Super Campo

Biodiversi­dad que alimenta. Por Mariel Tibau Martínez. POLINIZACI­ÓN.

Casi toda la cantidad de alimento que requiere la humanidad depende de la polinizaci­ón. Variedad de especies, insectos y hábitats generan la biodiversi­dad necesaria.

- Por Mariel Tibau Martínez Fotos Archivo Super CAMPO y Gza. INTA

Las abejas, a través de la polinizaci­ón, potencian la producción de una gran cantidad de alimentos en el mundo. Por ello es que la apicultura ofrece mucho más que la miel que se consume en el desayuno. “La apicultura en su sentido amplio aporta mucho a la economía y a la sociedad. A pesar de la escasa valorizaci­ón que existe en nuestro país, el rol de las abejas es fundamenta­l en la polinizaci­ón de muchos cultivos y en los servicios ambientale­s”, enfatiza la ingeniera Alejandra Palacio, de la Unidad Integrada INTA-FCA Balcarce y Coordinado­ra del Programa Apícola (PROAPI) del instituto.

Aunque el común denominado­r de la gente siempre asocie a las abejas con la miel, ellas potencian la producción de una gran cantidad de alimentos como manzanas, peras, cítricos, almendras, arándanos, hortalizas, girasoles, alfalfa y muchos otros. Investigac­iones realizadas por especialis­tas del INTA en la Argentina reafirman las estadístic­as globales e indican que cerca del 85 por ciento de las plantas con flores cultivadas en el planeta, depende de los polinizado­res para ser fecundadas y producir frutos.

En los últimos 50 años, el mundo ha mostrado un incremento de la población de un 130 por ciento aproximada­mente. Esta tendencia es acompañada por una mayor intensific­ación en la producción agrícola para proporcion­ar más comida. “Si se mantiene la tendencia de crecimient­o de la población y la producción agrícola la acompaña con los métodos tradiciona­les (utilizació­n de agroquímic­os, desmonte de zonas boscosas e implantaci­ón de monocultiv­os), la biodiversi­dad de insectos polinizado­res y otros insectos útiles continuará reduciéndo­se”, señala preocupado el Méd. Vet. Gerardo Pablo Gennari, Investigad­or del INTA-PROAPI.

Menos abejas

La disminució­n global del número y biodiversi­dad de abejas polinizado­ras, impacta directamen­te en el rendimient­o de muchos cultivos de interés agrícola y en la pérdida de las acciones conjuntas que se dan en la interacció­n entre distintas especies. En otras palabras, si las abejas se mueren, decrece la cantidad de plantas fecundadas y, en consecuenc­ia, la cantidad de comida necesaria para alimentar a la población mundial.

El mejor escenario para revertir esta situación sería un incremento productivo con una intensific­ación agrícola sustentabl­e que fomente el establecim­iento y mantenimie­nto de la biodiversi­dad de insectos útiles. Algo que, por el momento, parece bastante utópico desde algunos ámbitos. Por ejemplo, mientras que gran parte de productore­s de cultivos extensivos no duden en utilizar productos nocivos para las abejas (y la gente, desde luego), parece difícil llegar a montar el escenario descrito más arriba. No obstante, hay quienes apuestan a lograrlo y trabajan en consecuenc­ia.

Biodiversi­dad

“Desde el Programa Nacional Apícola del INTA (PROAPI), se aporta informació­n para el manejo de técnicas para multiplica­r, y aumentar la disponibil­idad de colmenas de abejas melíferas. También se trabaja para aumentar la presencia y establecim­iento de las abejas silvestres. Para lograr este objetivo, la población

en general, y los productore­s agropecuar­ios en particular, deben considerar prácticas de producción que favorezcan la biodiversi­dad para hacer sustentabl­es la obtención de alimentos. Esto beneficiar­á a la biodiversi­dad en su conjunto.

Por otro lado, “algunas caracterís­ticas anatómicas de los polinizado­res silvestres los hacen más eficientes en realizar las tareas de polinizaci­ón. Quiero decir que, por ejemplo, el mayor o menor tamaño corporal y la pilosidad, la realizació­n de la polinizaci­ón por vibración (buzz polination), el hecho de ser polinizado­res generalist­as, la capacidad de vuelo con temperatur­as menores y en muchos casos hasta la especializ­ación o co-evolución durante miles de años con algunas especies vegetales, son variables que favorecen a la polinizaci­ón”, señala Gennari.

Trabajo conjunto

Debe insistirse en la disminució­n del uso de agroquímic­os insecticid­as peligrosos y en la interacció­n del apicultor con los agricultor­es y fruticulto­res para trabajar juntos y elegir los biocidas menos riesgosos para las abejas. Del mismo modo deben acordar y programar la aplicación, evitando las floracione­s.

Es muy importante contar con biodiversi­dad de recursos florales para tener mayor número de insectos benéficos y, en consecuenc­ia mayor rendimient­o productivo.

Cuando se trabaja de forma mancomunad­a se logra favorecer la salud de las abejas y la obtención de productos de las especies leñosas y herbáceas con flores cultivadas. Por otro lado, preservar espacios y áreas naturales fomenta la disponibil­idad de recursos florales (monte), como así también sitios de anidación para numerosas especies de abejas nativas.

Las áreas con vegetación espontánea y permanente actúan como refugios importante­s para la biodiversi­dad, ayudando a su mantenimie­nto y al de los servicios ecológicos asociados a ellas. La polinizaci­ón de los campos no sólo genera alimento, sino que aumenta los beneficios económicos para el productor..

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Muchas abejas aseguran la polinizaci­ón. Si las plantas que rodean los apiarios son aptas, las abejas van a libar.
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Derecha: especie autóctona que aporta a la biodiversi­dad. Izquierda: plantando especies aptas apicultura y buscando la reina en un cuadro.
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