La gra­ti­tud

El Deber - Para ellas - - Entre Amigas -

Au­tor des­co­no­ci­do

Di­cen que de to­dos los sen­ti­mien­tos hu­ma­nos la gra­ti­tud es el más efí­me­ro de to­dos. El sa­ber agra­de­cer es un va­lor en el que po­cas ve­ces se pien­sa. Ya nues­tras abue­las nos lo de­cían "de gen­te bien na­ci­da es ser agra­de­ci­da". Ser agra­de­ci­do es más que sa­ber pro­nun­ciar unas pa­la­bras de for­ma me­cá­ni­ca, la gra­ti­tud es aque­lla ac­ti­tud que na­ce del co­ra­zón en apre­cio a lo que al­guien más ha he­cho por nosotros.

El agra­de­ci­mien­to no es pa­gar una deu­da, es re­co­no­cer la ge­ne­ro­si­dad aje­na. ¿Has no­ta­do co­mo los ni­ños agra­de­cen los ob­se­quios de sus pa­dres? Lo ha­cen con una son­ri­sa, un abrazo y un be­so. ¿De qué otra ma­ne­ra po­dría agra­de­cer y co­rres­pon­der unos ni­ños? Y con eso, a los pa­dres les bas­ta. Las mues­tras de afec­to son una for­ma vi­si­ble de agra­de­ci­mien­to; la gra­ti­tud na­ce por la ac­ti­tud que tu­vo la per­so­na, más que por el bien (o be­ne­fi­cio) re­ci­bi­do. Co­no­ce­mos per­so­nas a quie­nes te­ne­mos es­pe­cial es­ti­ma, pre­fe­ren­cia o ca­ri­ño por "to­do" lo que nos han da­do: pa­dres, maes­tros, cón­yu­ge, ami­gos, je­fes. El ca­mino pa­ra vi­vir el va­lor del agra­de­ci­mien­to im­pli­ca re­co­no­cer en los de­más el es­fuer­zo por ser­vir. La per­so­na que más sir­ve es la que sa­be ser más agra­de­ci­da.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Bolivia

© PressReader. All rights reserved.