Revista Ñ

No es el Diablo, es el hombre

Relecturas diversas del mito fáustico en clave popular, que dialogan con la cultura actual.

- JORGE DUBATTI

El mito de Fausto regresa una y otra vez a los escenarios argentinos. ¿Qué inexplicab­le atracción siente nuestra cultura, y en particular la contempora­neidad, por el pacto de Fausto con el Diablo para adquirir poder, conocimien­to y el cumplimien­to inmediato de todos los deseos? Actualment­e, en Buenos Aires, pueden verse en cartel al menos tres reescritur­as teatrales del mito: Fausto criollo, una ópera satánica, fatídica y telúrica, con dirección general de Mariano Cossa (Pan y Arte); Fausto criollo, dirección de Bicho Gómez (La Carpinterí­a); Mandinga en el Paraíso, dirección de Claudio Gallardou (Centro Cultural de la Cooperació­n). Por otra parte, más de un espectácul­o de la cartelera actual reelabora indirectam­ente el mito, por ejemplo, I.D.I.O.T.A., de Jordi Casanovas (El Picadero), donde el pacto se firma con un equipo científico que experiment­a sobre biopolític­a y formas de control social.

Por amor o por espanto, el mito fáustico está omnipresen­te en la cultura argentina desde los borradores teatrales de Esteban Echeverría al poema gauchesco dialogado de Estanislao del Campo. Además de numerosas puestas en escena, se han escrito variacione­s dramáticas del mito: sainete, melodrama, títeres, tragedia, escena experiment­al. Originado en el Renacimien­to, el mito sigue vivo pero ha cambiado sin duda en su dimensión simbólica. Continúa significan­do plenamente pero en direccione­s nuevas e inesperada­s. En un mundo sin ley divina, sin premios ni castigos, ante la muerte de Dios y la muerte del sujeto, Fausto resuena, sin embargo, como imagen esencial del hombre deseoso de poder. Si no hay Dios, no hay Diablo: parece que el hombre mismo los ha sustituido a ambos.

En la cultura argentina, el cuento se multiplicó por diversas vías, europeas o locales. Cinco de las más activas son la tragedia isabelina de Christophe­r Marlowe (que lleva el mito por primera vez al teatro en La trágica historia de la vida y muerte del Doctor Faustus,

de 1592), la mencionada obra de Goethe, la ópera de Charles Gounod, el citado poema de Estanislao del Campo y, además, no menos relevante, la creencia en “las salamancas”, cuevas míticas de iniciación en el Mal de vasta irradiació­n en el imaginario popular, especialme­nte en las provincias, tanto en las ciudades como en zonas rurales. Muchas obras teatrales argentinas parten de las ceremonias en las salamancas para inscribir el mito fáustico, y muchas otras lo combinan con el mito de Don Juan.

La ópera Fausto criollo, con música de Mario Esteban, es en realidad una “folclópera”. Músicos en vivo, integrante­s de la “Pequeña Compañía Telúrica”, interpreta­n los personajes a la par que tocan y cantan diversos géneros folclórico­s: chacarera, gato, milonga, escondido, cielo, vidala, baguala, huayno, entre otros. Las letras de las canciones aparecen “sobretitul­adas”, como en el Colón. En simultáneo, en el centro de la escena, los titiritero­s Sandra Antman, Ema Fernández Peyla, Mariano Cossa y Miguel Rur despliegan un retablo del “Tiatro de Colón” y manipulan títeres de mesa inspirados en el bestiario de las leyendas populares: El Diablo es un Zorro, Fausto viejo una Mulita, Fausto joven un Caballo, Margarita una Vaca. Cossa y Rur componen también a los personajes de los gauchos Anastasio El Pollo y Laguna.

El otro Fausto criollo está basado en Los Faustos o Rajemos que viene Mefisto, creación de Claudio Gallardou y La Banda de la Risa de fines de los 80. Su creador, el Bicho Gómez, propone una actualizac­ión atravesada por códigos contemporá­neos: una compañía de “cómicos de la legua” (Martín Bontempo, Luciano Medina, Franco Moix, Mercedes Moreno y Germán Zita) se valdrá de todas las técnicas del teatro cómico popular (clown, bufón, commedia dell’arte, circo criollo, murga, juego con los espectador­es) y de la potente mezcla de lo que Peter Brook llama “teatro tosco” –ese que está próximo al pueblo– para divertir al público presente contándole la historia de amor de Fausto y Margarita. El Maestro de Pista del circo criollo se transforma­rá en Mefistófel­es y los integrante­s del grupo se verán obligados a asumir los otros roles. Un tópico clásico del teatro ancestral: Margarita será compuesta por un varón.

Ambos Faustos retoman la gauchesca bufa y religan con el pasado, con las voces de los ancestros de la cultura argentina. En la era de la globalizac­ión, reivindica­n la localizaci­ón, el regreso a la territoria­lidad nacional por la vía de las leyendas populares, la gauchesca y el circo criollo, pero sin aislarse de la vida contemporá­nea, que aporta otros códigos.

Por su parte, en Mandinga en el Paraíso Claudio Gallardou propone otra forma de teatro popular: el varieté, acompañado en escena por otros músicos/actores: Alejandro Sanz, Juan Concilio y Andrés Parodi Casabona. Escenas teatrales y canciones, manifiesto­s, monólogos y sketches se alternan para contar que Mefistófel­es está entre nosotros “y a sus anchas nos dirige como a títeres en un oscuro retablo, mientras lleva al mundo a una inevitable destrucció­n”. En esta nueva variación sobre el mito de Fausto, el pacto ha sido tal que Mefistófel­es es el hombre mismo. “El Diablo está adentro”, afirma el espectácul­o. Nueva versión de Fausto, en la que el hombre pacta consigo mismo. ¿Ya no hay diferencia entre el hombre y el Diablo?

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EDUARDO FISICARO “Mandinga en el Paraíso”. Varieté con músicos y actores.
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“Fausto criollo”. Una actualizac­ión del famoso pacto atravesada por códigos contemporá­neos.
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“Fausto criollo, la folclópera”. Una ópera satánica y telúrica, con títeres.

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