Revista Ñ

“Conocer el pasado da fuerza”. Entrevista con Simonetta Agnello Hornby

La jueza y escritora Simonetta Agnello Hornby presenta su novela “Café amargo”, historia de amor en Sicilia, en medio de conflictos obreros y el ascenso de la mafia y el fascismo.

- MARINA ARTUSA

Cada vez que Simonetta Agnello Hornby habla de su última novela, Café amargo, no esquiva decir que hizo plagio. Que copió literalmen­te cartas de amor de un escritor prestigios­o y que para el contexto histórico se valió de un librito modesto que escribió un pariente suyo. “Cometí transgresi­ones en este libro. En Café amargo utilicé cartas de amor de Federico De Roberto (18611927), el más grande escritor siciliano de todos los tiempos”, dice esta descendien­te de una familia siciliana noble de Agrigento que vive en Londres, donde ejerció como abogada de familia y juez de menores, desde los años 70.

–¿Por qué no se animó a inventar cartas de amor?

–Las frases de amor de un hombre yo no las sé escribir. Podría haberlo intentado pero no me hubiera salido bien. No soy buena para escribir cartas de amor y las que me mandaba mi marido las usé para dar clases de inglés a mis alumnos. Eran impecables pero no tenían ni una palabra de amor. Por eso copié las maravillos­as palabras de De Roberto, con permiso del editor del libro, que se llama Se duda siempre de las cosas más bellas y que recopila sus cartas a una mujer que no lo amaba.

En Café amargo, Agnello Hornby –autora de La Mennulara, La tía marquesa y Boca sellada, entre otras novelas que nunca pierden de vista el ambiente doméstico y las relaciones familiares– enhebra más de un siglo de historia siciliana con la historia de vida de María Marra, una heroína que, sin descuidar a su familia, se permite enamorarse de un hombre que no es su esposo y ser feliz.

“Trabajé cinco años en este libro. En ese tiempo he hecho, además, televisión, y escribí libros de cocina. La idea original era hablar del siglo pasado, de cómo eran las mujeres de entonces. Pensé en mi abuela, que se llamaba María y a quien no conocí porque murió cuando yo era chica –dice Agnello Hornby, que comenzó a escribir novelas después de haber cumplido los 50–. Pero mi madre ha hablado tanto de mi abuela que para mí era como si la conociera. Si cocinaba, mi mamá decía: ‘A doña María esto le gusta salado’ y le ponía más sal como si mi abuela fuera a sentarse a la mesa con nosotros. ‘Doña María cose como ninguna. Le sabe cambiar los cuellos y los puños a las camisas de hombre’, ‘A doña María le gusta el cabello recogido con velo’. Sabía todo sobre ella sin haberla conocido. Sabía que tuvo una vida muy sacrificad­a y que murió joven. Por eso quería darle a mi personaje una vida moderna”.

–Suele tener una mirada crítica sobre la aristocrac­ia siciliana a la que pertenece. ¿Es esta una historia de emancipaci­ón femenina?

–Absolutame­nte. Es el libro más erótico que he escrito. Voy un poco a contramano del tiempo. Para justificar­lo debía darle a mi protagonis­ta una vida ligada a los sentidos y con un gran sentido del deber. Y a veces sentidos y deber no van juntos. –¿Cuánto hay de verdadera historia familiar en su novela?

–El título viene de una historia verdadera, aunque hay poco de verdadero en el libro. Yo tomo el café amargo. Mi madre también, mi hermana y uno de mis hijos también lo toman amargo. Y la nona María también lo tomaba amargo. Dicen que cuando se puso de novia y fue a casa de mi abuelo por primera vez, le trajeron el café y el azúcar llegó a la mesa más tarde. Ella dijo: “Está bien así” y desde entonces lo tomamos sin azúcar. Por eso está este café amargo que gira en la familia. La historia debía ir de 1906 a 1926. La había escrito y se la había entregado a mi editor. Pero ese verano hice un paseo con una sobrina a un baño hebreo en Sicilia que me subyugó. “Debo hacer venir a mi personaje a este lugar que se descubrió durante la guerra”, pensé. Alargué el libro 22 años sólo porque me enamoré de ese baño hebreo. Introduje entonces un personaje hebreo desde su nacimiento, incluí el fascismo, los judíos, el racismo, todo. Trabajé dos meses en la reescritur­a. Sumé 150 páginas. María Marra me llevó de la mano. Casi siempre me convierto en esclava de mis personajes.

–¿Los personajes deciden por usted? –Lo bello es que no logro controlarl­os. –Es su primera novela histórica y cuando se publicó en Italia estuvo primera en ventas durante semanas. ¿Cómo se explica que una novela histórica atraiga tanto hoy?

–Escribir una novela histórica significa revisar el pasado y del pasado uno recibe lecciones. Tengo esperanza, que no quiere decir ser optimista, por eso creo que conocer el pasado nos da fuerza. Sin historia no somos seres humanos. Tenemos mucho en común con las plantas y con los animales: el instinto de superviven­cia, la reproducci­ón, la curiosidad. Pero hay algo más en nosotros que no está en los animales: la conciencia del pasado.

–¿Qué nos da la historia, además de contexto y pertenenci­a?

–Identidad. Quien no tiene historia no sabe quién es.

 ?? CEZARO DE LUCA ?? Magistrada y parte. Agnello Hornby, que ejerce su profesión jurídica en Londres, como autora prefiere no juzgar a sus personajes.
CEZARO DE LUCA Magistrada y parte. Agnello Hornby, que ejerce su profesión jurídica en Londres, como autora prefiere no juzgar a sus personajes.

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