El re­cuer­do de Emi­lio Di­si

VOS - - Escena -

Con la muerte de Emi­lio Di­si (ocu­rri­da en mar­zo de es­te año), se fue pa­ra Pe­dro Al­fon­so un ami­go, pe­ro tam­bién un gran pro­fe­sor. Mu­cho pe­leó Al­fon­so por que el có­mi­co tu­vie­se en sus úl­ti­mos años de vi­da el re­co­no­ci­mien­to que creía me­re­ci­do.

Y más allá de es­ta cru­za­da per­so­nal, Pe­dro re­cuer­da hoy el gran le­ga­do re­ci­bi­do. “Pa­ra mí hay tres co­sas fun­da­men­ta­les que me de­jó. La pri­me­ra es el amor al tea­tro, el amor a ve­nir tem­prano a la sa­la, ins­ta­lar­me tran­qui­lo y dis­fru­tar del lu­gar. Es una larga dis­cu­sión que te­ne­mos con Pau­la, ya que a ella no le gus­ta lle­gar mu­cho an­tes y yo pue­do es­tar dos ho­ras an­tes de la fun­ción. No ten­go la co­sa que te­nía Emi­lio del nú­me­ro en la ca­be­za, de es­tar pendiente de la bo­le­te­ría y ver có­mo le va a to­do el mun­do. Otra co­sa es la idea de siem­pre tra­tar de me­jo­rar, aun­que sea un chis­te pe­que­ño. Otro le­ga­do fue el con­fiar en mí ple­na­men­te. Fue el pri­me­ro que me vio en un en­sa­yo e hi­zo que crea en mí. Te­ner esa pa­la­bra fue fun­da­men­tal pa­ra mí, por­que hoy ya no, pe­ro en su mo­men­to te­nía mi­llo­nes de in­se­gu­ri­da­des y él des­de el día cero me dio su apo­yo. De co­sas de la ac­tua­ción, con lo que más me que­do es con los si­len­cios. Yo lo veía cuan­do em­pe­za­mos a tra­ba­jar jun­tos, y él me de­cía que te­nía que dis­fru­tar de los si­len­cios, por­que a ve­ces es in­co­mo­di­dad y lue­go se con­vier­te en una gran co­sa. En eso, es una de las co­sas en las que más me pue­do em­pa­ren­tar. Aho­ra el si­len­cio es de lo que más dis­fru­to”.

(LA VOZ)

Un amor real. Aun­que al co­mien­zo de su re­la­ción al­gu­nos pen­sa­ban que era una pa­re­ja por con­ve­nien­cia, ellos siem­pre apos­ta­ron por lo su­yo y siguen jun­tos.

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