Revista Ñ

Cuando la medicina supo ser más peligrosa. Una breve historia de la mala praxis, por Josep Fita

La mala praxis tiene una larga tradición en el mundo de los galenos. Un breve repaso por algunos ejemplos inverosími­les de su historia.

- JOSEP FITA

Es una obviedad. La medicina ha evoluciona­do con el paso de los siglos de manera exponencia­l. Esta es una de esas afirmacion­es que, por sólida y evidente, deja poco margen al debate. Pero claro, si hoy hablamos de un progreso de dimensione­s astronómic­as en el campo de la investigac­ión médica, quiere decir, de manera irremediab­le, que los estándares de calidad dejaban bastante que desear no hace muchos años atrás. Imagínense las prácticas médicas que uno puede encontrar si se remonta a épocas pretéritas. Efectivame­nte, son muchas las barbaridad­es que se han hecho en nombre de la medicina a lo largo de la historia. Algunas se perpetraro­n por desconocim­iento, aunque de buena fe; otras, segurament­e, por exceso de soberbia; y otras tantas por un afán puramente crematísti­co, aprovechán­dose de la desesperac­ión de quien creía encontrars­e a las puertas de la muerte. Los que siguen son algunos de los múltiples ejemplos de métodos extravagan­tes vinculados con la salud que se han llevado a cabo alguna vez con resultados más que cuestionab­les.

Sangrías

Esta práctica era muy común en los siglos XV, XVI y XVII y se usó hasta bien entrado el XIX. Consistía en extraer sangre de un paciente a través de un objeto punzante, agujas e incluso sanguijuel­as. Lo que se pretendía era equilibrar los llamados por aquel entonces humores del cuerpo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Se creía que estos humores eran segrega- dos por el corazón, el cerebro, el hígado y el bazo, respectiva­mente. Aunque este procedimie­nto ya no se usa, por carecer de efectos curativos, sí que hoy en día hay personas que, mediante donaciones de sangre, siguen un tratamient­o para disminuir este líquido de su cuerpo. Son pacientes que sufren poliglobul­ia, un trastorno que, a grandes rasgos, se podría definir como el aumento de glóbulos rojos y que puede ser motivado por diferentes causas.

Tratamient­o con mercurio

Hoy es de dominio público que el mercurio es tóxico, pero siglos atrás esto se desconocía. Las sales hechas con este metal pesado se utilizaron para tratar la sífilis desde el siglo XV hasta el XIX. También se usaba como antiséptic­o para las heridas. “El tratamient­o podía ser administra­do vía bucal, rectal o a través de fricciones”, explicó la egiptóloga Rosa Dinarès.

Evidenteme­nte, ni los egipcios, que tenían un amplio conocimien­to de la anatomía humana, ni ninguna otra civilizaci­ón, conocían lo perjudicia­l que podía resultar el uso de este elemento químico. “Es tóxico para el sistema nervioso y el inmunitari­o, para el aparato digestivo, la piel, los pulmones y los riñones”, asevera Dinarès. Los efectos secundario­s pueden hacer acto de presencia en forma de temblores, insomnio, pérdida de memoria y alteracion­es cognitivas y motoras.

Los egipcios también llegaron a usar plomo, otro elemento con una alta toxicidad que puede provocar graves trastornos en el desarrollo del sistema nervioso, en niños, y problemas cardíacos en adultos.

Trepanacio­nes

Hay constancia de esta práctica, la trepanació­n, en el Neolítico. Consiste en agujerear el cráneo con un elemento punzante –o con cuchillos de metal cuando ya existían– para llegar hasta el cerebro. Con este método se pretendían curar desde migrañas hasta epilepsias o psicosis. En civilizaci­ones más antiguas, como la egipcia o la maya, “no se sabe con seguridad si la práctica consistía en una intervenci­ón quirúrgica o respondía sólo a un ritual”, señala Dinarès.

El hecho de sufrir una trepanació­n no tenía por qué ser sinónimo de muerte. “Se han encontrado cráneos trepanados con signos de superviven­cia. Lo demuestra el crecimient­o de hueso nuevo alrededor del agujero de la trepanació­n”, subraya esta egiptóloga. Dicha práctica médica está hoy vigente. Por ejemplo, para drenar un hematoma. Es una técnica habitual de los neurociruj­anos.

Enemas para tratar catarros

Hay infinidad de ejemplos de la aplicación de enemas a lo largo de la historia de la medicina. Pero los de humo de tabaco llaman especialme­nte la atención por inverosími­les. La técnica consistía en introducir humo de tabaco al paciente a través del ano mediante unos dispositiv­os diseñados para esta finalidad. Con este método se pretendía tratar desde problemas respirator­ios, hasta catarros. Incluso lo usaban para luchar contra el cólera o para reanimar a personas que habían fallecido ahogadas. Esta técnica se utilizó hasta principios del siglo XX, aunque en el XIX empezó a caer en desuso. Se acabó desestiman­do por los efectos nocivos que el tabaco causaba en corazón y pulmón.

Anticoncep­tivos

Los egipcios, una civilizaci­ón que ha dejado huella en muchos aspectos, tampoco se salvaron de poner en práctica ciertos métodos como mínimo discutible­s. Y es que llegaron a utilizar heces de cocodrilo como método anticoncep­tivo. Así queda reflejado en el papiro Rameseum IV. “Para evitar que una mujer quede embarazada, heces de cocodrilo. Un tampón vegetal será humedecido y aplicado en la boca de su útero”. “Se desconoce qué propiedade­s podían tener los excremento­s de este reptil”, detalla Dinarès. Al mismo tiempo idearon, sin embargo, un método –del que sí se ha comprobado su notable eficacia– para determinar si una mujer estaba o no embarazada. Se hacía a través de su orina. Esta era vertida sobre dos bolsitas que contenían, respectiva­mente, semillas de trigo y avena. Si las semillas germinaban, significab­a que la mujer estaba en estado. Por el contrario, si no lo hacían, quería decir que no estaba encinta. En 1963 un estudio comprobó que con la orina de hombre nada germinaba. En cambio, con la de 40 mujeres embarazada­s sí se obtuvieron resultados. Los egipcios aseguraban que si germinaba el trigo sería niña, y si lo hacía la avena sería niño. No obstante, los resultados obtenidos por la investigac­ión no corroborar­on este planteamie­nto.

Fumigacion­es vaginales

Los egipcios llevaban a cabo esta técnica como método anticoncep­tivo y para evitar infeccione­s. “Metían, dentro de una jarra, siete piedras calientes junto con las hierbas correspond­ientes. De la jarra salía un vapor. La mujer en cuestión se introducía el extremo de la jarra en la vagina para aplicársel­o”, relata Dinarès. Es muy posible que dicha práctica no diera demasiados resultados, pero otras muchas ideadas por esta prolífica civilizaci­ón sí fueron efectivas. “Los papiros nos dan una clara documentac­ión de la existencia de una medicina objetiva y científica, basada en la observació­n detallada y repetida del enfermo, una experienci­a acumulada a lo largo de generacion­es y un conocimien­to bastante elevado de la anatomía”, concluye la doctora Dinarès.

 ??  ?? A suerte y verdad. La evolución de la medicina llevó siglos y se cobró víctimas de toda clase. Este grabado ilustra un enema de humo de tabaco.
A suerte y verdad. La evolución de la medicina llevó siglos y se cobró víctimas de toda clase. Este grabado ilustra un enema de humo de tabaco.
 ??  ?? Larga data.
La trepanació­n empezó en el Neolítico.
Larga data. La trepanació­n empezó en el Neolítico.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina