Revista Ñ

Herederos de la tragedia argentina

Hijos de desapareci­dos, de ex militares, de exiliados, todos con heridas de los 70, intentan coincidir en espacios siempre frágiles.

- HECTOR PAVON

Aveces se reúnen pero no hay una agenda establecid­a. Puede ocurrir en un bar o en una casa. Los integrante­s suelen cambiar en cada reunión. Todos tienen un origen distinto pero una marca que los une: el carácter de hijos de la violencia de los 70. No son sólo aquellos hijos y nietos de desapareci­dos los que van a mantener la memoria y la lucha por la justicia: también aparecerán hijos de los perpetrado­res –que repudian a sus padres– y otros que los defienden pero rechazan la barbarie del Proceso.

Justamente algunos de ellos encontraro­n puntos en común en la construcci­ón o reconstruc­ción de una identidad que se desea transparen­te. Y lo que llamó la atención es que algunos hijos de represores empezaron a juntarse a buscar un es- pacio que los admita, no los juzgue por prolongaci­ón y entienda su destino. Mucho tuvo que ver la realizació­n del libro Hijos de los 70 de las periodista­s Carolina Arenes y Astrid Pikielny que se publicó en marzo de 2016 y que contaba momentos de la vida de los hijos de desapareci­dos, de guerriller­os, de policías y militares procesados por delitos de lesa humanidad. Son memorias diferentes. “Historias mínimas de una historia nacional que aún produce ‘un pasado que duele’, anclado en una época que dejó una herencia saturada de muerte y sentidos”, escriben las autoras de este libro.

Uno de los protagonis­tas inesperado­s de esta etapa de reconstruc­ción del pasado inmediato es Aníbal Guevara, hijo del ex teniente coronel (RE) Aníbal Alberto Guevara, preso en Marcos Paz y condenado a cadena perpetua por crímenes durante la dictadura. Aníbal es vocero de la

agrupación “Puentes para la legalidad” que denuncia irregulari­dades en los juicios a integrante­s de las fuerzas de seguridad. Con Félix Bruzzone (ver nota) comparten extraños momentos de coincidenc­ia en la búsqueda de la verdad.

“Este diálogo entre nosotros es algo siempre en construcci­ón –relata Guevara y explica así cómo surgieron estas reuniones–. Eramos hijos de desapareci­dos, de militantes exiliados o ejecutados por sus compañeros, nietos recuperado­s, hijos y nietos de presos que cuestionan la forma en la que se hacen lo juicios y consideran que sus familiares no son culpables de lo que los están acusando, e hijas de presos en causas de lesa humanidad que consideran que sus padres son culpables y los nombran como genocidas. Hicimos algunas cenas, creamos un grupo de Whatsapp para organizarl­as. Unas 10-15 personas hasta ahí, pero siguió creciendo. También

estaban las hijas de presos que se nuclearon en Historias Desobedien­tes pero luego abandonaro­n esta iniciativa”.

A raíz del fallo del 2x1 y de la revelación pública de Mariana Etchecolat­z (hija del comisario Miguel Etchecolat­z) y de Erika Lederer (hija del segundo jefe de la maternidad clandestin­a de Campo de Mayo en la dictadura) comenzó a formarse el colectivo “Historias Desobedien­tes” que tuvo su reunión más importante el 25 de mayo cuando se reunieron alrededor de 30 hijos de represores. También participar­on de la marcha Niunamenos.

“Esto no tiene el fin de reconcilia­ción, nunca se habló y hasta hay muchos que no creemos ni en la necesidad ni en la posibilida­d de algo así como una reconcilia­ción social. Eso es exclusivo de la intimidad de quien estuvo enemistado, no me parece que pueda existir en términos sociales”, concluye Guevara.

 ?? VICTOR R. CAIVANO/AP ?? Parque de la Memoria. Víctimas del terrorismo de Estado: controvers­ia por el período considerad­o.
VICTOR R. CAIVANO/AP Parque de la Memoria. Víctimas del terrorismo de Estado: controvers­ia por el período considerad­o.

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