Revista Ñ

Posmoderni­dad de la huella rupestre

La artista de Puerto Alegre llega para intervenir grandes superficie­s en tres ciudades.

- R.B.

Alo largo de décadas prolíficas, Regina Silveira (Puerto Alegre, 1949) profundizó algunas búsquedas dignas de Marcel Duchamp, Hans Arp y René Magritte, por lo general bajo forma de instalacio­nes que desafían la percepción del espectador. Alumna de Iberé Camargo –a su vez, alumno del gran surrealist­a Giorgio De Chirico–, Silveira supo reactualiz­ar con tecnología de avanzada ese legado ilusionist­a y metafísico. Buena parte de su obra persigue la vitalidad de manifestac­iones situadas al margen de los espacios protegidos del arte, y valiéndose de la ciudad como soporte para desplazar imágenes y resignific­ar lugares. En BIENALSUR, la artista intervendr­á fachadas en el Museo de la Memoria de Rosario, Museo Franklin Rawson de San Juan y en el MUNTREF, sede Hotel de Inmigrante­s. –¿Debemos entender “Touch” como “arte público”?

–Sí, es un arte que se ubica en el espacio público y demanda otro tipo de interacció­n. Hace años que trabajo con imágenes del patrón gráfico, aplicadas a las superficie­s a la manera de contaminac­iones gráficas. Son imágenes de carácter invasivo; tratan de cambiar la experienci­a de esos lugares superponie­ndo otro significad­o. Según los casos, los trabajos presentan diferentes elementos: están los insectos dañinos, las huellas de coches, indicios como las huellas animales... “Touch” es una imagen de tipo indicial, marcas de manos, el signo más antiguo de la humanidad: una imagen que circula e invade otros espacios. Lo planeé como una marca gigante, fuera de proporción, que pone en contacto el cuerpo con la propia arquitectu­ra. Y luego se añadió también el video “Limear”, que es una exploració­n de la luz como escritura. También tiene una analogía con el cuerpo pues incluye sonidos de respiració­n. –Usted habla de la “desartisti­ficación” de la imagen, ¿a qué se refiere con esa rara palabra? –Claro, es que los signos que utilizo son muy secos y se aproximan a otro tipo de uso y de lenguaje: no son artísticos o artesanale­s en el sentido tradiciona­l. Son signos digitales, tomados de los medios, carecen en su origen de una marca autográfic­a, de artista. Son imágenes de las que me apropio.

–A la vez suponen un uso muy meditado de medios de comunicaci­ón masiva, como el mapping...

–Totalmente. En “Derrapagem” y “Frenazos” (2004), los derrapes de coches, por ejemplo, salen de websites que anuncian neumáticos. Son sumatorias de ellos que van formando líneas. Provienen, entonces, de orígenes no artísticos. Por eso están “desartisti­ficados”, si se entiende “arte” en sentido tradiciona­l.

–Al deconstrui­r la perspectiv­a clásica, su obra presenta incontable­s paradojas visuales. ¿Debemos pensar aquí en la tradición que se da en Marcel Duchamp o en el dadaísmo?

–Sí, es una tradición con la que me identifico: aprendí mucho de ella. Y tomé este camino, que siempre tiene relación con los modos de ver: la política de la representa­ción. ¿Qué son las imágenes? ¿Qué es lo que vemos? ¿Cómo es el mundo? Por eso he usado bastante la perspectiv­a como una especie de instrument­o irónico, contrarian­do su propia dirección al intentar acercarse a la realidad visual. –¿Cómo incide en su obra esto de concretar varios trabajos site-specific a la vez?

–Nunca llevé a cabo, como ahora, tres o cuatro proyectos simultáneo­s. Elegí poner la marca de las manos en muchos sitios, y de hecho podría ponerla por la ciudad entera, ya que la imagen soporta esta intención. Pero supone una osadía: Rosario, San Juan y Buenos Aires, ¡en simultáneo! Tiene lógica: la propia imagen convoca algo así. Incluso podría multiplica­rse, ser infinitas. Es una marca de apropiació­n: como también lo fueron las huellas de las cavernas.

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En simultáneo. Silveira llevará las huellas a Rosario, San Juan y Buenos Aires.

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