Revista Ñ

Diario del clima (y otros apuntes)

- MAURO LIBERTELLA

Si por alguna extraña razón quisiéramo­s saber cómo estuvo el clima en la ciudad de Buenos Aires entre 1992 y 1997, ahora tenemos la informació­n a mano. Como con el I Ching o el Borges de Bioy, lo podemos abrir en cualquier página, al azar, y vamos a leer: “Hoy hace un calor terrible: el verano en su mayor momento, por desgracia” . El libro en cuestión es Diarios de la edad del pavo, de Fabián Casas, que había circulado en una edición reducida de Eloísa Cartonera y que ahora Emecé lanzó al mercado amplio. El objeto reúne los diarios del escritor durante los años de formación, cuando leía casi un libro por día, hacía revistas colectivas con amigos de su generación, conseguía unos mangos como podía, tenía una novia y sufría por lo que sufren todos los diaristas, siempre: por no poder escribir. Porque, si algo define al género de los diarios de escritores, eso es un leitmotiv que los estructura, como un estribillo terrible que se repite, que insiste: no puedo escribir. La paradoja es evidente y siempre seductora: el escritor se queja de que no puede escribir, y lo hace escribiend­o. El lamento por la falta de escritura genera una obra.

Algunas considerac­iones a modo de apuntes sobre los Diarios de la edad del pavo:

–Así como los recientes diarios de Piglia dejaban testimonio de cómo circulaban los bienes culturales en los años 60 y 70, este es el libro sobre los años 90 pero desde el prisma concentrad­o de un ghetto: el de la poesía.

–Cada vez que en el libro se habla de dinero (para consignar ingresos o deudas) se hace en dólares.

–El Casas narrador-personaje de este texto lee al menos cuatro libros por semana. Si todo le produce angustia o incomodida­d (el clima, el trabajo), los libros en cambio le resultan maravillos­os y extraordin­arios, en sus propias palabras. Lee muchas cartas, biografías, testimonio­s y rodea a los autores que le interesan (como Beckett o Joyce) con todo tipo de miscelánea­s. “A mí me gusta que los libros me gusten”, repetiría años después como un mantra, en clara oposición a los que encuentran en los libros ajenos un campo de batalla.

–“Escribo estas cosas para un ilusorio F.C. del año 2000”, dice en uno de los pasajes más bellos y más misterioso­s de este texto, en ese momento clave en que el narrador toma conciencia plena del material que está produciend­o. “Cosas”, le dice, sin embargo, a este texto: un diarista nunca sabe muy bien cómo definir lo que está produciend­o.

–Es que, en efecto, siempre hay un momento de revelación en el que el diarista se da cuenta de que lo más importante que está escribiend­o es justamente el diario. Hasta que le cae esa ficha, Casas considerab­a al diario como un “marcapasos”, una plataforma para calentar el pulso, para no perder ritmo.

–No hay referencia­s políticas. En una década de inflexión para el país, ese cambio está ausente del texto. Si siempre se repite aquello de que en los años 90 la política “se retiró”, este diario evidencia esa huida.

–Los Diarios de la edad del pavo narran también la génesis de escritura de Ocio, la novelita que ahora se acaba de reeditar. En la página 139 hay un momento importante en esa génesis: desde su habitación, Casas escucha que una de sus tías, en el patio de la casa familiar, dice que “son las seis de la tarde y ya se pone oscuro”. El escritor escucha y tiene una epifanía. Anota: “acaba de derribar, esta frase, las tres páginas que tengo escritas de Ocio”. Finalmente, sabemos, esa frase va a abrir la novela. Es el momento cuando un escritor encuentra un tono, un modo de escribir. Como Puig, en la oralidad de dos tías el Casas de los noventa encuentra su modo de decir.

–No hay entrada en la que no se consigne el clima, así como en La novela luminosa de Levrero no hay entrada que no mencione la hora (siempre tarde, siempre en transoche). Esa obsesión casi enfermiza genera, finalmente, una expectativ­a en el lector: empieza el día de Casas y queremos saber si llovía o si estuvo despejado.

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 ??  ?? Formación. En los 90, Casas y sus amigos hacían la revista 18 Whiskys.
Formación. En los 90, Casas y sus amigos hacían la revista 18 Whiskys.

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