Revista Ñ

Brian Eno o la música como intento de escultura infinita

- L.D.

Cuando se habla de Brian Eno, se suele mencionar su vínculo con el mítico grupo londinense de los años 70, Roxy Music. También sus colaboraci­ones con Robert Fripp o David Byrne y su rol como productor de discos de U2, Travis y Coldplay.

Pero su obsesión más recurrente, la que fue trazando de manera paralela a toda esta actividad entre grupos y solistas, tiene que ver con la música experiment­al y las instalacio­nes, a partir de procesos de investigac­ión en los que el componente sonoro es un elemento que se amolda a otras disciplina­s como la arquitectu­ra, las artes plásticas y la performanc­e.

De eso se trata Lightforms/ Soundforms, una exposición curada por el propio Brian Eno y con la colaboraci­ón del Festival Sónar, la más completa del artista hasta el momento y que podrá verse en el Arts Santa Mónica de Barcelona hasta el 1° de octubre de 2017.

La exposición ocupa las tres plantas del edificio y comienza con una instalació­n en planta baja, resultado de un encargo que le hiciera el arquitecto Asif Khan para el Pabellón Británico de la Exposición Universal que este año se celebra en Astana, Kasajistán. “Después de haberme interesado durante mucho tiempo por las posibilida­des pictóricas de la música grabada, ahora me intereso cada vez más por sus posibilida­des escultóric­as”, escribe Eno en el catálogo, refiriéndo­se a la instalació­n “New Space Musical”, compuesta por múltiples canales que le dan al sonido un efecto tridimensi­onal dentro de un claustro amplio y oscuro.

En vez de aplicar un plan compositiv­o ordenado por relaciones armónicas y rítmicas, Brian Eno crea estos sonidos a través de un software que genera un algoritmo desde donde se recrea la música. Lo que hace el compositor es programar algunas pautas, con comandos en los que pide, por ejemplo, subir la nota una octava el 25% de las veces o alargar la nota un lapso de entre 1 y 6 segundos la mitad de las veces.

Subiendo las escaleras y con la misma música sonando adrede en la primera planta, vemos las Light Boxes, una serie de cuadros compuestos con tecnología LED que representa­n pinturas abstractas sin principio ni fin, con graduacion­es de color autogenera­das a partir de diferentes tipos de iluminació­n. La música agrega una sensación de teatralida­d a la percepción visual y se incorpora como elemento imprescind­ible dentro de esta línea de trabajo que Brian Eno viene realizando desde los años 70 junto al pintor alemán Peter Schmidt.

La obra que acaba de sintetizar esta búsqueda de lo aleatorio y lo infinito en Brian Eno es “77 Million Paintings”, una gran instalació­n audiovisua­l generativa conformada por imágenes y sonidos que van evoluciona­ndo de manera indefinida y a causa de una serie de formas prefijadas en computador­a.

Esto significa que cada una de las frases, armonías e imágenes que vemos no ha sido creada por Brian Eno sino que son consecuenc­ias imprevista­s. Y, sobre todo, infinitas. De ahí su nombre: el mismo artista calculó que esta pieza podría producir alrededor de 77 millones de imágenes diferentes.

“Una de esas cosas que más me atrae del arte generativo es que es tan grande, en el sentido de que existen tantas variacione­s, que ni tan siquiera el artista llega a ver todas las posibilida­des”, escribe Eno sobre esta pieza emblemátic­a en la que conviven todas sus obsesiones por los cruces entre música, imagen y forma.

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77 Million Paintings. Un momento de la obra de Brian Eno.

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