“No me in­tere­sa que la gen­te se vea her­mo­sa”

El Deber - Brújula - - Personaje Mes Del - ADHEMAR MAN­JÓN

Que­ría ser bió­lo­ga, pe­ro se ter­mi­nó con­vir­tien­do en una de las fo­tó­gra­fas más im­por­tan­tes de su país, en una in­te­gran­te im­por­tan­te de la mo­vi­da roc­ke­ra ar­gen­ti­na. Por la len­te de No­ra Le­zano han pa­sa­do mú­si­cos, es­cri­to­res, ar­tis­tas, fut­bo­lis­tas, mo­de­los y mu­chas per­so­nas más. Tam­bién ha he­cho ex­po­si­cio­nes de ar­te con­tem­po­rá­neo con el cuer­po co­mo eje prin­ci­pal.

Aun­que ya no tra­ba­ja en con­cier­tos, la pa­sión por la mú­si­ca con­ti­núa. Re­cien­te­men­te hi­zo las fo­to­gra­fías pa­ra el dis­co Ran­dom, que mar­ca el re­gre­so a la mú­si­ca de Charly Gar­cía.

¿Qué sig­ni­fi­ca pa­ra vos sa­car­le las fo­tos a Charly Gar­cía en su re­gre­so?

Fue muuuuuy im­por­tan­te y pla­cen­te­ro tra­ba­jar con Charly en su re­gre­so. Es al mú­si­co que más he fo­to­gra­fia­do en to­da mi ca­rre­ra pe­ro nun­ca ha­bía par­ti­ci­pa­do en un dis­co, has­ta es­te. ¡Fue un ho­nor!

Em­pe­zas­te co­mo una fan que to­ma­ba fo­tos y te con­ver­tis­te en al­guien más que for­ma par­te del mo­vi­mien­to roc­ke­ro de Ar­gen­ti­na ¿Có­mo ha si­do pa­ra vos to­do es­te tiem­po re­tra­tan­do a tan­tos ar­tis­tas? Ade­más, em­pe­zas­te un po­co tar­de, ¿no? ¿Te­nías 26 años?

¿Tar­de? ¿A los 26? ¡Nooo! ¡Nun­ca es tar­de! Ja, ja, ja. Em­pe­cé a los 20, en 1990. La ver­dad que a ve­ces ni yo creo el lu­gar que ten­go hoy den­tro de la fo­to­gra­fía. Sí, em­pe­cé yen­do a los re­ci­ta­les y lle­van­do mi cá­ma­ra, y así fui cre­cien­do, sin pre­ten­sio­nes, des­de un lu­gar de ad­mi­ra­ción y amor por mis ído­los, y hoy, si bien es­toy un po­co ale­ja­da del mun­di­llo, ya soy par­te de él. ¡Y es­toy ple­na­men­te agra­de­ci­da de po­der vi­vir de lo que me gus­ta!

¿Cuál fue el pri­mer con­cier­to al que asis­tis­te? ¿Cuán­do de­ci­dis­te que se­gui­rías con las fo­to­gra­fías?

Al pri­mer con­cier­to que asis­tí fue a uno de Quiet Riot, a los 15 años, ¡con mi pa­pá! ¡Ja, ja, ja! (de ado­les­cen­te me gus­ta­ba el heavy me­tal, el rock pe­sa­do); pe­ro al pri­mer con­cier­to que lle­vé cá­ma­ra de fo­tos fue a uno de los Ill­ya Kur­ya­ki. Ter­mi­né el co­le­gio se­cun­da­rio y en­tré en la uni­ver­si­dad a es­tu­diar Bio­lo­gía, y por ca­sua­li­dad, o no, lle­gué a la fo­to­gra­fía, ¡y no du­dé ni un mo­men­to en de­jar la uni­ver­si­dad por las fo­tos!

¿Cuál fue el úl­ti­mo con­cier­to que fuis­te a fo­to­gra­fiar y por qué de­ci­dis­te de­jar de ha­cer­lo? ¿Ha si­do trau­má­ti­co?

¡Uh! No me acuer­do cuál fue el úl­ti­mo. Hoy si­go yen­do a con­cier­tos, ¡pe­ro sin cá­ma­ra! Y no, no es trau­má­ti­co. Es una de­ci­sión ba­sa­da en una ne­ce­si­dad. Ya no me atrae ha­cer fo­tos ahí, en­ton­ces, no hay por qué se­guir.

¿Hay al­gu­na di­fe­ren­cia en lo que tra­tás de mos­trar a la gen­te por el área en la que tra­ba­ja? Es de­cir, có­mo ha­cés un re­tra­to de un mú­si­co y có­mo el de un po­lí­ti­co o el de un es­cri­tor…

La fo­to­gra­fía es una re­pre­sen­ta­ción de la reali­dad y no la reali­dad. Quie­ro acla­rar que no me in­tere­san las imá­ge­nes que so­lo mues­tran be­lle­za. Siem­pre que ten­go a una per­so­na fren­te a mí, lo pri­me­ro que quie­ro es que no se ge­ne­re dis­tan­cia, bus­co en­tre­ga, con­fian­za. No me in­tere­sa que la gen­te se vea her­mo­sa.

Me gus­ta en­trar en la ener­gía de esas per­so­nas, pe­ro a ve­ces sue­le pa­sar que hay cier­ta ti­mi­dez, o ver­güen­za, o fo­bia a sa­car­se fo­tos, en­ton­ces, tra­to de di­ri­gir to­da la se­sión res­pe­tan­do lo que le pa­sa al otro. Ra­ra vez tra­ba­jo con asis­ten­tes, ma­qui­lla­do­res o ves­tua­ris­tas, es­to per­mi­te que las per­so­nas se re­la­jen. Quie­ro crear una re­la­ción (que pue­de du­rar cin­co mi­nu­tos o dos ho­ras), por­que esas fo­tos re­fle­jan el en­cuen­tro de dos per­so­nas. ¡Y es cier­to tam­bién que me di­vier­to más con per­so­nas afi­nes! Cla­ro! En­ton­ces, se­rá más lle­va-

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