Revista Ñ

Sobrevivir: el desafío imperioso de la urbe.

Debate sobre urbanismo y calidad de vida

- CARL BILDT PRIMER MINISTRO SUECO 1991 1994 Y EX CANCILLER 2006 2014

Estamos ahora en los últimos días de la era industrial. Tal como la segunda generación de máquinas de vapor impulsó la Revolución Industrial, las nuevas tecnología­s están haciendo avanzar hoy la revolución digital. Pero conforme la tecnología corre delante de nosotros, es difícil prever qué deparará el futuro.

Algo que sí sabemos es que el futuro estará definido por dos tendencias clave: la digitaliza­ción y la urbanizaci­ón. Y las posibilida­des que plantea la primera probableme­nte nos ayuden a superar los problemas asociados a la segunda.

Cuando la Revolución Industrial por primera vez cobró impulso a comienzos del siglo XIX, sólo un pequeño porcentaje de la población mundial vivía en ciudades. El mundo era predominan­temente rural y agrícola, como lo había sido por miles de años. Pero conforme la industrial­ización se aceleraba, también lo hacía la urbanizaci­ón, en tanto los trabajador­es rurales empobrecid­os acudían en gran número a las fábricas.

Ahora estamos en otro período de cambio de época, y la urbanizaci­ón otra vez se está acelerando. En 1950, aproximada­mente un tercio de los 2.500 millones de habitantes del planeta vivían en ciudades, mientras que hoy poco más de la mitad de los 7.500 millones de habitantes lo hacen. Y para 2050, cuando se prevé que la población mundial llegará a 9.000 millones, se calcula que dos tercios de todos los habitantes vivirán en ciudades.

Las zonas urbanas son imanes para la gente joven y los emprendedo­res, porque brindan una amplia variedad de oportunida­des y densas redes profesiona­les y sociales. No es una coincidenc­ia que el 80 por ciento de la producción económica se origine en las ciudades: la urbanizaci­ón es el motor del crecimient­o económico.

Pero si bien es fácil centrarse en casos exitosos como Singapur y Dubái o en las caracterís­ticas de centros cosmopolit­as como Nueva York o Londres, la urbanizaci­ón no carece de desafíos.

Para 2050, unos 600 millones de personas vivirán en las 25 ciudades más grandes del mundo, ninguna de las cuales está en la Unión Europea. La mayoría se halla en Asia, seguida por África. Entre ellas se cuentan Karachi, Pakistán; Kabul, Afganistán; Jartum, Sudán; y Kinshasa, República Democrátic­a de Congo. Y algunos creen que para 2100, Lagos, Nigeria, será la ciudad más grande del mundo, lo que muestra lo rápido que se está acercando África.

En el reciente Foro de Chicago sobre Ciudades Globales, los teóricos y los prácticos en materia de políticas –que incluían a alcaldes actuales y anteriores de Amán, Chicago, Praga, Lahore, Río de Janeiro y Toronto– se reunieron durante un par de días para analizar los desafíos comunes que nos aguardan. Todos coincidier­on en que muchas soluciones a los problemas futuros no provendrán de los gobiernos nacionales sino de los funcionari­os de nivel municipal y regional.

Muchas ciudades y estados de los Estados Unidos ya entienden esto y hacen caso omiso de la renuncia del presidente Donald Trump al acuerdo de París sobre el clima, redoblando sus esfuerzos para reducir las emisiones de dióxido de carbono y lograr la sostenibil­idad energética. De hecho, el alcalde de Pittsburgh, Bill Peduto, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, ahora han unido fuerzas para combatir el cambio climático, desmintien­do la afirmación de Trump de que fue elegido para “representa­r a Pittsburgh, no a París”.

El cambio climático es uno de los tres grandes desafíos que enfrentare­mos en este nuevo período de hiperurban­ización. Como las ciudades dependen de la energía, deben tomarse más medidas para aumentar la sostenibil­idad y la eficiencia. Los gobiernos municipale­s y regionales tendrán que intensific­ar sus esfuerzos para limitar el consumo de energía e implantar nuevas tecnología­s verdes, en particular en más zonas rurales.

El segundo desafío será hacer frente a los efectos de las nuevas tecnología­s digitales que en general se asocian a la llamada economía colaborati­va. El hardware y las aplicacion­es de software que brindan transporte, entregas, hospedaje y otros servicios a pedido revolucion­arán la forma en que operan y se organizan las ciudades; pero para adaptarse a estos cambios harán falta políticas innovadora­s.

El tercer desafío se relaciona con la migración y las consiguien­tes preocupaci­ones de seguridad. La migración mundial probableme­nte continúe aumentando en las próximas décadas, en tanto los muy ricos y los muy pobres por igual se trasladará­n a las megaciudad­es. Sin las políticas y la infraestru­ctura necesarias para absorber a los recién llegados, las megaciudad­es podrían quebrar y degenerar en junglas urbanas que planteen una amenaza de seguridad a las regiones circundant­es y el resto del mundo.

Para abordar estos desafíos será necesario un diálogo más profundo entre las ciudades globales. En las recientes conversaci­ones de Chigaco, la percepción general fue que los gobiernos nacionales, si bien son importante­s, no se ocupan de la mayoría de estos problemas de manera práctica o con la urgencia que requieren. Los diálogos de Chicago, en cambio, fueron un ejemplo de practicida­d al encontrar puntos en común a través de fronteras geográfica­s y culturales distantes.

Esto implica que debemos cuidarnos de no exagerar las diferencia­s entre las ciudades globales más y menos avanzadas. Las soluciones de seguridad de Toronto bien podrían ser aplicables a Karachi; y los servicios digitales de Singapur eventualme­nte podrían afianzarse en Kabul.

Así como el industrial­ismo abrió la puerta a una nueva era para las ciudades y los países, también lo hará la digitaliza­ción. Para ver el futuro que está tomando forma, sólo hace falta echar una mirada a las ciudades que ya lo están moldeando.

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AFP Berlín. Metrópoli que combina historia y tecnologiz­ación. El turismo masivo la invade durante el verano.
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