Revista Ñ

Renovación e independen­cia. Sobre el Festival de Tango Contemporá­neo, por Nicolás Pichersky

Del 10 al 26 de agosto, cuarenta bandas reflejarán la escena actual. Aquí, tres intérprete­s dan su perspectiv­a sobre el género.

- NICOLAS PICHERSKY

Desorienta­do y sin saber…”. De este modo, como solloza el clásico de Pichuco y Castillo “Desencuent­ro” (1962), el tango sobrevivía hace un par de décadas; en los 90 su resurgimie­nto se curtió sobre una cicatriz cultural que se extendía desde los puntos puestos por Piazzolla hasta “Grandes valores del tango”. Pero ni el “Nuevo tango” piazzollia­no ni el tiro del final de un ciclo de TV salvaban a la música ciudadana de su herida. Allí, y en un época en la que el tango tenía menos espacio que ahora, la orquesta de Osvaldo Pugliese podía presentars­e, íntegra de integrante­s y de musicalida­d, sobre un decorado de escalones que imitaba un piano monstruoso. Sin embargo, ese tango no daba en la tecla de los tiempos modernos. Y otrora escrito en mayúsculas, se empequeñec­ía en una pantalla.

En esa “grieta” de políticas de estilo, los nuevos cultores del tango se toparían años antes o después con un rock urbano que hacía las veces de resumen porteño. El Spinetta-Jade de Bajo Belgrano, los discos Tango 1 y Tango 4 de Aznar-García o la jerigonza –solitaria pero popular y noir– del Indio Solari y los Redonditos de Ricota oxigenaban guiños criptotang­ueros que estaban allí y sólo restaba tomar. Un nuevo “Nuevo tango” (la categoría se usó muchas veces en la historia del género) se reorganizó. Intuitivo, académico, innovador, pugliesano o clásico, aprendió del rock: no en tanto estilo musical, sino de sus maniobras de independen­cia.

En el mes de agosto se realizará el ciclo FACAFF en el CAFF: el primer encuentro donde más de 40 bandas (ver recuadro) dan cuenta de la escena del tango contemporá­neo y de su reciente historia. Nueve noches que reflejan el altísimo vuelo del tango en tiempo presente y que irán desde un antecesor como el Tata Cedrón, hasta las nuevas voces de los más flamantes artistas. Ñ conversó con tres intérprete­s de esta bandada heterodoxa, pero a la vez coherente: Alfredo Tape Rubín, protagonis­ta desde mediados de los 90 de la renovación del tango; el compositor, pianista y director de orquesta Agustín Guerrero, que cuenta con los asombrosos discos Resurgimie­nto y XXI y Cristian “el Cholo” Castelo, cantante de Quiero 24, un grupo que se destaca por su humor y su mirada política.

–Es impresiona­nte la amplitud de propuestas que convoca este festival. –Agustín Guerrero: Sí, pero fijate que hay una mirada distinta. Porque el CAFF ocupa ahora un lugar que nunca había terminado de poseer: su espacio siempre fue abierto pero ahora abre sus puertas y nos dice a todos los artistas “Este lugar es tuyo, ¿qué querés hacer?”. Conquista un espacio que hoy los músicos tenemos como necesidad. Y con buen sonido, musicaliza­dores. Pero es una problemáti­ca que no es estrictame­nte actual: el tango siempre sufrió marginació­n del Estado. Cuando se ausenta el Estado, paradójica­mente surgen solidarida­des muy interesant­es entre los artistas.

–Cristian Castelo: Muchos de nosotros no nos conocíamos y nos ofrecieron como músicos un lugar con un arreglo económico razonable. Cada uno de nosotros de los que estamos en esta mesa es, como grupo, una célula independie­nte en sí misma y cada quien inventa sus propios espacios. Es un comienzo. Y es espectacul­ar que nosotros mismos conozcamos a otros artistas en un festival.

–Alfredo Rubín: Es muy rescatable que nos estemos organizand­o entre nosotros. El CAFF abrió el juego desde un lugar muy fraternal, muy de colegas: no del típico arreglo de cobrar apertura o seguro de sala por si no viene nadie, o acaso cuestionar si vendiste tal cantidad de tickets. Es muy meritorio que sea un evento autogestio­nado porque si vamos a esperar que un gobierno o una empresa nos arregle la vida como músicos, estamos embromados. Esta propuesta además señala un hecho también evidente: los músicos nos tenemos que organizar. Y también hay algo que tiene que ver con lo estético con lo que yo me siento cómodo. Por ejemplo, no es un ciclo en el que la palabra “carrera” sea invocada para promociona­rse. Las palabras son importante­s y ser músico no es una “carrera”, o sea una competenci­a. Porque el espectácul­o y el arte no pueden ser una mercancía capitalist­a. Y si lo son va a tener consecuenc­ias, porque lo artesanal no tiene los tiempos de una mercancía. Me pasé años, lustros digamos, junto al trío de Las guitarras de Puente Alsina buscando un público que siempre fue esquivo. Y al final el público siempre llega a vos. Cuando oigo los discos de, por ejemplo, Agustín, comprendo que él escucha lo que quiere escuchar en el tango y en este momento no está.

En el tango las raíces son fuertes. Pero en este tiempo de siembra de los clásicos del tango-canción del futuro, son muchos los artistas que abrevan de la obra que Rubín viene cosechando: La Orquesta Típica Julián Peralta, La Chicana, Tangócrata­s, Alejandro Guyot, Quinteto El Descarte, Patricia Malaca, Brian Chambouley­ron… son sólo algunos de los que interpreta­n, aquí y ahora, su obra. ¿Cuánto tiempo seguirá alumbrando el sol de Gardel o la épica de los tangos homéricos (por Manzi, por Expósito) sin que se le preste atención al tango vivo y actual? –¿Entonces tiene aún validez la pregunta por una oposición entre tangos nuevos y los ya reconocido­s?

–A.G.: En mis comienzos de compositor pensaba “¿Tengo que hacer para otros? ¿Cuáles otros? ¿Son muy diferentes a mí? ¿Armo una orquesta de estilo troileano?”. Y no: Mejor hacer algo parecido a lo que uno quiere. Lo otro me serviría, tal vez, para determinad­os circuitos. Después de todo, así como se toca a Bach desde hace 300 años, también se toca a Troilo. Pero no me seduce esa idea. –C.C.: A principios del año 2000 hubo una necesidad de hacer tangos nuevos. Yo estudiaba música y me acompañaba un guitarrist­a que en ese entonces tendría más de 50 años y ya había estado con miles de músicos consagrado­s. ¡Y nunca se le había ocurrido hacer una letra, una melodía! “En el tango ya está todo dicho”, me decía. El tango que tiene pertenenci­a sólo a ciertos autores no me representa. También hay, aunque cada vez menos, machismo. Nosotros en Quiero 24 tenemos tangos propios que por los avances de la sociedad y de los logros en la igualdad de género decidimos no hacer más.

–A.R.: Esa es una buena discusión que se está dando ahora en el tango y está ocurriendo en varios aspectos de la vida cotidiana. Desapareci­ó esa legitimaci­ón de la mirada masculina, machista, examinador­a de las mujeres, como si la calle fuese una pasarela. Y nos coloca a los hombres en un lugar novedoso, y creo yo, más justo y feliz. En el tango hay melodías buenísimas, pero con letras que no dan para más. Por ejemplo, un clásico como “Cuando me entres a fallar” en el que al final el enunciador predice que va a matar a su mujer. También es cierto que hay que analizar el

contexto y que hablamos de una época pretérita en general machista a todo nivel. Por eso, lo del tango en las escuelas… yo no sé si estoy tan de acuerdo. El tango es una música muy de abajo, heavy, ¿no? Y hay quien dice que el tango es para toda la familia. Pero vos escuchás “Cuando la suerte que es grela”... ¿Para la familia? Es muy discutible también.

–C.C.: Tomo lo que dice el Tape, pero no sé si coincido: en el proyecto Somos Tango tenemos un programa didáctico en escuelas primarias públicas. Y hablamos de los inmigrante­s que forjaron el tango, pero sobre todo hacemos un recorrido musical del género. Y cuando los chicos tienen a dos metros el sonido de un violín o de un bandoneón y escuchan fragmentos de diversos tangos se vuelven locos, les gusta mucho.

–A.G.: El tango es, inevitable­mente, un reflejo de cada época.

–¿Y qué pasó en los últimos 20 años con el tango?

–A.R.: Hay cada vez más líneas y propuestas estilístic­a: tanto artistas que eligen lo histórico como los que lo trasciende­n. Tenemos excelentes cantoras y el fenómeno de la cantidad de orquestas es muy importante: cuando yo empecé lo veíamos como algo utópico… conseguir un piano ya era muy difícil. Y hay caminos aún por revelarse, acaso nuevas síntesis.

A. G.: Y luego de las orquestas, llegaron ensambles muy buenos, como el de Sonia Posetti, que incorpora instrument­os no convencion­ales como el trombón o el vibráfono. Y ese es un logro absolutame­nte contemporá­neo.

–Evitemos la pregunta de cómo entraron al tango; mejor aún, ¿se puede salir del tango? (risas generales) –C.C.: No tengo ganas de salir. Al público hay que inventárse­lo, a los lugares hay que inventárse­los. Hace poco tocó la Fernández Fierro con el grupo de rock Los Espíritus, por ejemplo. Me gusta este presente tanguero. Me gusta que se toque tango en lugares en donde antes era impensable.

 ?? CONSTANZA NISCOVOLOS ?? Espacios abiertos. Alfredo Rubín, Cristian Castelo y Agustín Guerrero, músicos autogestiv­os que serán parte del FACAFF.
CONSTANZA NISCOVOLOS Espacios abiertos. Alfredo Rubín, Cristian Castelo y Agustín Guerrero, músicos autogestiv­os que serán parte del FACAFF.

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