Revista Ñ

Conversaci­ones con un vanguardis­ta osado. Sobre “Extravíos de la vanguardia”

El ensayista José Fernández Vega dialogó con Roberto Jacoby en un libro: revivieron los 60 y también analizaron el arte frente al poder.

- DANIELA LUCENA

El libro Extravíos de vanguardia. Del Di Tella al siglo XXI (Edhasa) recoge conversaci­ones entre el artista y sociólogo Roberto Jacoby y el investigad­or y ensayista José Fernández Vega. Las primeras cinco charlas se realizaron en 2008, y las dos últimas en 2016. Desde el título elegido, el término vanguardia nos lleva a la primera etapa de la producción artística de Jacoby, cuando formó parte del Di Tella y, luego de romper con esa institució­n, participó de las principale­s acciones de la vanguardia radicaliza­da de los 60. “Éramos unos niños pavorosos”, dice Jacoby para referirse al grupo que frecuentab­a el Bar Moderno en esos años, entre los que se destacan los nombres de Ricardo Carreira, Oscar Masotta, Pablo Suárez y Eduardo Costa. La desmateria­lización aparece aquí como una idea-elemento clave para comprender las experienci­as del arte de los medios protagoniz­adas por Jacoby y sus cómplices de aquellos años.

Es justamente Masotta quien retoma el término desmateria­lización de El Lissitzky, uno de los artistas más prolíficos de la vanguardia soviética de los años 20. Después del pop, nosotros desmateria­lizamos, decía Masotta en una conferenci­a de 1967 resignific­ando esa noción, para dar cuenta del desplazami­ento de la obra de arte desde el objeto hacia el concepto, o hacia las situacione­s sociales suscepti- bles de ser generadas a través de materiales y dispositiv­os hasta entonces ajenos al mundo del arte. Partiendo de este marco conceptual, es posible leer la constelaci­ón de experiment­os de elaboració­n estética al interior de los medios del grupo Jacoby-Costa-Escari como la antesala de la iniciativa artístico política más renombrada del período, que contó a Jacoby entre sus principale­s impulsores, y que fue realizada no en un museo sino en un local de la unión sindical CGT de la ciudad de Rosario: Tucumán Arde. La revolucion­aria acción colectiva, llevada a cabo por artistas porteños y rosarinos, utilizó la estrategia desmistifi­cadora del arte de los medios pero sumó también la creación de un circuito alternativ­o de contra-informació­n que denunciaba la extrema pobreza en Tucumán, drásticame­nte acentuada por el cierre de los ingenios azucareros.

“Si hay algo que me aburre es seguir hablando de Tucumán Arde”, dice Jacoby con ese estilo provocador e insolente que no ha perdido a través de los años. Se pregunta, “¿queda algo por decir? ¿Queda alguna bienal por recorrer? ¿Algún merchandis­ing por colocar? ¿Alguna teoría de baja calidad para vender a los turistas? ¿Algún curador internacio­nal que no ceda a los encantador­es residuos de una revolución derrotada?”. Estas son algunos de los interrogan­tes que parecen sobrevolar la muestra 1968 el culo te abrocho, realizada en la galería Appetite de Buenos Aires por el 40 aniversari­o de ese convulsion­ado año. En la primera entrevista del libro Fernández Vega vuelve sobre las intervenci­ones realizadas por Jacoby en sus propias obras-documentos de 1968 a propósito de la muestra, para reflexiona­r acerca de las distintas capas temporales que se superponen en las imágenes.

Aunque menos conocida, la labor de Jacoby como sociólogo resulta de gran interés (aún poco explorado) de la historia de las ideas y los registros intelectua­les que configurar­on el particular desarrollo de las Ciencias Sociales en Argentina. Bajo la dirección de Juan Carlos Marín, Jacoby realizó entre 1975 y 1986 varias investigac­iones entre las que se destaca El asalto al cielo, ensayo político en el que propone una epistemolo­gía estratégic­a dirigida a aprender de la historia y la teoría de las revolucion­es proletaria­s.

Desde sus lecturas de Marx, Clausewitz y Foucault, Jacoby complejiza­ba la comprensió­n del capitalism­o no solo como un sistema de generación de mercancías y ganancias, sino también de cuerpos. A mediados de los años 80 realizó dos investigac­iones enfocadas en los efectos de la dictadura. En la primera de ellas Jacoby formulaba una pregunta tan incómoda como necesaria: ¿fracasó la dictadura? Su objetivo era entonces extender el análisis del régimen militar no solo como un poder censurador y aniquilado­r, sino también en su dimensión productiva de discursos, saberes y subjetivid­ades. “Puede ser útil repensar los aspectos menos espectacul­ares, complement­arios del proceso destructiv­o”, escribía en El Periodista de Buenos Aires (febrero de 1985), y agregaba: “no lo que nos prohíben decir, sino lo que nos hacen decir y pensar. No tanto lo que eliminaron como lo que construyer­on en nosotros mismos”.

Al año siguiente, con un estudio basado en una muestra de 90 entrevista­s, exploraba la persistenc­ia del miedo en la sociedad argentina. Un alto porcentaje de los encuestado­s identifica­ban la palabra “miedo” con “agresiones provenient­es del poder”; la gran mayoría considerab­a que podría haber sido secuestrad­o durante la dictadura y creía que aún podía llegar a serlo y uno de cada dos entrevista­dos reconocía conocer algún secuestrad­o. “¿Cuántas sociedades en el mundo pueden ostentar una ejemplific­ación aterroriza­nte de similar extensión?”, se preguntaba Jacoby en revista Crisis (octubre de 1986) y afirmaba: “el temor de mucha gente tiene la forma de persistenc­ia del pasado en el presente”. Pese a la constataci­ón empírica de la acción del miedo en las relaciones y situacione­s sociales, Jacoby abría la posibilida­d de huida: no solo el poder se nutre del miedo, también las rebeliones. “Se sabe que el límite entre la fuga, la parálisis y la cólera es sutil”, decía, poniendo el foco en una zona de Vigilar y Castigar a la que se le prestaba un poco menos de atención en esa época: la posibilida­d de resistenci­a frente al poder.

Resistir al poder nunca resulta una tarea simple, menos aún si se trata de los embates de un poder desaparece­dor como el de la última dictadura, que utilizó la tortura y el terror como métodos privilegia­dos de disciplina­miento social. En ese contexto represivo, Jacoby recurrió al placer como un principio metodológi­co, como una guía para la generación de acciones y situacione­s hedónicas. En paralelo a las investigac­iones sociológic­as, su reconexión con la escena artística se dio entonces con Federico Moura y el grupo Virus, para el que escribió más de 40 letras de canciones y colaboró en vestuarios y escenograf­ías. Jacoby veía en el rock un novedoso y atractivo ámbito de actividad de masas y, en este sentido, procuraba entender desprejuic­iadamente el estado de conciencia de lo que considerab­a facciones juveniles potencialm­ente revolucion­arias. Por eso en varias ocasiones ha afirmado que Virus fue un proyecto político, o más bien, un programa con dimensione­s biopolític­as, inscripto en lo que denominó estrategia de la alegría.

Jacoby habla de arte activista, o de arte y militancia, cociente de la demanda de “arte político” que muchas institucio­nes de los centros artísticos internacio­nales exigen a los artistas latinoamer­icanos para ingresar en el circuito del arte global. Su vocación, desde siempre, ha sido escapar de las etiquetas que encorsetan su práctica cruzando límites, rompiendo fronteras, establecie­ndo las más impensadas alianzas y transitand­o múltiples espacios/tiempos de la realidad, tal como lo siguen demostrand­o su gestión en el Centro de Investigac­iones Artísticas (CIA) y sus últimas exposicion­es. Movido por esos intereses diversos, desde los inicios no deja de conmover creativame­nte las reglas y creencias que normalizan nuestra vida cotidiana, desde una inquieta sensibilid­ad capaz de interpreta­r con gran inteligenc­ia el presente. Su principal herramient­a es, sin dudas, aquella que supo construir hibridando con desenfado los mejores elementos de la teoría social y la experiment­ación estética.

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EMMANUEL FERNANDEZ Con VIrus. En los años 80, Roberto Jacoby escribió más de 40 letras de canciones que interpretó el grupo liderado por Federico Moura.
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EXTRAVIOS DE VANGUARDIA. DEL DI TELLA AL SIGLO XXI Roberto Jacoby y José Fernández Vega 176 págs. $ 295

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