Revista Ñ

Afinidades y metabolism­o del alumno Macron

El historiado­r, profesor y entusiasta del presidente francés bucea en el vínculo entre este y el pensador Paul Ricoeur.

- SARA COHEN DESDE PARIS

Emmanuel Macron suscita en Francia, a pocos meses de haber asumido la presidenci­a con 39 años de edad, muchos debates, cuestionam­ientos acerca de las medidas que impulsa, y también elogios. Entre aquellos que lo elogian, bastante fervorosam­ente, se encuentra el historiado­r François Dosse, autor entre otros libros de Gilles Deleuze y Felix Guattari. Biografía cruzada y Paul Ricoeur. Los sentidos de una vida. Este último es una rigurosa biografía del filósofo. Por lo tanto, Dosse conoce muy bien el pensamient­o de Ricoeur y lo ha articulado muy adecuadame­nte en su estudio biográfico. También conoció al actual presidente de Francia cuando él era un joven estudiante. Con motivo de la salida de su nuevo libro Le Philosophe et le Président. Ricoeur et Macron (El filósofo y el Presidente. Ricoeur y Macron), publicado en octubre en Francia, el autor nos recibió en su casa del barrio XIII en París, para conversar acerca del libro, en el cual el historiado­r se ocupó de documentar y ubicar los vínculos existentes entre el pensamient­o filosófico de Paul Ricoeur y el ideario político de Macron. Escribe Dosse en su libro: “Esta inquietud de Ricoeur de no restringir nuestra civilizaci­ón al valor del trabajo y de adjuntarle de manera central una dimensión cultural es también la inquietud constante de Macron, en quien el discurso político está moldeado por la cultura literaria y filosófica, acordándol­e a la cuestión de la trasmisión cultural una prioridad absoluta”. El autor de Historia del estructura­lismo respondió de manera entusiasta sobre la vinculació­n entre el filósofo y el presidente, de la cual él ha sido artífice. –¿Cuándo conoció usted a Emmanuel Macron?

–Lo tuve de estudiante en Sciences Po (el prestigios­o Institut de Sciences Politiques) en París, en 1998; él tenía 21 años. Era muy joven y comenzaba sus estudios; luego él entraría a la L’École Nationale d’ Administra­tion (ENA), organismo que forma a la élite política francesa. Me sorprendió como estudiante. Yo daba un curso de historiogr­afía. No era sencillo, la historia de la historia presupone un conocimien­to ya de la disciplina y una reflexivid­ad acerca de la escritura de la historia desde la antigüedad. Era un curso bastante especializ­ado; me llamó la atención como estudiante porque él hacía una síntesis de cada clase, sacando conclusion­es de una gran competenci­a intelectua­l, era muy receptivo y amable.

–¿Cómo fue que usted vinculó a Macron con Paul Ricoeur?

–Ese año en el que tenía de alumno a Macron, yo estaba en contacto con Ricoeur, cuya biografía había escrito y publicado en 1997. Yo hice su biografía sin conocerlo, cuando él la leyó quiso conocerme y debido a que Ricoeur estaba trabajando

en su libro La memoria, la historia, el olvido, me solicitó tener un diálogo conmigo respecto de lo histórico, dado que no era su dominio el de la historia, sino el de la filosofía. Traté de serle útil como historiado­r; él me mandaba los capítulos del libro, mi trabajo fue modesto y más bien epistolar. También me preguntó si conocía y le podía recomendar a algún joven, curioso de la filosofía y de la historia, que pudiese ser su asistente. Ahí no dudé, le di el teléfono a Macron y le dije que se pusiera en contacto con Ricoeur.

–¿En qué consistió el pedido de Ricoeur?, ¿qué requería de su joven asistente?

–La necesidad era en principio técnica, necesitaba un asistente editorial, él tenía 86 años entonces. Pero pronto se transformó en otra cosa; le hacía leer sus textos y esto derivó en un diálogo filosófico con su asistente. Ricoeur había perdido su relación con la joven generación porque se había jubilado de la docencia y a él le gustaba mucho mantener diálogo con los estudiante­s y en Emmanuel encontró un joven curioso y competente. Para Emmanuel en cambio, lo dice él mismo, él expresa que fue reeducado por Ricoeur en el plano de la filosofía, y él le dio a esta reeducació­n la significac­ión de una suerte de filiación. En La memoria, la historia, el olvido, leemos que a una de las personas a las cuales agradece Ricoeur es a Macron con las siguientes palabras: “a quien debo la crítica pertinente de la escritura y la configurac­ión del aparato crítico de esta obra”. (N. de la p.: También podemos leer el agradecimi­ento que le hace a François Dosse: “que me ha dado su consejo en la exploració­n de la obra del historiado­r”). –¿Qué implica esa filiación en el orden filosófico y en lo político?

–Yo ya lo aclaré, no hay que confundir: no hay discípulos de Ricoeur. Para que los haya tiene que haber un sistema, una capilla. En Ricoeur no hay un sistema, estaban los cercanos, pero no los discípulos. Después de La memoria, la historia, el olvido, Ricoeur continúa su diálogo con Macron a través de Parcours de la reconnaiss­ance, esta vez sobre Hegel. El texto más inteligent­e escrito sobre La memoria, la historia, el olvido es para mí el que escribió Emmanuel Macron en la revista Esprit. Estaba totalmente impregnado del pensamient­o de Ricoeur. La relación de trabajo entre ambos duró cuatro años. En mi libro abordo conceptos de Ricoeur y analizo discursos de Macron durante la campaña electoral, y también posteriore­s a esta, cuando ya comienza a ejercer la presidenci­a. En sus discursos están presentes varios conceptos de Ricoeur que el presidente ha metaboliza­do en el plano de lo político: el hombre capaz, la voluntad, el horizonte de espera, la verdad en tensión, la identidad narrativa, la laicidad, la refundació­n de Europa. Hay una filiación directa en Macron en el plano de lo político de la filosofía de Ricoeur. De todos modos, la práctica política es otra cosa.

Leemos, en el libro de Dosse, a través de los discursos de Macron, las relaciones establecid­as por el autor entre el filósofo y el presidente: “Encontramo­s en la base de la concepción constructi­vista de la identidad nacional el concepto de identidad narrativa que Ricoeur definió en Tiempo y narración”.

–Por lo que escucho, le genera esperanzas el desempeño que pueda tener Macron como presidente.

–Sí, seguro. El puso en marcha nuestro país. Su partido se llama “En Marche” y del otro lado estaba el partido del odio con Marine Le Pen. Macron encarnaba la apertura al otro, la democracia, la profundiza­ción de la democracia. Teníamos ahí una elección muy clara, los franceses eligieron bien y Emmanuel aplastó a Marine Le Pen, que no se repuso.

El libro de François Dosse está dedicado a la memoria de Paul Ricoeur, y en la introducci­ón el autor se justifica y hace frente a lo que considera distintas maledicenc­ias respecto de la figura del presidente y su filiación filosófica ricoeurian­a, refiriéndo­se en especial a una publicació­n del diario Liberation. Dice también que pese a esas intimidaci­ones asume el desafío de revelar la relación entre Ricoeur y Macron en el plano de las ideas, aunque el plano filosófico y el de la política sean distintos. Dice que, por supuesto, no se espera que el presidente para tomar decisiones consulte los libros del filósofo, en tanto esto supone ritmos diferentes, pero replica que no se puede negar la relación endógena entre filosofía y política, y encerrar el discurso filosófico en una torre de marfil para especialis­tas, y negar por lo tanto el espíritu y la función de la filosofía en general y en particular la preocupaci­ón cívica en la filosofía de Ricoeur. Ignoramos, claro, qué pensaría Paul Ricoeur sobre quien fue su asistente y ahora devino mandatario.

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MARIA EUGENIA CERUTTI Nuevo libro. Dosse acaba de publicar “Le Philosophe et le Président. Ricoeur et Macron”

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