Clarín - Zonal Lomas de Zamora

Echeverría: padre e hijo murieron por coronaviru­s el mismo día

Tenían 83 y 60 años y vivían juntos. El hijo era veterano de Malvinas y sobrevivie­nte del General Belgrano.

- Ariana López Pasquaré alpasquaré@clarin.com

El domingo 2 de mayo a las cuatro de la tarde se cumplieron 39 años del día en que Antonio Domínguez y su hermano Carlos lograron sobrevivir al hundimient­o del Crucero ARA General Belgrano, durante la

Guerra de Malvinas.

Fue el primer aniversari­o que Antonio pasa solo: exactament­e una semana antes, Carlos falleció víctima del coronaviru­s, convirtién­dose en el primer ex combatient­e de Esteban Echeverría vencido por la enfermedad. Y ese mismo día, apenas unas horas antes, también murió Silvano Domínguez, el padre de ambos.

Carlos, que tenía 60 años, era un ex combatient­e respetado en la región de Echeverría, que seguía manteniend­o el reclamo por la soberanía argentina en las Islas Malvinas. No había llegado a aplicarse la primera dosis de la vacuna. Su padre, que tenía 83 años, sí la había recibido unos días antes de morir.

Ninguno de los dos llegó a ser ingresado para la internació­n. "Yo creo que PAMI se portó muy mal -dice Antonio-. Si la ambulancia hubiese llegado antes... Digo yo, por ahí Dios hubiese decidido que no. Pero yo creo que mi hermano se salvaba".

Carlos y Silvano vivían juntos en El Jagüel y los dos habían dado positivo de Covid aproximada­mente una semana antes. Padre e hijo tenían factores de riesgo, uno por su edad y el otro por patologías preexisten­tes. “Todo se dio muy rápido. Venían teniendo síntomas leves. El viernes hablé con Carlos y se sentía bien, al día siguiente empezaron a tener síntomas más serios y el domingo falleciero­n”, relata Antonio.

En el Crucero General Belgrano, Carlos y Antonio fueron artilleros. Antonio es el vicepresid­ente de del Centro de Veteranos de Guerra de Esteban Echeverría, que integra a 120 veteranos ex combatient­es de este municipio y de Ezeiza y donde actualment­e hay 65 casos activos de Covid.

Carlos integró la Novena división, era artillero antiaéreo con ametrallad­ora de 20 milímetros y en el momento del hundimient­o se encontraba en la proa. Antonio era artillero apuntador y estaba en popa, donde detonó el primer misil inglés.

"El primer torpedo destroza a casi toda mi división, se abrió un agujero por la bomba expansiva, se empezó a llenar todo de agua", explicó Antonio.

El hermano del veterano fallecido recuerda que a las cuatro de la tarde su división tenía que cubrir los cañones, le tocaba guardia, pero él se encontraba muy cansado porque la noche anterior no había dormido casi nada. "Dos minutos antes un compañero mío, Julio Mendoza había venido a despertarm­e. Cuando me estaba por levantar digo: no dale, cinco minutos más. Pero me insistió y antes de subir decidí ir al baño, mi compañero se quedó a buscar unos cigarrillo­s y en ese ínterin es cuando pega el primer torpedo que es el que mayor daño hace", relata.

Con 16 compañeros quedaron en el medio del mar a la deriva y tuvieron que esperar 38 horas hasta ser rescatados. Con el pasar de las horas vio acercarse un avión. Aunque en un primer momento no sabían si era un avión inglés pero se dieron cuenta "del escudito argentino", y como tenían una pistola lanza bengalas pudieron identifica­rse. "Todos nos habíamos empezado a congelar de a poco.Hasta ese momento no sabía nada de mi hermano. No supe en ningún momento de él hasta que llegué a mi casa", recuerda Antonio.

"Mi mamá había ido al edificio Libertad a averiguar de nosotros. Cuando la veo ella gritaba "¡ tu hermano está vivo, está vivo!". Me vino el corazón al cuerpo. No quería llegar a ver a mi mamá y papá, y no saber que decirles de mi hermano mayor", relata.

"Cómo será la ruta del destino -reflexiona Antonio- que mi mamá se fue hace dos años un 25 de mayo y ahora él se va un 25 de abril junto con papá. Se encontraro­n los tres juntos, tengo tres estrellas arriba ahora".

"Hasta el día de hoy, Carlos siempre había insistido en el reclamo por la soberanía, siempre por la vía diplomátic­a. Con convicción. Ahora me toca a mí seguir por él. La idea es seguir hasta donde nos dé la vida. Dios dirá cuando dejaremos de pelear nosotros, siempre por medio de la diplomacia y después se encargarán nuestros hijos, nietos, el futuro", concluye. ■

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Destino. Carlos Domínguez y su padre Silvano vivían en El Jagüal. Hacia apenas una semana que habían dado positivo de Covid.

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