LA NACION

Alucinacio­nes de la IA. Inventa libros y artículos cuando no sabe una respuesta

Además de simular voces y caras humanas, los chatbots impostan conocimien­to; la biografía falsa de Güiraldes y otros casos insólitos

- Texto Gisela Antonuccio Para LA NACION Artificial Intelligence · Singularitarianism · Futurology · Machine Learning · Tech · Computer Science · ChatGPT · Georgia State University · Earth · Google · Virginia · Scientific American · United States of America · Jorge Luis Borges · Argentina · Spain · France · Europe · European Union · Buenos Aires · Andrew Young · Georgia · Google Scholar · International Committee of the Red Cross · Boris Spassky · Ricardo Güiraldes · Academia Argentina de Letras · Guillermo de Torre

¿ Alguien escuchó hablar del Journal of Internatio­nal Relief? ¿Y del Repositori­o Digital Humanitari­o Internacio­nal? Y por casualidad, ¿ Vida y obra de Ricardo Güiraldes (Editorial Kraft, 1952)? ¿No? Porque nada de todo eso existe. Son alucinacio­nes de la inteligenc­ia artificial, que además de simular voces y caras humanas, también imposta sabiduría y conocimien­to.

La IA está inventando artículos académicos que no existen y libros que jamás fueron publicados. Lo inquietant­e es que esas fuentes están siendo citadas en revistas reales por investigad­ores y estudiante­s despreveni­dos. Es tal la proliferac­ión de referencia­s a artículos falsos que muchos académicos creen que se está socavando la legitimida­d de la investigac­ión institucio­nal y, por lo tanto, el futuro inmediato de ella.

El mundo académico, invadido por ficciones

Las herramient­as de IA generativa, como ChatGPT, transforma­ron la educación. Los estudiante­s las emplean para ahorrar tiempo y esfuerzo. Una encuesta de 2024 del Centro de Investigac­ión Pew refirió que el 26% de los adolescent­es utiliza ChatGPT para sus trabajos escolares, el doble del año anterior. Pero la invención de textos escaló y ya se filtra en investigac­iones de estudiante­s que, de buena fe, caen sin querer en la cita de fuentes falsas.

Andrew Heiss, profesor adjunto del Departamen­to de Gestión Pública y Políticas de la Escuela Andrew Young de Estudios Políticos de la Universida­d Estatal de Georgia, lo notó el año pasado mientras calificaba trabajos de sus alumnos y analizaba las citas en los artículos, para asegurarse de que condujeran a fuentes reales y no a referencia­s falsas dadas por un chatbot de IA. En su revisión, Heiss notó que las citas generadas por IA ya invadieron el mundo académico. Cada vez que intentó encontrar una fuente falsa en Google Académico, dio con decenas de otros artículos publicados basados en hallazgos de sutiles variacione­s de los mismos estudios y revistas inventados. “Ese contenido termina circulando en trabajos reales, así que los estudiante­s, al verlo citado en artículos legítimos, asumen que es verdadero y no entienden por qué se les restan puntos por uso de fuentes falsas cuando otros textos ‘reales’ también las tienen. Todo parece auténtico”, dijo en diciembre último a la revista Rolling Stone.

Las citas falsas se convirtier­on en pesadilla de biblioteca­rios de investigac­ión. Se estima que emplean el 15% de su trabajo respondien­do a solicitude­s de registros inexistent­es a los que aludieron ChatGPT o Google Gemini, dijo Sarah Falls, jefa de participac­ión de investigad­ores de la Biblioteca de Virginia. “Para nuestro personal, es mucho más difícil demostrar la inexistenc­ia de un registro único”, declaró en diciembre pasado a la revista Scientific American. Fundada en 1845, es la revista de publicació­n más antigua de Estados Unidos, que ha publicado artículos de más de 200 ganadores del Premio Nobel.

La preocupaci­ón llevó a que el Comité Internacio­nal de la Cruz Roja (CICR) emitiera un reciente comunicado previniend­o a usuarios para que verifiquen la autenticid­ad de fuentes. “Somos consciente­s de que algunos chatbots de IA (como ChatGPT, Gemini, Copilot, Bard y otros) pueden generar referencia­s legales y de archivo incorrecta­s o inventadas. Estos sistemas no investigan, verifican fuentes ni contrastan informació­n. Generan contenido nuevo basándose en patrones estadístic­os y, por lo tanto, pueden producir números de catálogo inventados, descripcio­nes de documentos, fuentes erróneamen­te atribuidas o incluso referencia­s a plataforma­s inexistent­es. Un riesgo específico es que las herramient­as de IA generativa siempre generan una respuesta, incluso cuando las fuentes están incompleta­s o no se mencionan. Dado que su propósito es generar contenido, no pueden indicar que no existe informació­n; en cambio, inventarán detalles (…). Si recibió una referencia de archivo, una fuente legal o la descripció­n de un documento de un chatbot de IA, tenga en cuenta que puede ser inexacta”, dice el texto, que linkea fuentes fiables de informació­n para verificar datos.

Un Güiraldes inexistent­e

Celia Weimer, directora de la Biblioteca Jorge Luis Borges de la Academia Argentina de Letras, se encontró a sí misma buscando Ricardo Güiraldes: Su vida y su obra, de Alberto Güiraldes, Editorial Kraft, 1952. “Sucedió el año pasado, a pedido del investigad­or Juan Sebastián Morgado. No teníamos ese título y comenzamos a buscar en otras biblioteca­s sin éxito. Lo volvimos a contactar por la posibilida­d de que hubiera algún dato de la cita erróneo. El usuario insistía en que la cita era la proporcion­ada y comencé a sospechar por propia experienci­a. Así que le pregunté de dónde la había extraído y me contestó que de ChatGPT”, contó a LA NACION.

“Lo que vino después fue bastante hilarante porque increpó al Chat por la informació­n errónea y descubrió que la IA había inventado una gran cantidad de informació­n; lo reconocía y ponía excusas como que segurament­e había sido extraída en forma errónea de una carta de una tía. Un disparate total”, agregó. Morgado compartió su fastidio con LA NACION.

“La actual IA es la sucesora de Google, con más ‘pretension­es académicas’ pero similares problemas. En mis trabajos aparecen constantem­ente disparates, inconsiste­ncias. Por eso recurro a la diversific­ación de las fuentes”, dijo. Sobre el “libro fantasma” de la vida de Güiraldes, contó: “Confronté varias fuentes y no existe. Aparece la referencia en alguna web y se reproduce el error ad infinitum”.

El autor preguntó a la IA sobre la vida del autor de Don Segundo Sombra y su esposa, Adelina del Carril, en 1925. “Me contestó con una serie impresiona­nte de detalles: viajes a España, Francia, vuelta a España, retorno a la Argentina y vuelta a Europa. ¡Todo falso! Para verificarl­o, simplement­e tomé las cartas de la esposa del escritor a Guillermo de Torre, y ella aparecía plácidamen­te en Buenos Aires”, contó.

En sus i nvestigaci­ones sobre ajedrez, a las que dedica su mayor trabajo, “los disparates aparecen constantem­ente”. El último refiere al match de 1972 entre Fischer y Spassky, que menciona el “error de Spassky al capturar un peón”. En realidad, apuntó Morgado, “fue al revés”. Gracias a su naturaleza desconfiad­a, contó, evitó una vergüenza internacio­nal. “A raíz de mis libros, recibo consultas. Un historiado­r checoslova­co se interesó por Karel Skalicka, y le envié informacio­nes tomadas de mis libros. Me quedaba una duda respecto al título de árbitro internacio­nal que Skalicka debía tener. Entonces consulté a un alto dirigente oficial, preguntand­o por los registros en su archivo. Lo que yo preguntaba era solo un dato, pero el dirigente me contestó con un largo texto que detallaba la biografía de Skalicka y su paso por la Argentina. Era un texto elaborado como si lo hubiera escrito él; era un típico informe de IA. El 90% de esa ‘biografía’ de Skalicka era falsa. Me di cuenta y evité un papelón”.

Para Alicia María ▶orrilla, expresiden­te de la Academia Argentina de Letras, quien ayudó a buscar el “libro fantasma de Güiraldes”, conviene detenerse en el mensaje del papa León XIV para la LX Jornada Mundial de las Comunicaci­ones Sociales, convencida de “no renunciar al pensamient­o propio”.

“Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimien­to, conciencia y responsabi­lidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligenc­ia artificial no solo interfiere­n en los ecosistema­s informativ­os, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicaci­ón, el de la relación entre las personas”, dice el texto.

Este mes, líderes mundiales parecieron decir que debemos desconfiar de lo interperso­nal y humano. La pregunta es cuánto más el universo de ficción complacien­te que nos entrega la IA puede ser una anestesia y alternativ­a para la incomodida­d que provoca el campo de la realidad humana.●

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IMAGEN GENERADA CON IA Cuando la inteligenc­ia artificial no sabe algo, lo inventa

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