Mas­co­tas

Sa­bi­do es que los pe­rros y los ga­tos son los ani­ma­les do­més­ti­cos por ex­ce­len­cia, pero la lis­ta es más lar­ga y se sor­pren­de­rá por có­mo es­tá com­pues­ta.

Saber Vivir (Argentina) - - SUMARIO -

¿Cuá­les son las mas­co­tas más co­mu­nes?

Las

fa­mi­lias ac­tua­les tie­nen di­fe­ren­tes com­po­si­cio­nes. Hoy en día exis­ten ho­ga­res mo­no­pa­ren­ta­les, per­so­nas que vi­ven so­las, fa­mi­lias nu­me­ro­sas, etc... En ca­da una de ellas hay di­fe­ren­tes re­la­cio­nes que unen a sus in­te­gran­tes y en mu­chas de ellas tie­nen una im­por­tan­te pre­sen­cia las mas­co­tas.

Ani­ma­les co­mo los pe­rros o los ga­tos, con­vi­ven con ni­ños y adul­tos con los que com­par­ten to­das sus vi­ven­cias. Asi­mis­mo, otros ani­ma­les do­més­ti­cos co­mo los pe­ces o los hams­ters se cue­lan en mu­chas ca­sas pa­ra ha­cer las de­li­cias de sus due­ños.

Exis­ten una se­rie de mas­co­tas que son las más co­mu­nes a lo lar­go de to­do el mun­do. El pe­rro es, sin du­da, el rey de los ani­ma­les do­més­ti­cos.

1. Pe­rros

Las mas­co­tas más co­mu­nes son los pe­rros. Es­tos ani­ma­les se al­zan co­mo el ani­mal do­més­ti­co por ex­ce­len­cia. Su ins­tin­to de pro­tec­ción y la com­pa­ñía que ofre­cen ha­cen que los pe­rros se con­vier­tan en un miem­bro más de mu­chas fa­mi­lias. Los pe­rros son ami­gos in­con­di­cio­na­les de sus amos y, por eso, mu­chas per­so­nas no pue­den vi­vir sin ellos.

Ade­más, en mu­chos ho­ga­res re­cu­rren a la com­pa­ñía de un pe­rro pa­ra pro­te­ger sus ca­sas. El ins­tin­to de pro­tec­ción de es­tos ani­ma­les ha­ce que sean cla­ve, por ejem­plo, en las cla­ses de cam­po.

En las ca­sas con jar­dín, ade­más, ha­cen que los pe­rros pue­dan dar rien­da suel­ta a sus ne­ce­si­da­des de co­rrer y ga­lo­par sin pro­ble­mas de es­pa­cio. Hay de­ter­mi­na­das ra­zas de pe­rros que se adap­tan me­jor a ca­da am­bien­te. Por ello, hay pe­rros que vi­ven sin pro­ble­ma en un pi­so, mien­tras otros re­quie­ren de es­pa­cios más am­plios y abier­tos pa­ra su con­fort.

2. Ga­tos

Los ga­tos son los se­gun­dos en la lis­ta de mas­co­tas. Es­tos ani­ma­les do­més­ti­cos tie­nen gran­des adep­tos por la com­pa­ñía in­fi­ni­ta que ofre­cen. No obs­tan­te, son mu­chas las per­so­nas rea­cias a con­vi­vir con un ga­to. Los ga­tos no siem­pre han si­do ani­ma­les de com­pa­ñía, ya que sus orí­ge­nes son cla­ra­men­te sal­va­jes.

Los aman­tes de los ga­tos son fie­les a ellos y no pue­den des­pe­gar­se de sus mas­co­tas. Se tra­ta de ani­ma­les muy lim­pios y dó­ci­les. No re­quie­ren gran­des cui­da­dos y son de lo más ca­ri­ño­sos con sus amos. Eso sí, el ga­to se­rá rea­cio a las vi­si­tas que lle­guen a su ho­gar y re­que­ri­rán cier­ta adap­ta­ción cuan­do lle­gue un nue­vo miem­bro a la fa­mi­lia. Ade­más, du­ran­te el em­ba­ra­zo hay que to­mar al­gu­nas pre­cau­cio­nes en el con­tac­to en­tre la fu­tu­ra ma­dre y el ani­mal.

3. Háms­ters

Es­tos roe­do­res son uno de los prin­ci­pa­les ani­ma­les do­més­ti­cos en las ca­sas don­de hay ni­ños. Son, en mu­chas oca­sio­nes, la pri­me­ra mas­co­ta pa­ra al­gu­nos pe­que­ños. No re­quie­ren de­ma­sia­dos cui­da­dos es­pe­cia­les pero sí hay que ga­ran­ti­zar­les unas bue­nas con­di­cio­nes hi­gié­ni­cas y de tem­pe­ra­tu­ra. El háms­ter de­be con­tar con una jau­la ho­mo­lo­ga­da en la que co­me­rá, dor­mi­rá y ju­ga­rá. Exis­ten nu­me­ro­sos mo­de­los en el mer­ca­do, con los que el ani­mal se sen­ti­rá de lo más a gus­to.

Hay que te­ner en cuen­ta que el háms­ter es un ani­mal muy pe­que­ño que se pue­de es­ca­par con fa­ci­li­dad y es­con­der­se en el rin­cón más re­cón­di­to de una casa. Por eso, hay que te­ner es­pe­cial cui­da­do en que no sal­ga de su jau­la. Su con­di­ción de roe­dor pue­de ju­gar más de una ma­la pa­sa­da, co­mién­do­se ca­bles o ras­gan­do mue­bles de ma­de­ra.

4. Pá­ja­ros

Pá­ja­ros co­mo los lo­ros o los lla­ma­dos pe­ri­qui­tos son otras de las mas­co­tas más co­mu­nes. En el ca­so de los lo­ros, sue­le ser un di­ver­ti­do ani­mal de com­pa­ñía pa­ra mu­chos jó­ve­nes y adul­tos. Los ho­ga­res en los que hay lo­ros de­ben con­se­guir una tem­pe­ra­tu­ra ideal pa­ra que es­ta ave se sien­ta co­mo en casa. La do­mes­ti­ca­ción de los lo­ros es sen­ci­lla y se con­vier­ten en un ani­mal de com­pa­ñía ideal.

Tan­to los lo­ros co­mo los pe­ri­qui­tos con­ta­rán con sus jau­las es­pe­cí­fi­cas, en las que ten­drán es­pa­cio su­fi­cien­te pa­ra mo­ver­se y re­vo­lo­tear. So­bre to­do en el ca­so de los pe­ri­qui­tos, es im­por­tan­te que se sien­tan li­bres pa­ra mo­ver sus alas y dar rien­da suel­tas a sus can­tos.

5. Pe­ces

Los pe­ces son una de las mas­co­tas más tran­qui­las. No dan tra­ba­jo pero su pre­sen­cia en la pe­ce­ra ofre­ce com­pa­ñía y tran­qui­li­dad a sus amos. Las pe­ce­ras son un ele­men­to fun­da­men­tal pa­ra la con­vi­ven­cia en­tre los pe­ces y los hu­ma­nos. De­be tra­tar­se de un es­pa­cio que cum­pla to­das las nor­mas sa­ni­ta­rias y de se­gu­ri­dad pa­ra el bie­nes­tar de es­tos ani­ma­les de com­pa­ñía. Los pe­ces pue­den con­ver­tir­se en la mas­co­ta ideal pa­ra mu­chos ni­ños. Se les ali­men­ta fá­cil­men­te y la lim­pie­za de su pe­ce­ra pue­de con­ver­tir­se en una ta­rea se­ma­nal pa­ra mu­chos pe­que­ños. El víncu­lo que se crea en­tre los pe­ces y sus amos es de lo más es­pe­cial ■ Fuen­te: https://www.lne.es

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