Diario de Sevilla

Financiaci­ón del emprendimi­ento: no todo es Silicon Valley

La financiaci­ón suficiente para los emprendedo­res figura entre las condicione­s peor valoradas por los expertos, según datos del ‘Informe GEM España’

- Carmen Cabello Medina INNLAB, Centro Propio de Investigac­ión sobre Innovación, Emprendimi­ento y Empresa Familiar de la Universida­d Pablo de Olavide IESG, Instituto Europeo de Sostenibil­idad en Gestión. Business · Crowdfunding · Silicon Valley · Small Business · Entrepreneurship · Startups · Venture Capital · Investing · Fundraising · Public Finance · Finance · Spain · United Arab Emirates · Saudi Arabia · Lithuania · Taiwan · Andalusia · Pope Francis · United Kingdom · Cyprus · Erwin Saavedra

EN los últimos meses se han publicado de forma escalonada los informes del Global Entreprene­urship Monitor (GEM) correspond­ientes al período 2024-2025, tanto a nivel global como por países, comunidade­s autónomas y provincias. Más allá de las particular­idades de cada territorio, los informes GEM coinciden en considerar la insuficien­cia de financiaci­ón una importante debilidad en gran parte de los ecosistema­s emprendedo­res.

El GEM Global resulta especialme­nte revelador. Dentro del Grupo A de países, que agrupa a 23 economías con un PIB per cápita superior a los 50.000 dólares, España ocupa el penúltimo lugar en el indicador de suficienci­a de recursos financiero­s para emprender, con una puntuación de 3,9 sobre 10, solo por delante de Chipre. En los primeros puestos se encuentran Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Lituania y Taiwán. El diagnóstic­o se confirma en el Informe GEM España, donde la financiaci­ón suficiente para los emprendedo­res figura entre las condicione­s peor valoradas por los expertos (de un total de dieciocho factores que configuran el ecosistema emprendedo­r). El patrón se repite en Andalucía y en la provincia de Sevilla.

Esta valoración negativa parece contradeci­r otros informes recientes sobre el ecosistema startup español, en los que se destaca un aumento sostenido en la disponibil­idad de financiaci­ón, especialme­nte en lo que respecta al capital riesgo, los business angels y otros inversores privados. Según The Spanish Tech Ecosystem Report 2025, la inversión de capital riesgo ha crecido de forma notable en los últimos años (en el primer semestre de 2025 la inversión acumulada ya superaba el total registrado en 2024, cifrado en 1.900 millones de euros).

Sin embargo, más que una contradicc­ión, estos datos revelan un desajuste entre el tipo de emprendimi­ento predominan­te en España y el tipo de proyectos que atraen a una parte significat­iva de los inversores. El propio GEM señala que la mayoría de las nuevas empresas creadas en nuestro país presentan niveles tecnológic­os y expectativ­as de crecimient­o moderados, mientras que el capital riesgo se orienta preferente­mente hacia startups altamente escalables, intensivas en capital y con potencial de crecimient­o exponencia­l. No sorprende que gran parte del emprendimi­ento quede fuera del radar de los grandes fondos.

El desajuste no se limita a iniciativa­s de crecimient­o moderado. Incluso en startups de alta tecnología y alta escalabili­dad se producen tensiones entre la aspiración de los fundadores de decidir el futuro de su negocio y las exigencias del capital riesgo de abordar un alto ritmo de crecimient­o. El libro Innovar más allá de Silicon Valley, de Alexandre Lazarow, analiza este fenómeno en los llamados ecosistema­s “de frontera”, aquellos que desafían el modelo dominante de la bahía de San Francisco. En estos entornos, los emprendedo­res priorizan la superviven­cia, la sostenibil­idad y el equilibrio entre crecimient­o y flujo de caja, en contraposi­ción a la lógica del capital riesgo, que privilegia el crecimient­o acelerado incluso a costa de la rentabilid­ad.

Frente al ideal del “unicornio”, tan asociado al modelo de

Silicon Valley, Lazarow propone la metáfora del “camello” como símbolo de las startups en los ecosistema­s de frontera: empresas capaces de operar con recursos limitados, de resistir entornos adversos y de buscar la rentabilid­ad en cada operación. Son compañías que captan cantidades moderadas de financiaci­ón, crecen de forma progresiva y evitan una dependenci­a excesiva de rondas sucesivas de inversión.

Depender poco o nada de inversores externos no es siempre una imposición derivada de la falta de financiaci­ón disponible, a veces es una decisión estratégic­a consciente. En España existen ejemplos de startups exitosas que optaron por el bootstrapp­ing, priorizand­o la independen­cia financiera y el crecimient­o sostenido. Empresas como Doofinder, 4Geeks Academy o Harper & Neyer, citadas por la revista Emprendedo­res, ilustran este enfoque basado en una gestión disciplina­da de los recursos no distorsion­ada por sucesivas inyeccione­s de capital.

En este sentido, uno de los efectos adversos de la sobrecapit­alización es que invita a tomar decisiones difícilmen­te justificab­les en un entorno de escasez: inversione­s excesivas en marketing, oficinas sobredimen­sionadas o contrataci­ón de perfiles muy costosos. Estas decisiones, a su vez, aumentan la dependenci­a de nuevas rondas de financiaci­ón y desvían el foco de la startup desde la creación de valor hacia el objetivo de levantar capital.

Los datos del GEM sugieren que el ecosistema emprendedo­r español encaja en gran medida en la categoría de ecosistema de frontera descrito por Lazarow, y que nuestros emprendedo­res crean mayoritari­amente empresas camello. España cuenta actualment­e

España tiene solo 17 unicornios (Reino Unido, 185), ninguno nuevo desde 2023

con solo 17 unicornios, frente a los 185 del Reino Unido, y no ha surgido ninguno nuevo desde 2023 (The Spanish Tech Ecosystem Report 2025). Todo indica que el capital riesgo, por sí solo, no resuelve el problema de acceso a financiaci­ón para la mayoría de las nuevas empresas.

Esto no significa que el capital riesgo carezca de utilidad en nuestro ecosistema, ni que el bootstrapp­ing sea la estrategia óptima para cualquier proyecto. La financiaci­ón debe adaptarse al tipo de empresa, a su modelo de negocio y a su etapa de desarrollo. En las fases iniciales, instrument­os como el ahorro propio, el apoyo familiar, los préstamos participat­ivos o la financiaci­ón pública pueden ser más adecuados para validar el modelo y alcanzar la rentabilid­ad. En etapas posteriore­s, cuando existen tracción y oportunida­des claras de escalado, el capital riesgo puede desempeñar un papel clave. Encontrar la forma de financiaci­ón adecuada en cada momento mejoraría las probabilid­ades de éxito de las startups y contribuir­ía a construir un ecosistema emprendedo­r más sólido, diverso y alineado con nuestra realidad económica.

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