Mi­kae­la By­ren SO­FIS­TI­CA­DA CA­LI­DEZ

Cons­tru­yó la ca­sa de sus sueños. Ahí re­ci­be a gru­pos de parejas ami­gas y les co­ci­na per­so­nal­men­te.

El Deber - Chic - - PORTADA - SILVANA VINCENTI: TEXTO JOR­GE UECHI: FOTOS

El lu­jo no es frío. Por lo me­nos no en el ho­gar de Mi­kae­la By­ren Itu­rri­cha y de Mi­guel O’Con­nor D’Ar­lach Ta­bor­ga.

La ama­bi­li­dad cha­pa­ca se ha­ce sen­tir y, aun­que ella na­ció en Sue­cia y se vino a Bo­li­via a los ocho años, el tono can­ta­di­to y la se­re­ni­dad son lo su­yo.

La pa­re­ja, jun­to a sus dos hi­jas, Isa­be­la (8) y Va­len­ti­na (5), an­tes es­ta­ba en una ca­sa al­qui­la­da. Aho­ra ocu­pan la ca­sa soñada que les de­man­dó cua­tro años de es­pe­ra, uno so­lo en el di­se­ño, y tres en la cons­truc­ción y aca­ba­do, aun­que ella en­fa­ti­za en que to­da­vía fal­tan al­gu­nos de­ta­lles de obra fi­na y mo­bi­lia­rio.

La pa­re­ja apro­ve­chó que tie­ne una em­pre­sa cons­truc­to­ra para ima­gi­nar y ma­te­ria­li­zar ca­da rincón. Pen­sa­ron en sus re­du­ci­dos gru­pos de parejas ami­gas, y en sus dos hi­jas. Por eso tie­nen sa­la de jue­gos, de cine, chu­rras­que­ra, una ca­sa de mu­ñe­cas es­pec­ta­cu­lar para la di­ver­sión de los más pe­que­ños y una enor­me pis­ci­na.

La in­fra­es­truc­tu­ra no fue su­fi­cien­te, Mi­kae­la tam­bién se dio tiem­po de pa­sar cla­ses de co­ci­na, con la idea de pre­pa­rar per­so­nal­men­te la co­mi­da de su fa­mi­lia y de sus ami­gos in­vi­ta­dos. Se es­pe­cia­li­zó en sus­hi, y las re­ce­tas crio­llas son fru­to de su crea­ti­vi­dad.

El arte es inevi­ta­ble, tie­ne es­cul­tu­ras de Ka­ré en ca­sa, her­mo­sas lám­pa­ras e in­te­gra­ción del ho­gar con la na­tu­ra­le­za. Mi­kae­la re­creó su pro­pio pa­raí­so.

Im­pe­ca­ble. Ca­da pie­za del ho­gar pa­re­ce una obra de arte, has­ta en el más sen­ci­llo rincón

No exis­te un rincón des­cui­da­do, el jar­dín, la ca­sa de mu­ñe­cas, la pis­ci­na, en to­do se no­ta el cui­da­do de la dueña de ca­sa y an­fi­trio­na. Los jun­tes son de gru­pos pe­que­ños

A unos me­tros del ho­gar fa­mi­liar es­tá, en el jar­dín, en me­dio de enor­mes pi­nos, la ca­si­ta de las mu­ñe­cas, de dos pi­sos, con ins­ta­la­ción eléc­tri­ca y mo­bi­lia­rio. Es el refugio de Va­len­ti­na, Isa­be­la y las pe­que­ñas ve­ci­nas

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