Drex­ler nos de­jó fue­ra de las pe­nas

VOL­VIÓ DES­PUÉS DE CUA­TRO AÑOS Y OFRE­CIÓ UN CON­CIER­TO CON CLI­MAS ELECTROACÚSTICOS Y SO­FIS­TI­CA­DOS

El Deber - Brújula - - El Tintero - RO­BER­TO DOTTI

No pi­dió na­da es­pe­cial. Lle­gó a las 2:00 y se re­fu­gió en un ho­tel. Tu­vo el pri­mer con­tac­to con la pren­sa el lunes al me­dio­día, des­pués de co­mer unas em­pa­na­das en el cen­tro. Sa­lu­dó a ca­da uno de los pre­sen­tes y se sen­tó jun­to con el te­cla­dis­ta y DJ Lu­ciano Su­per­vie­lle.

Pre­dis­pues­to a con­ver­sar de lo que fue­re. Mi­ra de sos­la­yo, pa­re­ce tí­mi­do, re­fle­xio­na y dis­pa­ra. Sa­be es­cu­char y lo po­ten­cia en la con­ver­sa­ción. Se mue­ve con co­mo­di­dad en la con­fe­ren­cia y con­du­ce el te­ma a don­de más le in­tere­sa.

Ca­da tan­to se va por las ra­mas y es­gri­me así, con lú­di­co pa­sar, na­rra­cio­nes y anéc­do­tas pa­ra ven­der su pro­duc­to.

De­gus­tó va­ria­dos pla­tos de la co­mi­da tí­pi­ca (con va­ria­do pi­can­te), en un si­tio muy tí­pi­co. Le gus­tó el mo­co­chin­chi, el vino bo­li­viano (tan­nat) y el sin­ga­ni. Quie­nes lo acom­pa­ña­ron a sol y som­bra re­ve­lan que es muy pun­tual, le gus­ta con­ver­sar o es­cu­char a ar­tis­tas lo­ca­les, dar con­se­jos so­bre com­po­si­ción y ha­blar de mú­si­ca en ge­ne­ral.

Ma­ni­fes­tó sus ga­nas de co­no­cer Oru­ro, in­clu­so de in­vi­tar a sus her­ma­nos a ha­cer un con­cier­to allí. Sien­te al­go es­pe­cial con el país que les dio re­fu­gio a su abue­lo y a su pa­dre cuan­do te­nía 4 años. En el fi­nal de la gi­ra Per­fu

me, ha­bló mu­cho de su fa­mi­lia, de su mu­jer y de sus hi­jos.

El mar­tes, cuan­do el sol mo­ría, el gru­po lle­gó a la sa­la del con­cier­to a pro­bar so­ni­do y a ajus­tar to­dos los de­ta­lles. Du­ran­te más de una ho­ra y me­dia to­ca­ron va­rios te­mas, efec­tos, so­ni­dos has­ta de­jar el mar­gen de error al mí­ni­mo.

La sa­la del ex­ci­ne se lle­na de a po­co y apa­re­ce si­len­te con su gui­ta­rra en la mano y su son­ri­sa de pre­sen­ta­ción.

En San­ta Cruz de la Sie­rra abrió con Cau­sa y efec­to, y un “Bue­nas no­ches Bo­li­via. Bue­nas no­ches San­ta Cruz, es una ale­gría es­tar acá".

Pre­sen­ta la ban­da: Lu­ciano Su­per­vie­lle en te­cla­dos, Car­los Campón en ba­jo, Die­go Ar­cau­te en per­cu­sión y ba­te­ría, lue­go Matías Che­lla en ba­jo y so­ni­do.

Si­gue con Pol­vo de es­tre-

llas, ese que ha­bla del va­lor de una vi­da. Sa­nar, El pia­nis­ta del Gue­to de Var­so­via, con una ‘in­tro’ del ma­gis­tral mú­si­co de Ba­jo fon­do y Fe­lis­ber­to, en una cau­ti­van­te in­ter­pre­ta­ción.

La edad del cie­lo in­tro­du­ce un cli­ma en la sa­la que man­tie­ne la aten­ción ab­sor­ta.

Per­fu­me, con olor a tan­go, rie­ga el am­bien­te. Eco, sue­na des­pa­cio con su gui­ta­rra de pa­lo y la voz del pú­bli­co que em­pie­za a sol­tar sus tim­bres.

In­ter­ac­túa con sil­bi­dos, chas­qui­dos, cuer­das y vo­ces, mues­tra su buen hu­mor, im­pro­vi­sa, se adue­ña del con­cier­to. Mi gui­ta­rra y vos unen de­fi­ni­ti­va­men­te al mé­di­co can­cio­nis­ta con el pú­bli­co cru­ce­ño, que aguar­dó cua­tro años pa­ra ver­lo de nue­vo en San­ta Cruz de la Sie­rra. Zam­ba del ol­vi­do, De amor y ca­sua­li­dad, Ho­ras. Vuel­ve Lu­ciano y ha­cen Sea, Fu­sión, Se va se va se fue.

Uni­ver­sos pa­ra­le­los le­van­ta de los asien­tos al pú­bli­co. La fies­ta se ele­va con De­seo, una cum­bia bi­po­lar, ‘mi­re don­de mi­re, te veo’, to­dos bai­lan. ‘ Duuul­ce mag­ne­tis­mo, dos car­gas opues­tas bus­can­do lo mis­mo, De­seo, mi­re don­de mi­re, te veo’. Cuen­ta el ori­gen del te­ma

Bo­li­via, sue­nan los pri­me­ros acor­des y la fies­ta lle­ga al clí­max más al­to.

Bo­li­via se can­ta, se sien­te y se bai­la. Es la pri­me­ra vez que lo to­ca en Bo­li­via y no es po­co, ni pa­ra él ni pa­ra el pú­bli­co. La ima­gi­na­ción, el re­torno, la nos­tal­gia se re­fu­gian en 1939, Ber­lín, Oru­ro.

Bo­li­via nos ha­ce vi­brar. Ova­ción y des­pe­di­da. Vuel­ven con Bai­lar en la

cueva y Lu­na de Ras­quí, y el pun­to cie­go de la pe­na. Si­món Díaz, la lu­na me ha­bla­ba y Ve­ne­zue­la fue­ron ba­jan­do pa­ra ce­rrar la no­che. Y mien­tras Drex­ler nos ha­cía bien, no pu­do ir­se an­tes de to­car To­do se trans­for­ma, uno de sus em­ble­má­ti­cos te­mas pa­ra po­ner el bro­che de ele­gan­cia a un con­cier­to que tu­vo cli­mas de so­fis­ti­ca­ción so­no­ra y di­se­ños electroacústicos.

No sin an­tes re­cor­dar­nos que To­do se trans­for­ma, co­mo esa no­che de mar­tes, ca­lu­ro­sa, cru­ce­ña, lle­na de ex­pec­ta­ti­va que se vis­tió de fies­ta. Tam­bién acá, co­mo en Ras­quí, es­tu­vi­mos fue­ra de las pe­nas y den­tro de una mú­si­ca en­tra­ña­ble

FUAD LANDÍVAR

To­có Bo­li­via, por pri­me­ra vez en el país. El uru­gua­yo nos re­ga­ló un con­cier­to de al­to ni­vel mu­si­cal

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