Revista Ñ

Viajera frecuente

Entrevista con Lucía Puenzo. La escritora y cineasta, una de las primeras argentinas en filmar para Netflix, presenta un nuevo libro de relatos.

- SUSANA REINOSO

Lucía Puenzo es, a los 41 años, no sólo una reconocida cineasta que se ha labrado un lugar propio en la competitiv­a industria cinematogr­áfica internacio­nal. Es, además, una escritora sorprenden­te. Ya lo sabíamos por La maldición de Jacinta Pichimahui­da, La furia de la langosta, 9 minutos y Wakolda, entre otros. Ahora, con su libro de cuentos En el Hotel Cápsula, se abre a una narrativa más amplia.

El primer relato transcurre en Bangkok. Un embajador va al aeropuerto de la capital tailandesa a buscar a una cineasta que llega para presentar su película en un festival. El diplomátic­o le cuenta que, aunque desearía quedarse allí, su traslado es inminente. La directora, buscando zafar de un protocolo que la agobia, encuentra un atajo para respirar la ciudad y se encuentra embarcada en una realidad delirante, de la mano del hijo/hija del embajador que es kathoey, o lo que en Tailandia se considera y acepta como tercer sexo.

El segundo cuento es más oscuro. En Cuba, país que Lucía Puenzo conoce bien pues estudió en la famosa Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, con Gabriel García Márquez como profesor, una estudiante de cine vive una situación perturbado­ra con un sujeto peligroso. En el tercero, que da título al libro, aparece la magia de un país como Japón y esos hoteles, próximos a las estaciones de trenes, donde la gente pernocta cuando pierde un tren o no logra volver a su hogar, hoteles cuyas habitacion­es son de un tamaño sofocante. En cada relato vibra la curiosidad de la voz narradora por asir lo inasible.

Durante una pausa de la charla, la hija del cineasta Luis Puenzo cuenta algunos entretelon­es de la filmación de La historia oficial, la primera película argentina ganadora de un premio Oscar. “Yo era muy chica, no era consciente de lo que significab­a. Veía a mi familia feliz. Pero lo que en verdad me divertía es que la película se filmaba en mi casa. Hay una escena en la que el personaje de Héctor Alterio le agarra los dedos con la puerta al de Norma Aleandro. Mis amigos del barrio venían a jugar a eso en mi casa”.

Desde que, con sus amigos, jugaba a agarrarse los dedos con la puerta a hoy Lucía Puenzo ha recorrido un largo camino. Ha ganado premios en festivales internacio­nales y la Argentina la ha selecciona­do más de una vez para competir en los Oscar. A punto de rodar en México una serie para Netflix, junto a su hermano Nicolás, y de filmar en Francia una película sobre un libro de la escritora Amélie Nothomb, conversa con Ñ en un bar de Colegiales una tarde de invierno.

“Estoy terminando una novela que se llama Los invisibles. Ya está confirmada su publicació­n en la editorial francesa Stock y en la alemana Wagenbach, que han hecho mis libros anteriores. En Argentina no se la envié todavía a ningún editor. También tengo a medio escribir otra novela, El Observator­io, sobre una fábrica de madres”, subraya.

“Además, adaptamos con Sergio [Bizzio, el escritor, su marido] la novela Barba Azul, de Nothomb, para el cine. Las productora­s son francesas y han estado en todas mis películas. Ibamos a filmarla el año pasado, pero desistí del rodaje – previsto para el año pasado– por mi embarazo. Los actores confirmado­s son la actriz francesa Lou de Laage y el actor belga Johan Heldenberg­h. Vamos a filmar en París, en los pabellones de restauraci­ón del Louvre y en francés”, comenta. “La novela es una relectura de Barba Azul en el contexto de un París moderno. Se trata de una restaurado­ra belga que trabaja en los pabellones del Louvre, se va a vivir a la casa de un agorafóbic­o y ahí se dispara la historia”, cuenta la realizador­a de XXY, que sólo viaja con dos cabezas de equipo y su hermano Nicolás, que es su director de fotografía. La película, llegado el momento, será montada en Argentina.

En el medio, mientras Barba Azul se reprograma­ba a raíz del embarazo y nacimiento de su hija Nina, la productora Argo y Netflix le ofrecieron realizar la segunda temporada de Ingobernab­les, una serie que se emite por Netflix, en la que compartirá cartel con un director mexicano y otro colombiano, a razón de cuatro capítulos cada uno.

Guionista para películas propias y ajenas, narradora, espectador­a del cine de otros –como también se define– es inevitable preguntars­e en qué rol se siente más a gusto. “La verdad es que, hasta ahora, lo que más disfruté es la adaptación de textos ajenos. Supongo que lo disfruto porque es un material menos transitado que lo mío. Hay algo muy atractivo en eso nuevo. Con Sergio disfrutamo­s mucho la adaptación de Estrella distante, de Roberto Bolaño. No sólo porque es una novela preciosa y la que más me gusta de este escritor, sino porque podés entrar al texto desde otro lugar. Me pasó cuando adapté Era el cielo”, dice Puenzo aludiendo a la novela de Bizzio.

–¿Cómo te preparás para la adaptación de textos de terceros?

–Primero hago unas cuantas lecturas y luego las abandono. Las guardo un rato. Cada novela trae consigo una puerta de entrada. En Barba Azul fue el tono del diálogo de los dos protagonis­tas. Luego había que crear todo un mundo que no estaba. En Estrella distante, en cambio, había 20 tramas y había que elegir una. En la novela de Sergio había una explosión de desvíos. Cada película exige un camino distinto.

–¿Y cómo hacés en cada caso? ¿La proponés o te busca un productor? –En algunos casos hay un productor que te pregunta si te interesa y ya viene con los derechos comprados. Es muy importante que el director esté a bordo cuando escribís una adaptación. Aunque él no escriba, como el brasileño Vicente Amorin, para Estrella distante.

–¿Los viajes que narrás en los cuentos de tu libro cruzan ficción y realidad? –El primero que escribí fue el de Cuba. Estudié en la Escuela de Cine, conocí a García Márquez en el último año que dio clases, estuve muchas veces en el país. Incluso a los 17 años viví con la familia de Alberto Granados, el compañero de viaje del Che. Hay mucha ficción y realidad mezcladas, muchos hechos que realmente conocí. Los lugares existieron.

–No te gustan los viajes turísticos. ¿Qué tipo de viaje te gusta hacer para retratarlo luego?

–Lo que más se imprime en mí es el contacto con los desconocid­os. No es lo turístico. Eso me pasa en los viajes. Y en este sentido la escritura es como viajar, un desvío… –¿Escribís también durante los rodajes?

–Jamás, aunque en el montaje puedo volver a escribir algo. El montaje es lo que más se parece a escribir literatura en el cine, tanto por la música como por el ritmo. El vértigo del rodaje impide escribir.

–¿Y qué es lo primordial para escribir?

–Lo primero es estar capturada con lo que estoy viviendo. Hace 17 años que vivo con Sergio y lo escucho decir que si no lo pasás bien, escribir no sirve.

–¿Y como espectador­a?

–Prefiero el cine de personajes al de peripecias.

–¿Cómo ves la situación del cine hoy, teniendo en cuenta que hay películas

que superan sus expectativ­as y otras que consiguen pocos espectador­es? –Creo que los que pudimos filmar gracias a la ley del cine somos privilegia­dos. El cine necesitaba ese espaldaraz­o. Yo misma no pensaba filmar nunca.

–¿Por qué el cine argentino no es constante en la cantidad de espectador­es que se propone?

–Creo que toda cultura atraviesa una etapa difícil. El cine ni hablar. Lo más importante es entender que la ecuación responde a lo que la película pretendió ser. Si encuentra diez mil espectador­es en el Malba durante siete meses, eso tiene que apoyarse, lo mismo que si son óperas primas de las provincias. No todas las películas fueron pensadas para cien mil espectador­es. No

es un fracaso. El parámetro del éxito no es sólo el número de espectador­es.

–El año pasado hiciste con el mismo equipo de tus films una serie educativa, Cromos. ¿Cómo funcionó?

–La película se estrenó en Toronto. Y este año acá, en la TV Pública. A mí la televisión pública de los últimos años me gustaba y creo que es buena.

–Una última duda es cómo lo pasaste en La historia oficial, teniendo en cuenta que se hizo en tu casa.

-No queríamos ni ir a la escuela. Era de lo más divertido. Yo quería que mi cuarto fuera el de la protagonis­ta. Mi mamá era jefa de locaciones, mis tíos, mis abuelos, todos actuaban en la película. Hubo algo de familia rodante.

 ?? CONSTANZA NISCOVOLOS ?? Versiones. Puenzo adaptó al cine libros propios y obras de Bolaño, Nothomb y de su marido Sergio Bizzio.
CONSTANZA NISCOVOLOS Versiones. Puenzo adaptó al cine libros propios y obras de Bolaño, Nothomb y de su marido Sergio Bizzio.

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