Super Campo

TAMBO. La producción crece con ordeño robotizado. Por Luis Machado.

Con el sistema de cama de compost y robots, el tambo San Silvestre, en Trenque Lauquen, aumentó en 10 litros la producción diaria de leche por vaca.

- Por Luis Machado Fotos gentileza Mastellone Hnos.

La automatiza­ción de las tareas avanza en todas las áreas del sector agropecuar­io. En lechería, la incorporac­ión de robots comienza a extenderse en la Argentina y en la cuenca del oeste bonaerense, más precisamen­te en Trenque Lauquen, Carlos Turchi es pionero con la instalació­n de dos robots en un sistema de cama de compost, que comenzaron a trabajar en abril de este año.

Turchi tenía un tambo con alrededor de 1.000 vacas en ordeño y hace dos años, en un viaje junto a Estados Unidos con otros miembros CREA, pudo observar junto a su esposa Ana de qué manera trabajan los robots. Al volver se puso en contacto con la empresa Lely y junto a sus representa­ntes visitó tambos robotizado­s en Brasil y con sistema de cama con compost.

Comienzo

A partir de ahí decidió probar suerte con esta nueva forma de producir leche. Para hacer un cálculo de la inversión consultó a nutricioni­stas de confianza sobre el diferencia­l de litros de leche por vaca que podría obtener con los robots. Éstos le indicaron que podrían ser entre 5 y 8 litros por encima de los 27 litros promedio que conseguía en el tambo. Para comenzar decidió incorporar a Juan Carlos Boyer, con quien comparte las actividade­s agrícolas e instalaron un galpón de de 127 m x 40,5 m con cama de compost formada por sustrato de residuos de cebada, de soja y rastrojo de maíz, así como las deyeccione­s de los bovinos y tierra.

Hoy tiene dos robots para ordenñar unas 120 vacas, mientras mantiene el otro tambo con 850

aproximada­mente.

Turchi comenta que “antes de empezar a producir y le preguntamo­s a Lely qué vacas ordeñar y nos dijeron que buscáramos animales en todos los estadíos de lactancia, desde recién paridas a recién secarse para mantener un circuito todo el tiempo. El único requerimie­nto es que los pezones estuvieran bien ubicados para que el láser lo detectara más rápido. Separamos 80 vacas con esos requerimie­ntos y les pusimos los collares para que monitoree el sistema. Las vacas vinieron al galpón y sin robots, al cuarto día ya estaban produciend­o 4 litros más (36 litros/vaca/día) con el solo hecho de haber cambiado las condicione­s de bienestar, ya que tenían lugar blando donde echarse, con comida y agua a disposició­n y bajo techo”. En la actualidad, el promedio de producción por vaca es de 42 litros/día con 2,3 visitas a los robots.

Ordeño

Cuando la vaca siente la necesidad de ser ordeñada se dirije al robot, donde una cámara 3D la identifica con el chip del collar. El brazo del robot cepilla los pezones, coloca las pezoneras por cuarto y comienza el ordeño. Al terminar retira las pezoneras y abre la puerta para que salga la vaca. Si el robot detecta mastitis o conductivi­dad alta, la envía por otra puerta, lo mismo que si detecta baja rumia o celo.

Toda la informació­n que recopilan los sensores puede consultars­e en la computador­a de escritorio y en la aplicación del celular y en ésta también se pueden cargar datos de manejo como la aplicación de vacunas por ejemplo. Un aspecto importante son los alertas de salud que envía el sistema sobre las vacas, lo cual permite anticipars­e a los problemas. “El sistema mide la rumia cada dos horas y si vemos que a las 14 tuvo 400 minutos de rumia y dos horas más tarde bajó a 330, puede ser un indicativo de que pasa algo. Observamos si vuelve a los niveles normales o si sigue bajando, que puede ser un indicio de mastitis o un problema metabólico. La fortaleza del sistema es anticipars­e a los problemas. No es una casualidad de que en 7 meses no hayamos tenido muertes. Uno gana plata

con la leche que vende y también con la vaca que no se muere”, afirma Turchi.

El productor comenta que “este sistema requiere un cambio periódico de pezoneras, cada 10 mil ordeños y trabaja con sellador, jabones y desinfecta­ntes. Todos los consumible­s integran 2.290 litros de leche según el SIGLEA por mes y robot, eso incluye 7 mantenimie­ntos anuales. El número es mayor que en el otro tambo pero no es significat­ivamente mayor”.

Alimentaci­ón

La base de la alimentaci­ón está compuesta por silaje de maíz y cebada, silaje de alfalfa, rollos y maíz en grano de producción propia. “Afuera com compramos pellets de soja y girasol y cáscara de soja”, describe Turchi.

Sobre el preconcept­o de la destrucció­n de puestos de trabajo por la robotizaci­ón, Turchi afirma que “estamos convencido­s de que el sistema no vino a sacar gente sino a que trabaje mejor. Los horarios de las 2 de la mañana terminarán para siempre y los tamberos vendrán entre las 6 y las 8 para hacer lo necesario y nos importará qué hagan mientras cumplan su tarea. Hablé con el personal y no cambia el perfil del tambero, sino que hay aspectos donde profesiona­lizarse más, el sistema es muy amigable. Además, el sistema es muy sencillo y tiene cosas a favor como la aplicación en los teléfonos, donde cargan los partos, servicios y yo los veo en la computador­a de escritorio”.

Con respecto al futuro, Turchi señala que “nuestro proyecto es familiar y el objetivo es lograr 600 vacas en este sistema. Luego mis hijos verán si seguirán haciendo galpones. También queremos hacer muchas cosas como recolectar el agua de lluvia de lecho, porque 1 mm de lluvia significan 5.000 litros por galpón. Es decir que juntaríamo­s 1,5 millones de litros con 100 mm porque mi idea es dejar de sacar agua del pozo, que es buena pero se deteriora”.

“Con el proyecto estoy feliz –resume el tambero. Estamos más contentos, el personal también y hasta las vacas están mejor, porque de lo contrario no produciría­n 40 litros.Si cierra la ecuación por todos lados, no veo la razón de no seguir con este sistema. Vamos avanzando tratando de adaptarnos y siendo amigables con el medio ambiente en lo que podemos”.

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Las vacas se encuentran en un galpón que tiene una cama de compost integrada por residuos de cebada y soja, rastrojo de maíz y deyeccione­s.
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