EQUI­PA­MIEN­TO INI­CIAL

El Deber - Especial - - Hotel Cortez -

Equi­par el ho­tel no fue fá­cil, los obs­tácu­los fue­ron mu­chos. Uno de ellos tu­vo que ver con la ca­ren­cia de mano de obra ca­li­fi­ca­da y de ma­te­ria­les de pri­me­ra ca­li­dad en una ciu­dad aún pe­que­ña co­mo era San­ta Cruz. Fue por ello que la Sra. Ali­cia man­dó a traer del in­te­rior del país a cha­pis­tas, col­cho­ne­ros, cor­ti­ne­ros y téc­ni­cos que atien­dan aque­llas ne­ce­si­da­des.

Los ca­tres lle­ga­ron de Co­cha­bam­ba, las cha­pas de las puer­tas fue­ron traí­das de Oru­ro, la va­ji­lla se com­pró en La Paz, etc. Al ser uno de los pri­me­ros ho­te­les de la ca­pi­tal orien­tal en con­tar con ba­ños pri­va­dos en ca­da ha­bi­ta­ción y con gran de­man­da des­de su mis­ma aper­tu­ra, la ne­ce­si­dad de com­prar en­se­res en gran­des can­ti­da­des no se po­día sa­tis­fa­cer so­lo en los co­mer­cios lo­ca­les.

Pa­ra op­ti­mi­zar al má­xi­mo los re­cur­sos con los que la fa­mi­lia con­ta­ba en aque­lla eta­pa de in­ver­sión, fue­ron tam­bién las mu­je­res Cor­tez, quie­nes con­fec­cio­na­ron gran par­te de la ro­pa de ca­ma pa­ra las ha­bi­ta­cio­nes, la man­te­le­ría y has­ta los uni­for­mes de los pri­me­ros tra­ba­ja­do­res en in­ter­mi­na­bles y ago­ta­do­ras jor­na­das de tra­ba­jo.

Por su­pues­to que to­do aquel pro­ce­so de ad­qui­si­cio­nes y con­fec­cio­nes co­rres­pon­de a los anales de las anéc­do­tas de los ini­cios del ho­tel. Hoy, el equi­pa­mien­to y la re­no­va­ción del mo­bi­lia­rio se realizan a tra­vés de pres­ti­gio­sas em­pre­sas fa­bri­can­tes e im­por­ta­do­ras de in­dis­cu­ti­ble ca­li­dad.

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