­za.

Evi­den­te­men­te, to­ma­mos nues­tro pa­sa­do y evi­den­te­men­te lo usa­mos. Ob­via­men­te nos ves­ti­mos con los tra­jes del pa­sa­do. Y tra­ta­mos de dis­tin­guir­nos o al con­tra­rio de po­ner­nos en una mis­ma lí­nea. La cues­tión no es nue­va. Pe­ro lo real­men­te im­por­tan­te, para no­so­tros los his­to­ria­do­res, es que en el fon­do lo que pa­só en un an­fi­tea­tro de La Sor­bo­na en reali­dad no in­tere­sa por­que lo que in­tere­sa es có­mo esa es­ce­na se ar­ti­cu­la con otra que trans­cu­rre en una fá­bri­ca. Có­mo, en el fon­do –es lo que Gi­lles De­leu­ze de­cía en cuan­to al acon­te­ci­mien­to y que para mí es al­go muy fuer­te– el acon­te­ci­mien­to es una llu­via de go­tas. A mí me in­tere­sa la llu­via, no la go­ta. Hay que ha­cer ese tra­ba­jo y se ha­ce.

En el li­bro El 68, una His­to­ria co­lec­ti­va, mi tra­ba­jo no con­sis­tió en tra­ba­jar so­bre las go­tas, sino más bien en tra­tar de pen­sar esa llu­via, ese agua­ce­ro. ¿Có­mo res­ti­tuir ese agua­ce­ro, có­mo dar cuen­ta de ese agua­ce­ro de go­tas? ¿Y có­mo, en el fon­do, ese agua­ce­ro fue lue­go con­ta­do? Y qué he­rra­mien­tas pro­du­jo para con­tar­la.

En el fon­do emer­ge qui­zás una fi­gu­ra del his­to­ria­dor más frá­gil, pre­ca­ria, más mo­des­ta, qui­zá. En la ac­tua­li­dad, el his­to­ria­dor de­be ser mo­des­to por­que ve­mos per­fec­ta- men­te có­mo res­pec­to de un su­ce­so co­mo Ma­yo del 68, es com­pli­ca­do ha­cer­se oír. Es de­cir, lo so­cial es com­ple­jo. La His­to­ria es com­ple­ja. ¿Qué es ser con­tem­po­rá­neo? ¿Qué es un acon­te­ci­mien­to? Cier­ta­men­te, re­sul­ta un po­co de­ses­pe­ran­te ver que nues­tros po­lí­ti­cos han te­ni­do una vi­sión de la his­to­ria su­ma­men­te sim­plis­ta. La his­to­ria son he­chos, gran­des fe­chas, gran­des hom­bres, con­se­cuen­cias, orí­ge­nes de con­se­cuen­cias, no es lo com­ple­jo, la com­pli­ca­ción que ex­pli­ca por ejem­plo Bruno La­tour cuan­do tra­ta de per­ci­bir lo so­cial. Lo que in­ten­ta­mos tal vez ha­cer, mo­des­ta­men­te, es mos­trar que ha­cer His­to­ria es lle­gar a ese grano que es iné­di­to, di­fí­cil, frá­gil, com­pli­ca­do.

Ma­yo del 68 es un mo­men­to en el que la as­pi­ra­ción de esa ju­ven­tud y las as­pi­ra­cio­nes so­cia­les de una can­ti­dad de per­so­nas, sin du­da do­mi­na­das –sean obre­ros, in­mi­gran­tes, mu­je­res–, en ese mo­men­to en el fon­do esa gen­te di­jo: no­so­tros desea­ría­mos otra so­cie­dad, tam­po­co una re­vo­lu­ción.

Des­de en­ton­ces, ha ha­bi­do he­chos im­por­tan­tes. La caí­da del Mu­ro de Ber­lín es un he­cho muy con­si­de­ra­ble, en un plano in­ter­na­cio­nal enor­me. Por­que la caí­da del Mu­ro ocu­rre en el gran mo­men­to de la glo­ba­li­za­ción, es al­go que se abre, y po­si­ti­va­men­te. En 1989, po­dría­mos ha­ber lle­ga­do a creer en un mo­men­to de uto­pía. Se po­día pen­sar que otro mundo era po­si­ble. Hoy –pe­ro qui­zá por­que en­ve­jez­co– creo que, en to­do ca­so en Eu­ro­pa, me re­sul­ta di­fí­cil ver que ha­ya otro mundo po­si­ble y me cues­ta ver con qué fuer­za po­dría cons­truir­se otro mundo po­si­ble. Yo creo –y en el fon­do to­da la de­fen­sa de Ma­yo del 68 iba en ese sen­ti­do– que es­ta­mos en una ma­la si­tua­ción. P. Artières brin­dó es­te tes­ti­mo­nio oral en una con­ver­sa­ción con Ñ en el año 2008.

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