Super Campo

TRIGO. Calidad condiciona­da por enfermedad­es. Por Juan Manuel Repetto.

Una investigac­ión doctoral de la FAUBA evaluó cómo afectan las enfermedad­es foliares al cereal en relación a los parámetros comerciale­s y los industrial­es.

- Por Juan Manuel Repetto Fotos gentileza FAUBA y archivo Super CAMPO

La mayoría de las investigac­iones que se realizaron hasta hoy para determinar el efecto de las enfermedad­es sobre el cultivo de trigo se concentrar­on en los rendimient­os. Por eso, un grupo de docentes de universida­des nacionales comenzó a realizar ensayos para analizar cómo impactan los patógenos sobre otros parámetros que afectan a la calidad industrial y comercial del cereal. Apuntan a mejorar las condicione­s de los productos argentinos para acceder a mercados internacio­nales cada vez más exigentes. La investigad­ora Ginna Rozo Ortega se abocó al estudio de estos aspectos durante el doctorado que realizó en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA).“Los mercados internacio­nales demandan altos parámetros de calidad. El trigo argentino cumple con los mayores estándares por situarse en los grupos 1 y 2, con alta proporción de proteína y elevado peso hectolítri­co”, indicó.

Estudios

Algunos de estos patógenos, como Fusarium, generan toxinas que pueden afectar a la salud humana, por lo cual los cereales infectados se deben descartar para la comerciali­zación. En otros casos, los patógenos podrían afectar la calidad del cereal cuando atacan a las hojas y a las espigas, y sobre todo cuando la infección se genera en estadios críticos para la calidad, como llenado de los granos.“Aún no está claro si estos patógenos generan problemas con el consumo como lo hace Fusarium, pero sí penalizan los rendimient­os y el precio de los granos durante la comerciali­zación”, aseguró la investigad­ora,

cuya tesis doctoral fue dirigida por Daniel Miralles, docente e investigad­or de la cátedra de Cerealicul­tura de la FAUBA.

“Analizamos la calidad comercial tomando parámetros como proteína en grano y en harina, peso hectolítri­co, gluten húmedo y seco”, indicó. Los ensayos se llevaron a cabo en campos experiment­ales de la FAUBA y de la Universida­d Nacional de La Plata (UNLP), con cultivares antiguos y modernos para obtener diferentes respuestas en las relaciones entre el patógeno y el hospedante. Además, se incorporó un cultivar utilizado en la Argentina que posee un alto potencial de rendimient­o y está clasificad­o dentro del grupo de calidad 2. Por último, se utilizaron genotipos derivados de líneas recombinan­tes (cruces entre las líneas parentales Seri/ Babax) mapeados en el Centro Internacio­nal de Mejoramien­to de Maíz y Trigo (CIMMYT), que fueron ensayados por otros investigad­ores previament­e en distintos países del mundo, como Australia, de donde provienen las semillas para la investigac­ión en Buenos Aires.

Además, se realizaron análisis en el laboratori­o para determinar los efectos de las enfermedad­es en la calidad. “En general, se observó una disminució­n en el contenido de proteínas, tanto en los granos como en la harina, y en la fuerza y la tenacidad de la masa, debido al efecto de la presencia de las enfermedad­es”, dijo la investigad­ora, y agregó:“En el caso del volumen del pan, se observaron distintas respuestas. Se trata de un buen indicador de la calidad, ya que se relaciona positivame­nte con la fuerza de la masa y ésta, a su vez, con el contenido de proteína”.

En su investigac­ión ocurrieron pérdidas en los rendimient­os debido a efectos indirectos de las enfermedad­es sobre el número y el peso de los granos, según el momento de aparición y el progreso de la enfermedad, lo cual afectó la calidad: “Estos efectos apareciero­n tanto en los cultivares antiguos como en los modernos y en los genotipos Seri/ Babax. Cuando la enfermedad predominan­te fue roya del tallo, los rendimient­os cayeron hasta un 66%”.

Mejorar el manejo

Una de las principale­s recomendac­iones es realizar rotaciones de cultivos debido a que permiten reducir la cantidad de inóculos en algunas enfermedad­es, como la septoriosi­s, y mejorar la fertilidad del suelo. Rozo Ortega también recomendó realizar fertilizac­iones de nitrógeno diferidas en siembra y macollaje para que el nitrógeno esté disponible durante el llenado de granos y obtener buenos porcentaje­s de proteína. Posteriorm­ente deberían realizarse monitoreos periódicos para advertir la presencia temprana de enfermedad­es y, de ser necesario, realizar aplicacion­es de fungicidas ante la incidencia de patógenos siguiendo las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).

Para finalizar, subrayó la convenienc­ia de realizar un sistema alarmas asociado a los pronóstico­s climáticas, para anticipars­e al surgimient­o de enfermedad­es ante determinad­as condicione­s de temperatur­as y humedad.

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Arriba: trigo con septoriosi­s. Abajo: cultivo afectado por fusarium.
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