Revista Ñ

LA FIGURA MORAL DEL VECINO PORTEÑO

El sociólogo Matías Landau rastrea los cambios en las demandas populares y sus respuestas políticas en la historia de la ciudad de Buenos Aires, hasta hoy.

- POR EZEQUIEL FERNÁNDEZ BRAVO

En Gobernar Buenos Aires. Ciudad, política y sociedad, del siglo XIX a nuestros días, (Prometeo) el doctor en Ciencias Sociales Matías Landau recorre más de un siglo de historia de la ciudad. Y rastrea el modo en que se articulan las demandas populares y las respuestas políticas y eruditas que redefinier­on qué es Buenos Aires, quiénes son sus legítimos integrante­s, y quiénes y cómo deben gobernarla. Desde la federaliza­da de 1880 hasta la autónoma del presente, Landau se vale de la Sociología y la Historia para poner en diálogo las problemáti­cas políticas, municipale­s y jurídicas con el desarrollo territoria­l y social, los saberes expertos y la construcci­ón de institucio­nes que atravesaro­n a la metrópoli. En esa lectura, que estudia las tensiones urbano-sociales y político-municipale­s, el autor periodiza ocho etapas en las formas de gobernar la ciudad que es una y muchas.

–Recorrés más de un siglo de historia porteña. ¿Por qué esa longitud temporal y qué líneas de lectura trazaste en ese recorrido? –Necesitaba un periodo extenso para observar cómo se transforma­ron las concepcion­es de la ciudad y su gobierno y trabajar esa dialéctica entre lo mismo y lo diferente. Si bien hay novedades en las formas contemporá­neas de gobernar, muchas aparecen en distintos momentos de la historia porteña. En ese derrotero, identifico ciertos marcos de inteligibi­lidad. Primero, el auge y declive de lo social: desde la ciudad concebida desde una matriz civil a la aparición de una mirada social, entre fines del siglo XIX y principios del XX, que se desarrolla y llega a su auge a mediados del siglo, para entrar en crisis a partir de la década de 1970. Segundo, la tensión entre lo civil y lo político: la negación de Buenos Aires como un cuerpo político autónomo a lo largo de cien años, que culmina con la autonomía en 1996. Si bien no es lineal, este proceso termina por construir una nueva forma de pensar la ciudad. Y, para complejiza­r más, analizo estas cuestiones a partir de distintas figuras como la estructura­ción de los gobernante­s: el título de concejal, por ejemplo, quiere decir a fines del siglo XIX algo muy distinto que a finales del XX.

–Otro de los ejes es la relación entre las figuras del vecino, el ciudadano y el trabajador y sus significad­os. ¿Qué cambios encontrast­e?

–A fines del siglo XIX, la idea del vecino legitimaba la desigualda­d. En el plano municipal, solo lo eran los contribuye­ntes. Como legítimos integrante­s de la municipali­dad, se diferencia­ban respecto del resto que transitaba­n o vivían en ella y que, en muchos casos, ni siquiera eran considerad­os como trabajador­es. En las primeras décadas del siglo, las demandas de mayor participac­ión y los debates políticos, junto a la emergencia de la construcci­ón de la figura moderna del trabajador, permitiero­n incorporar miradas sociales y una democratiz­ación de la categoría de vecino. Luego, durante el peronismo, lo social fue fundamenta­l en la idea de gobierno, al punto de profundiza­r ciertas miradas que venían del siglo XIX y pensar Buenos Aires como una ciudad nacional, negando cualquier tipo de autogobier­no municipal. La figura del vecino perdió peso como forma de inscripció­n a la ciudad y la ganó una idea del ciudadano, no en términos políticos sino sociales, en la que primó la inscripció­n de los individuos en el todo colectivo de la nación. –¿Cómo afectó a la articulaci­ón de esas figuras la crisis de lo social y lo urbano de 1970? –Por un lado, volvió a traer a colación la idea del vecino como forma de identifica­ción con un espacio específico de la ciudad y co- mo forma de jerarquiza­ción moral. Cuando la ciudad empieza a fragmentar­se, se volvió a apelar a esa figura como la legítima interlocut­ora de las autoridade­s públicas. Desde el punto de vista de la categoría de ciudadano, a lo largo de siglo XX los porteños fueron ciudadanos nacionales que vivían en Buenos Aires. Con el proceso de autonomía, esa figura ganó un peso fundamenta­l y por primera vez se pensó a la ciudad como un cuerpo político. No obstante, la idea de vecino no desapareci­ó como forma de jerarquiza­ción moral o de incorporac­ión de una desigualda­d dentro de una matriz igualitari­a como la de ciudadanía.

–¿Qué metáforas se pensaron y cuál fue su potencia? –Entre finales del siglo XIX y principios del XX primaron dos concepcion­es. Por un lado, en la problemáti­ca municipal primó una doméstica, que pensaba el municipio como una familia ampliada donde las tareas estaban atadas a los intereses civiles en común de los vecinos contribuye­ntes. Por otro, con el crecimient­o demográfic­o y el desarrollo urbano tomaron prepondera­ncia concepcion­es higienista­s. Con el cambio de siglo, estas dos posiciones antagónica­s confluyero­n en nuevas miradas del derecho municipal y del urbanismo. Para estas, Buenos Aires era a la vez una unidad urbana y municipal, un conjunto de interdepen­dencias dadas en un territorio. Bajo el rótulo de la ciudad moderna apareció un fuerte desarrollo de lo social y una concepción funcional que se potenció hasta mediados de siglo. Cuando pasó a ser una metrópoli, se desacopla lo urbano de lo municipal y se introducen ideas de la ciudad como una sumatoria de fragmentos. Por último, hacia fines de siglo emerge una concepción de Buenos Aires como un cuerpo político de ciudadanos.

–¿Cómo influyó el cosmopolit­ismo porteño? –La ciudad se caracteriz­ó por una relación muy estrecha con centros como París, Londres o Nueva York y por una avidez de incorporar saberes de manera temprana. Esa construcci­ón de redes de intercambi­os puede observarse ya desde fines del siglo XIX en las ideas del higienismo o el derecho municipal, pero también en ciertas figuras como Adolfo Posada, Carlos Thays o Léon Duguit. Ellos no solo fueron leídos, sino invitados a dar conferenci­as y vincularse con las elites políticas y académicas locales o, en otros casos, contratado­s como expertos por la municipali­dad. Así, no solo la circulació­n de discursos, sino la materialid­ad evidenciad­a en individuos, institucio­nes e intercambi­os es también fundamenta­l en el desarrollo de saberes expertos.

–¿Qué relaciones se establecie­ron entre gobernante­s y gobernados en la configurac­ión de esos saberes?

–La invocación a la participac­ión de los vecinos en la toma de decisión conjunta con las autoridade­s públicas puede rastrearse desde las primeras sociedades de fomento, a fines del siglo XIX, y continúa a lo largo del siglo. Estas iniciativa­s se vinculan con la idea de que el gobierno en la ciudad es, en el fondo, algo relativame­nte sencillo y no conflictiv­o, a diferencia de la nación o la sociedad. A su vez, desde las primeras décadas del siglo pasado, con los procesos de metropoliz­ación, crecimient­o urbano y complejiza­ción social, emergió la concepción de que la ciudad tenía que ser gobernada por expertos. Incluso la idea del intendente como experto, como un manager más que como un político, que aparece en 1930 y puede ser rastreada posteriorm­ente, incluidos los últimos Jefes de Gobierno, Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta. Durante la década de 1970 y con más fuerza después de los 80 empezaron a criticarse esas formas técnico-expertas de resolucion­es gubernamen­tales y se desarrolla­ron formas participat­ivas que incorporar­on un saber de la experienci­a cotidiana. Allí reaparece ese vínculo cercano y de participac­ión, combinando ciertas novedades con una vieja tradición de gobierno.

–¿Qué implicanci­as tuvo para las trayectori­as políticas de quienes gobernaron Buenos Aires la autonomía de la ciudad?

–A lo largo del siglo la figura del intendente estuvo muy vinculada a la del Presidente. De hecho, no hubo grandes figuras o intendente­s con carreras políticas muy importante­s. Entre otras cosas, porque los perfiles eran más técnicos, respondían a una lealtad política, o ambas. Eso se modificó a partir de la autonomía.

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JUAN MANUEL FOGLIA En el siglo XX, los habitantes de Buenos Aires eran “ciudadanos nacionales”, dice el autor.
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Gobernar Buenos Aires. Ciudad, política y sociedad, del siglo XIX a nuestros días. Matías Landau Editorial Prometeo30­0 págs. $ 520

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