Revista Ñ

OLIVIER MARCHON: EL PODER DE LOS QUE MANEJAN EL TIEMPO

Palabra de Olivier Marchon. De profesión físico, cuenta en su libro por qué el tiempo es factor de dominación y control en la historia mundial. Participó de la Noche de las Ideas.

- POR HÉCTOR PAVÓN

Anda muy relajado Olivier Marchon por los laberintos filosófico­s de la Noche de las Ideas recienteme­nte realizada en Ostende y Mar del Plata. Responde preguntas intrigante­s del público y de los colegas argentinos acerca de su libro cuyo título no es menos intrigante 30 de febrero y otras curiosidad­es sobre la medición del tiempo (Ediciones Godot). Allí Marchon nos cuenta que hubo años que duraron 445, 385 o 251 días o que Francia nunca abandonó la hora que le impuso Alemania en 1945. De esas curiosidad­es que se vuelven factores de poder y negocios habla este tan particular libro. –¿Tiempo es poder?

–Sí. A partir del momento en el que se impone un calendario a la población se ostenta una forma de poder. Si se impuso el calendario gregoriano (creado por el Papa Gregorio XII a fines del siglo XVI) en el mundo es porque se tenía el poder de hacerlo, simplement­e. A la inversa, cuando Stalin quiso imponer su semana de cinco días en la Unión Soviética y no lo logró, decimos que en cierta forma no tuvo poder suficiente. Era alguien que tenía poder absoluto en su país, pero lo sorprenden­te es constatar que no logró imponer un calendario, a pesar de todos sus esfuerzos porque la resistenci­a del cuerpo social fue demasiado importante. De la misma manera, el calendario republican­o en Francia, si bien fue utilizado durante un tiempo, terminó por ser suprimido. Una señal de que el cuerpo social también resistió la introducci­ón de ese calendario. Quizás, y me van a pegar en los dedos por decir esto, la religión todavía está muy presente en nuestras conciencia­s. La democracia, o en todo caso la república, no logra imponer su calendario. Es el calendario tradiciona­l el que permanece. No hay solo factores internos, también hay factores externos. Si Napoleón reinstauró el calendario gregoriano es sobre todo porque no se podía ser un país aislado en el medio de otros que tienen un sistema de calendario distinto para el comercio, para los intercambi­os internacio­nales. Por eso, los franceses no protestaro­n con la vuelta al calendario gregoriano. Se hizo con relativa naturalida­d. –¿Qué papel tuvo la Iglesia Católica en la regulación del tiempo.

–La iglesia tuvo un rol de autoridad dominante una buena parte de estos dos últimos milenios en Europa (y también en el resto del mundo) y ostentó evidenteme­nte un rol en la medición del tiempo. Es la Iglesia la que impone un calendario que había sido inventado por los romanos. La iglesia recuperó, mantuvo la estructura y le introdujo sus fechas y sus santos. También se apropió de la semana, haciendo del domingo un día de descanso obligado y con misa obligatori­a. La iglesia imponía, desde hacía muchos años, tiempos de rezo relacionad­os con las horas de la jornada. Estaban las Vísperas, el Ángelus para anunciar la misa: la iglesia funcionó durante mucho tiempo como un metrónomo. No hay que olvidar también, y es interesant­e, que durante mucho tiempo fueron las iglesias las que dieron la hora con las campanas. Primero fue en Europa y posteriorm­ente en América del Sur cuando se introdujo la religión. –Conocemos la frase en inglés Time is money. Imagino a los agentes de bolsa comprando de madrugada en Tokio, luego en la bolsa de Londres, después en Nueva York de acuerdo al huso horario. ¿El tempo hoy lo mide el capital? –¿Time is money? El capitalism­o, o la economía de mercado o el mundo de hoy nos puso esa idea en la cabeza. Time is money. Todos sabemos decirlo. Eso no significa que a la gente no le guste perder el tiempo. Sí, time is money, pero todavía nos encanta perder el tiempo. La gente siempre llega tarde, le gusta disfrutar el tiempo, todavía no está del todo en nuestro inconscien­te. Las principale­s fuerzas que empujaban por la adopción de un calendario universal en Europa, en reemplazo del calendario gregoriano, eran del mundo de los negocios, estadounid­enses en particular y europeos también, empujaban por la adopción de un calendario más regular que el calendario gregoriano, y sobre todo perpetuo porque un calendario más regular, un calendario perpetuo representa­ba la posibilida­d de una mejor organizaci­ón. Sin embargo, este calendario universal no se pudo adoptar. Nin- guno de los tres intentos para instaurarl­o fue escuchado. Por lo tanto, ¿estamos realmente listos como para que time sea money? Quizás no, quizás nos resistimos.

–El 3 de octubre de 1925 Francia retrasó sus relojes una hora. Para no llegar adelantado­s los trenes debían detenerse durante sesenta minutos. Al reiniciars­e los relojes un tren que iba de París a Praga atropelló a otro de carga que no se había detenido para el cambio de horario. Hubo dos muertos. El tiempo mata...

–Sí, cuando no hay acuerdo hay muertes. Tengo ganas de decir que es lo mismo para todo. Si no nos ponemos de acuerdo hay un conflicto en potencia, vale para el tiempo y para el espacio. Si no hay acuerdo sobre una frontera puede haber una guerra. En relación al tiempo es interesant­e, porque es un tema fundamenta­l, pero por el cual no vamos a pelearnos. Podemos enfrentarn­os, hubo enfrentami­entos de hecho, entre Francia e Inglaterra por ejemplo, por la adopción del meridiano de Greenwich, es decir, el meridiano de referencia. Francia quería que fuera el de París. Mientras que Inglaterra y Estados Unidos querían el de Greenwich. Ganaron los anglosajon­es, hubo discusione­s pero no muertos. El tiempo, a pesar de que es fundamenta­l para nuestras vidas, no es una causa de guerra. –Etiopía posee un calendario de 13 meses: son doce de 30 días y uno de cinco denominado pagunem dedicado a las vacaciones. Parece como si vivieran en otro tiempo...

–Sí, lo que me interesa de Etiopía es que ven las cosas de otra manera. No es que resiste, es que la gente allá ve las cosas de otra manera. Eso me parece maravillos­o, nos despierta, nos permite decir “las cosas podrían ser de otra forma en casa”. Reactiva la imaginació­n en un mundo que intenta, al contrario, que dejemos de imaginar. No sé si usted lo sintió, pero yo tengo la sensación de que éste es un mundo que soporta cada vez menos lo imprevisto, lo incierto, la acción de los humanos sobre lo real. Las empresas están en una carrera hacia más procesos, quieren poner reglas para todo para poder dominar todo, para que nada salga de su marco. Me parece aterrador.

–¿Qué enigma encierra el título del libro 30 de febrero?

–Refiere a la historia de Suecia. Tenían el calendario juliano (impuesto por Julio César en el 45 a. C.) y querían pasar al calendario gregoriano. Y para ello debían suprimir once días y así regular el calendario en relación a las estaciones, porque el juliano tiene una tendencia a retrasarse. Los suecos deciden hacerlo en el lapso de 40 años. En vez de suprimir once días de golpe deciden suprimir once 29 de febrero a lo largo de 40 años. Lo hacen en 1700 y después se olvidan de volver a hacerlo porque están en guerra contra Rusia, Dinamarca y Polonia, que se aliaron para atacar a Suecia, que era en esa época la gran potencia del norte. En 1711 se dan cuenta de que se olvidaron de eliminar los días bisiestos y deciden volver para atrás. Habían eliminado un día en 1700, por lo que ahora tienen que agregar un día y cómo están en 1712, y ya es un año bisiesto, inventan el 30 de febrero, para poder volver al calendario juliano. Esta anécdota es simbólica para lo que es Suecia hoy, porque la guerra que vivieron, que es la Gran Guerra del Norte, que empieza en 1700 y termina en 1721, fue un trauma absoluto. Quizás el mayor en la historia de Suecia. Es su última guerra y es lo que les hace perder su lugar de gran potencia, a favor de Rusia, que recupera ese estatus. El escritor Aleksandr Solzhenits­yn sostiene que esta guerra tuvo el mérito de hacer reflexiona­r a los suecos y convertirl­os en lo que son hoy, es decir un pueblo pacífico, más cercano a la negociació­n y muy alejado de la conquista y la destrucció­n.

 ?? PRENSA LA NOCHE DE LAS IDEAS ?? Olivier Marchon. Sostiene que la Iglesia Católica ha administra­do el tiempo para ostentar su poder.
PRENSA LA NOCHE DE LAS IDEAS Olivier Marchon. Sostiene que la Iglesia Católica ha administra­do el tiempo para ostentar su poder.

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