Sa­lud

El cán­cer de piel es la for­ma más co­mún de cán­cer en el ser hu­mano. La ex­po­si­ción reite­ra­da a las ra­dia­cio­nes ul­tra­vio­le­tas, pro­ve­nien­tes del sol o de las ca­mas so­la­res, es la cau­sa más fre­cuen­te y la úni­ca que tie­ne prevención.

Saber Vivir (Argentina) - - SUMARIO -

10 con­se­jos vi­ta­les que de­be te­ner en cuen­ta an­tes de ex­po­ner­se al sol. Me­nú in­fan­til es­pe­cial para el ve­rano que se vie­ne. La aci­dez fre­cuen­te afec­ta al 20 por cien­to de la po­bla­ción. Por pri­me­ra vez en Amé­ri­ca La­ti­na se im­plan­tó un car­dio­des­fi­bri­la­dor sub­cu­tá­neo en un ado­les­cen­te. Evi­te ries­gos para fu­ma­do­res pa­si­vos.

"La pre­mi­sa es per­ma­ne­cer aler­ta, ya que cual­quier par­te del cuer­po (el ros­tro, la ca­be­za, la es­pal­da, los em­pei­nes o las plan­tas de los pies) pue­de ser víc­ti­ma del cán­cer de piel. Por eso, mi­re su piel y la de los que es­tán cer­ca. Lle­ve sus du­das a un der­ma­tó­lo­go. Que sus man­chas es­tén ba­jo con­trol.” Es­ta es la pro­pues­ta que des­de año rea­li­za la So­cie­dad Ar­gen­ti­na de Der­ma­to­lo­gía cuan­do lle­ga es­ta épo­ca del año y se apro­xi­man los pri­me­ros ca­lo­res pe­li­gro­sos. Y en­tre sus vi­ta­les re­co­men­da­cio­nes, se en­cuen­tran 10 con­se­jos cla­ve para pro­te­ger la piel del sol.

Uno por uno

Ti­po de piel. To­dos te­ne­mos que cui­dar­nos, pe­ro es­pe­cial­men­te las per­so­nas de piel y ojos cla­ros. Las que siem­pre en­ro­je­cen, y nun­ca se bron­cean, de­ben es­tar más aler­tas. Tam­bién aque­llas que ten­gan mu­chos lu­na­res. Há­bi­tos.

Quie­nes se ex­po­nen o se ex­pu­sie­ron al sol en for­ma ex­ce­si­va, o ha­yan su­fri­do que­ma­du­ras so­la­res im­por­tan­tes, tie- nen ma­yor ries­go de pa­de­cer cán­cer de piel. Los efec­tos de los ra­yos ul­tra­vio­le­tas son acu- mu­la­ti­vos y pro­du­cen cam­bios irre­ver­si­bles en la es­truc­tu­ra nor­mal de la piel.

He­ren­cia. Las per­so­nas con an­te­ce­den­tes fa­mi­lia­res de cán­cer de piel de­ben pres­tar mu­cha aten­ción y con­tro­lar­se más se­gui­do. Se­ña­les.

Al­gu­nos de los sig­nos de alar­ma más fre­cuen­tes son la apa­ri­ción de man­chas o lu­na­res nue­vos. Tam­bién los cam­bios de co­lor, for­ma, tex­tu­ra

“Al­gu­nos de los sig­nos de alar­ma más fre­cuen­tes son la apa­ri­ción de man­chas o lu­na­res nue­vos. Tam­bién los cam­bios de co­lor, for­ma, tex­tu­ra o ta­ma­ño en los de siem­pre; las he­ri­das que no ci­ca­tri­zan; cual­quier man­cha que pi­que, ar­da, des­ca­me o san­gre”.

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