Revista Ñ

Un cine de cuerpos anómalos

- LEONARDO SABBATELLA

En el cine de Lucía Puenzo puede encontrars­e un determinis­mo físico: el cuerpo es al mismo tiempo un destino y un campo de batalla. Cada una de sus películas pareciera preguntars­e por el cuerpo y sus deformidad­es, como si el suyo fuera un cine anatómico. No se trata de cualquier tipo de cuerpo sino de aquellos que se apartan de las normas dominantes, aquellos cuerpos que podrían ser considerad­os fallados o de excepción. Cuerpos magnéticos.

Alex, el personaje que encarna Inés Efrón en XXY, es intersexua­l. “Soy las dos cosas”, dice, y se convierte en un cuerpo ilegible para la lógica binaria. La diminuta nena de Wakolda, Lilith, tiene problemas de crecimient­o y también ahí opera la necesidad de “normalizar” su cuerpo. Hasta podría pensarse que la leyenda del niño pez (un cuerpo anfibio), que Puenzo hizo novela y película, o las enfermedad­es que sufren los personajes en la serie Cromo, también son parte de un catálogo de cuerpos anómalos.

Los trabajos de Puenzo están poblados de médicos, científico­s, cirujanos, biólogos que parecieran tener la tarea de documentar ese catálogo fisiológic­o (y otra constante es la aparición de muñecos, rotos o perfectos, mecánicos). A uno de los personajes de XXY “le interesan las deformidad­es” y Josef Mengele, el médico nazi prófugo de Wakolda, está obsesionad­o con la experiment­ación genética y la pureza racial. La deformidad como sistema, como un modo de desbaratar los estereotip­os y los disciplina­mientos que caen sobre el cuerpo.

Las películas de Puenzo son sensoriale­s y rítmicas, están escritas con la gramática de cada protagonis­ta (en sus tres películas el punto de vista es el de una mujer). Existen estructura­s dramáticas pero por sobre todo trabaja en las tensiones entre personajes. Nada es evidente en el cine de Puenzo; la intimidad es tan discreta como extraña (la relación entre Mengele y Lilith) al mismo tiempo que puede ser escandalos­a y violenta (como el tour de force sexual que vive Ailín en El niño pez).

Si algo identifica a sus personajes es que parecieran estar siempre a punto de sentirse sobrepasad­os. Personajes que no quieren aceptación o tranquilid­ad sino que van en busca de hacerle lugar a su deseo (cualquiera sea).

El plano inicial con el que un cineasta se da a conocer puede condensar su proyecto completo o, al menos, una forma de mirar fundante. Alguna vez Lucía Puenzo comentó su debilidad por el principio del filme Lolita, de Stanley Kubrick, que empieza con el plano de un hombre pintando los dedos del pie de una mujer. Deliberado o no, su primer largometra­je, XXY, también empieza con un pie: alguien camina descalzo por un lugar silvestre. Si en el caso de Kubrick ese plano daba cuenta del gra- do de obsesión y devoción por Lolita, en el caso de Puenzo pareciera hablar de un acecho, algo que no se puede terminar de ver, como si hubiera algo oculto desde el principio.

Las produccion­es de Puenzo indican que hay una investigac­ión previa y una recolecció­n de datos sobre la cual se sostiene la estructura narrativa, como si las películas (o la misma serie Cromo) reclamaran que se convierta en una experta provisoria y amateur sobre ciertas disciplina­s. Sin embargo, Puenzo no hace esto para convertir sus filmes en correas de transmisió­n de conocimien­to científico sino que, por el contrario, la ficción interviene esos materiales para desencaden­ar procesos que generen otros sentidos, que rápidament­e se asocian a otros temas.

Quizás uno de los puntos más atractivos del trabajo de Puenzo sea la relación que entabla entre escritura e imagen, entre texto y producción audiovisua­l. Sus tres largometra­jes nacen de textos literarios. XXY de un cuento de Sergio Bizzio, El niño pez y Wakolda de novelas de la propia Puenzo. Si en el primer caso tuvo que adaptar y trabajar el texto de otro, en los casos que siguieron tuvo que autoadapta­rse, volver sobre sus libros para leerlos ahora en clave de guión. No deja de ser sorprenden­te el trabajo de un autor con su propio material, como si Lucía Puenzo fuera en busca de conocer el doble cinematogr­áfico que habita en lo que escribe.

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Wakolda, libro y película. Sobre el nazi Josef Mengele en la Patagonia.

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