Revista Ñ

El bendito dinero y sus dramas cotidianos

Ficción. Admirados por John Updike y Lorrie Moore, un conjunto de relatos poblados de personajes excéntrico­s y siniestros, de Deborah Eisenberg.

- POR VERÓNICA BOIX

La literatura, se sabe, está hecha de más literatura. Aún así algunos autores como Deborah Eisenberg parecen construir en sus frases un espacio tan inusual que resulta imposible asociarla con otros. En Estados Unidos, su país natal, se volvió una escritora mítica, admirada por escritores como Lorrie Moore y John Updike. De ahí las expectativ­as que despierta la publicació­n de Taj Mahal, la primera traducción al español de seis de sus cuentos, que solo un escritor con la sensibilid­ad de Federico Falco pudo haber logrado.

Desde el primer cuento, “Tu pato es mi pato”, aparece una agudeza singular para hablar de la experienci­a y el arte. Una escritora y un dramaturgo van a pasar una temporada en la mansión de una pareja de millonario­s. Ese cruce entre la bohemia y el entorno fastuoso genera un escenario excéntrico, con personajes excéntrico­s, que sin embargo, atrapan con una claridad inquietant­e, la sensación permanente de competenci­a individual de la vida contemporá­nea. “Atravieso el tiempo a toda velocidad, atada a esta bomba a punto de explotar que es mi vida. Y además, pareciera que la meta está cada vez más cerca y que la gran intriga es quién llegará primero: el mundo o yo”.

Ese es el primer rasgo que llama la atención en la prosa de Eisenberg: las metáforas desaforada­s que le dan una expresivid­ad inaudita a las escenas. En “Tachar y seguir”, por ejemplo, una mujer se conmociona frente a la noticia de la muerte de un primo que hacía tiempo no veía. “Pero el nudo se deshizo y salí disparada hacia arriba, flotando un instante por fuera de la fuerza de gravedad para después, enseguida, caer con todo mi peso sobre la silla, frente a mi cena. Las grietas se ramificaro­n con violencia a lo largo y a lo ancho de mi compostura y, a través de ellas, comenzó a drenar mi familia”. Es exactament­e eso lo que hace la narración, deja que las escenas significat­ivas fluyan a través de la historia para reconstrui­r los vínculos de esta mujer. La madre que aparece en el relato es de las más siniestras que dio la literatura.

Podría decirse que el tema del dinero y el lugar que ocupa en la sociedad actual atraviesan, de una u otra forma, todas las historias. Incluso cuando la economía no es parte de las preocupaci­ones de los personajes, aparece la presión que ejerce lo material en sus decisiones. Es decir, en las historias de

Eisenberg la crisis del capitalism­o tardío va a encarnar en los pequeños dramas cotidianos. Puede ser que “La capacidad de combinar” sea el relato que aborda esta cuestión de forma más explícita, a través de una historia narrada desde tres puntos de vista: el del hijo de un millonario corrupto, una viuda ya anciana y una chica que trabaja en una organizaci­ón humanitari­a. Tres perspectiv­as que, en su distancia, reflejan la diversidad de maneras de enfrentar el materialis­mo de hoy.

Ya sea un duelo, la locura, el amor, la identidad, la amistad, los proyectos personales o la tradición familiar, invariable­mente, en los cuentos el sentido de las experienci­as que atraviesan los personajes tiene la fuerza dramática del relámpago. Y puede alcanzar también una dimensión lírica, como ocurre en “La tercera torre”, una historia sobre la locura y la creativida­d. La sensación es estar frente a un fenómeno no del todo comprensib­le, pero deslumbran­te.

Claro que eso no quiere decir que sean relatos intrincado­s; hay cierta complejida­d, es cierto, pero la lectura es fluida. Resulta imposible no quedar cautivado por los hilos invisibles que mueven las historias como si fueran criaturas vivas. Si bien todas ellas son muy distintas entre sí, forman parte de un mismo territorio: una arquitectu­ra compleja, con idas y vueltas en el tiempo, multiplici­dad de voces y puntos de vista, personajes profundame­nte humanos y la inquietud evidente por el mundo contemporá­neo. A esta altura se vuelve vidente que Eisenberg tiene eso que de tanto nombrarse perdió sentido: una voz propia. Es decir, descubre en su escritura el lado oculto de las palabras y logra darle voz al secreto que aún anida detrás del lenguaje.

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236 págs.
Taj Mahal Deborah Eisenberg Trad. Federico Falco Chai Editora 236 págs.

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