Cé­sar Ai­ra

El Deber - Brújula - - Por­ta­da - AD­HE­MAR MAN­JÓN

Cé­sar Ai­ra vie­ne a Bo­li­via. Uno de los au­to­res más im­por­tan­tes de Ar­gen­ti­na lle­ga­rá a Co­cha­bam­ba pa­ra par­ti­ci­par del IX En­cuen­tro de Es­cri­to­res Ibe­roa­me­ri­ca­nos, a desa­rro­llar­se del 24 al 27 de agos­to en el Cen­tro Pe­da­gó­gi­co y Cul­tu­ral Simón I. Pa­ti­ño. Ala­ba­do por unos, odia­do por otros, su vas­ta obra de más de 80 li­bros pu­bli­ca­dos con­fi­gu­ran una li­te­ra­tu­ra pro­vo­ca­do­ra y su­rrea­lis­ta, car­ga­da de mu­cha iro­nía. El au­tor de 67 años res­pon­dió a es­ta en­tre­vis­ta, vía email, a pro­pó­si­to de su vi­si­ta al país. ¿Qué sig­ni­fi­ca pa­ra us­ted asis­tir a un en­cuen­tro de es­cri­to­res? ¿Cuál cree que es la im­por­tan­cia de es­te ti­po de ac­ti­vi­da­des?

Los en­cuen­tros de es­cri­to­res no me in­tere­san si no son la ex­cu­sa pa­ra ha­cer un via­je, que siem­pre en­ri­que­ce la ex­pe­rien­cia y sir­ve pa­ra va­riar los es­ce­na­rios de lo que se es­cri­be. La­men­ta­ble­men­te no pue­do es­cri­bir mien­tras es­toy via­jan­do. Pe­ro no es gra­ve. Lo to­mo co­mo un in­ter­va­lo en­tre dos ac­tos de la co­me­dia que es la vi­da del es­cri­tor. So­lo pi­do, co­mo el Mar­qués de Sa­de, que los in­ter­va­los no sean de­ma­sia­do lar­gos.

¿ Cuán­to cree que se ha trans­for­ma­do su obra des­de 1975, cuan­do pu­bli­có por pri­me­ra vez? ¿Tie­ne las mis­mas ener­gías pa­ra es­cri­bir hoy que en sus ini­cios?

Creo que es­cri­bo me­jor que an­tes, por­que es inevi­ta­ble ter­mi­nar apren­dien­do a ha­cer al­go que se ha­ce du­ran­te mu­chos años. Pe­ro no ten­go ma­te­rial en el que lu­cir es­ta me­jo­ra por­que ya no se me ocu­rren bue­nas ideas, y no me que­da más que re­ci­clar las vie­jas y can­sa­das ideas de an­tes.

¿Có­mo ma­ne­ja la iro­nía y la provocación en su obra? Es­te ges­to es de­nos­ta­do por mu­chas per­so­nas, y por lo mis­mo di­cen que su obra ca­re­ce de pro­fun­di­dad ¿Qué opi­na de es­to?

La pro­fun­di­dad es un mi­to de cu­ras y si­có­lo­gos. Yo reivin­di­co la su­per­fi­cie, que es don­de es­tá la fe­li­ci­dad.

¿Qué es lo que le in­tere­sa a us­ted a la ho­ra de ini­ciar una his­to­ria? ¿Có­mo la des- arro­lla, se de­ja lle­var por la tra­ma, por la ac­ción de los per­so­na­jes?

Pa­ra em­pe­zar un re­la­to ne­ce­si­to una idea lo bas­tan­te ra­ra co­mo pa­ra que me ha­ga pen­sar que no po­dré ha­cer na­da con ella, más allá de plan­tear­la en las dos o tres pri­me­ras pá­gi­nas. En ese pun­to em­pie­za la in­ven­ción de la his­to­ria, que de­be jus­ti­fi­car de al­gún mo­do la idea ini­cial, vol­ver­la creí­ble.

¿Qué sig­ni­fi­ca pa­ra us­ted es­cri­bir, pri­me­ro, y pu­bli­car, des­pués?

Es­cri­bir es un jue­go su­bli­me. Creo que no se ha in­ven­ta­do nin­guno me­jor. Y una vez que la his­to­ria es­tá es­cri­ta, ¿qué ha­cer? Sí, po­dría guar­dar­la en un ca­jón y no mos­trár­se­la a na­die. Pe­ro hay edi­to­res dis­pues­tos a pu­bli­car­la, y lectores que van a leer­la (muy po­cos, es cier­to, pe­ro sé que exis­ten). Y, so­bre to­do, pu­bli­car es un mo­do de dar por ter­mi­na­da la es­cri­tu­ra, y de po­der se­guir ade­lan­te.

¿ Cuál es el rol que asu­me al mo­men­to de la edi­ción y la dis­tri­bu­ción de su obra? ¿Có­mo ha­ce el se­gui­mien­to a es­to? ¿ Cuál es el tra­to que ha­ce con las edi-

“La pro­fun­di­dad es un mi­to de cu­ras y si­có­lo­gos. Yo reivin­di­co la su­per­fi­cie, que es don­de es­tá la fe­li­ci­dad.

to­ria­les in­de­pen­dien­tes y cuál con las trans­na­cio­na­les, por ejem­plo?

Una vez que le doy al­go a un edi­tor, sea gran­de o chi­co, me de­sen­tien­do pa­ra siem­pre de ese li­bro. No lo re­leo, ni si­quie­ra lo abro, y lo ol­vi­do (tan­to que al­gu­na vez he vuel­to a es­cri­bir al­go que ya es­ta­ba pu­bli­ca­do, cre­yen­do que no lo ha­bía es­cri­to).

¿Us­ted cree que to­dos sus li­bros pu­bli­ca­dos con­for­man una uni­dad en sí? ¿Es de­cir, ca­da uno de ellos es par­te de una gran obra en cons­truc­ción?

No. Son pie­zas in­de­pen­dien­tes que no for­man un to­do ar­mo­nio­so. Qui­zás no pue­do ver la uni­dad por­que la uni­dad soy yo. Una ima­gen que se me ocu­rre del con­jun­to de mis li­bros es una vi­tri­na lle­na de ju­gue­tes de co­lo­res.

¿ Cuán im­por­tan­te pa­ra us­ted ha si­do tra­ba­jar co­mo tra­duc­tor? ¿Cuán­to lo ayu­do al mo­men­to de es­cri­bir sus pro­pios tex­tos?

La tra­duc­ción fue pa­ra mí un tra­ba­jo ali­men­ta­rio na­da más. Nun­ca me la to­mé en se­rio en tér­mi­nos li­te­ra­rios, por­que so­lo tra­du­je su­bli­te­ra­tu­ra de

Si me po­nen de fi­na­lis­ta en al­gún pre­mio, es pa­ra mos­trar am­pli­tud de cri­te­rio, co­mo in­ter­ca­lar una bi­ci­cle­ta en una hi­le­ra de só­li­dos trac­to­res. Nun­ca voy a ser im­por­tan­te, de lo que me ale­gro, por­que no creo que se pue­da ser es­cri­tor e im­por­tan­te a la vez

best se­llers (con al­gu­na ex­cep­ción). Pe­ro fue una bue­na es­cue­la de dis­ci­pli­na y de bue­na redacción.

En su li­bro Dic­cio­na­rio de au­to­res la­ti­noa­me­ri­ca

nos, le si­gue el ras­tro a au­to­res bo­li­via­nos que pu­bli­ca­ron su obra has­ta pa­sa­da la pri­me­ra mi­tad del si­glo XX ¿Qué au­to­res bo­li­via­nos re­cien­te­men­te ha co­no­ci­do y qué sen­sa­ción le han de­ja­do esas lec­tu­ras de la li­te­ra­tu­ra de Bo­li­via?

Ese dic­cio­na­rio fue un tra­ba­jo ju­ve­nil, que de­jé atrás ni bien lo ter­mi­né. No he vuel­to a las lec­tu­ras la­ti­noa­me­ri­ca­nas, y en ge­ne­ral no leo ca­si na­da de li­te­ra­tu­ra con­tem­po­rá­nea.

¿Qué im­por­tan­cia tie­nen las van­guar­dias li­te­ra­rias hoy en día? Por ejem­plo, sue­na mu­cho Ken­neth Golds­mith y su li­bro Es­cri­tu- ra no crea­ti­va, ¿lo le­yó?

No lo leí. No soy bueno en cues­tio­nes teó­ri­cas, y esa cues­tión de la van­guar­dia o la no van­guar­dia se la de­jo a los pro­fe­so­res y los crí­ti­cos. Que se pe­leen en­tre ellos. A mí me acu­san por igual de van­guar­dis­ta y de no van­guar­dis­ta. Yo me veo co­mo un na­rra­dor per­fec­ta­men­te con­ven­cio­nal de his­to- rias no con­ven­cio­na­les.

Car­los Fuen­tes le au­gu­ró el Pre­mio No­bel en 2020, de he­cho, el año pa­sa­do ya fue fi­na­lis­ta del Man Boo­ker Pri­ze; es­tá el rui­do pro­vo­ca­do por la re­se­ña de Pat­ti Smith por su li­bro en el New Yor­ker, ¿ Có­mo se sien­te con es­ta vi­si­bi­li­za­ción de su obra, cuan­do al pa­re­cer us- ted siem­pre hi­zo el in­ten­to por ser de ba­jo per­fil?

Lo de Car­los Fuen­tes fue una bro­ma, no una pro­fe­cía. Yo nun­ca voy a ga­nar pre­mios. Si me po­nen de fi­na­lis­ta en al­guno, es pa­ra mos­trar am­pli­tud de cri­te­rio, co­mo in­ter­ca­lar una bi­ci­cle­ta en una hi­le­ra de só­li­dos trac­to­res. Nun­ca voy a ser im­por­tan­te, de lo que me ale­gro, por­que no creo que se pue­da ser es­cri­tor e im­por­tan­te a la vez

CÉ­SAR AI­RA TIE­NE UNA AM­PLIA OBRA CON MÁS DE 80 LI­BROS PU­BLI­CA­DOS. SU FÓR­MU­LA ES ES­CRI­BIR UNA PÁ­GI­NA DIA­RIA, DE­CLA­RÓ

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