Los bom­bar­deos lle­van la paz al lí­mi­te y ten­sio­nan al mun­do

El Deber - Séptimo Día - - Informe Internacional - JA­VIER MÉN­DEZ VEDIA ja­vier.men­[email protected]­de­ber.com.bo

Bom­ba contra Isis en Afganistán. Bom­bar­deo a una ba­se aé­rea de Siria. Mo­vi­li­za­ción na­val cer­ca de Corea del Norte. En diez días, es­tas tres ac­cio­nes de Do­nald Trump pro­vo­ca­ron el ma­les­tar de Irán y Ru­sia (so­cios de Siria) y la alar­ma de Chi­na, que apo­ya a Corea del Norte. “Si las ac­cio­nes con­ti­núan en Siria o en el Mar de Corea, estamos en pre­sen­cia de una con­fla­gra­ción de es­ca­la ma­yor. No una ter­ce­ra guerra mundial, pe­ro sí de es­ca­la ma­yor”, afir­ma el ex­per­to en re­la­cio­nes in­ter­na­cio­na­les y vi­ce­mi­nis­tro Hu­go Si­les. “Ata­car Siria es ata­car Ru­sia. Al ata­car Corea del Norte, se ata­ca a Chi­na”, afir­ma, y re­cuer­da que en la guerra de Corea, en 1950, Chi­na apo­yó a su ve­cino del Norte.

Aho­ra que se acer­ca una nue­va prue­ba nu­clear, Chi­na ha pe­di­do a Corea del Norte que de­ten­ga su pro­gra­ma nu­clear. A cam­bio, pro­te­ge­rá al país. Ja­pón di­jo te­mer al gas sa­rín que pue­da lan­zar Pyong­yang, y Corea del Sur se ha ase­gu­ra­do de que EEUU no lan­ce nin­gún ata­que sin an­tes ad­ver­tir­les, pues­to que en ese ca­so, una in­va­sión del Norte se­ría in­mi­nen­te.

En Siria, donde em­pe­zó una guerra ci­vil en 2011, el apo­yo ru­so, que lle­gó en 2015, ayu­dó a com­ba­tir el te­rro­ris­mo. Bas­har Al Asad, so­bre­vi­vien­te de la Pri­ma­ve­ra Ára­be que aca­bó con añe­jos lí­de­res de Egip­to, Tú­nez y Li­bia, ha sido acu­sa­do de lan­zar gas sa­rin contra su po­bla­ción. Eso pro­vo­có el bom­bar­deo a una ba­se aé­rea con mi­si­les To­mahawk.

Las fuer­zas, hoy

Así de­fi­ne lo que ocu­rre hoy en Siria el escritor, edi­tor y ex­per­to en po­lí­ti­ca Nel­son Spec­chia: “El es­ce­na­rio es­tá de­ter­mi­na­do por la guerra sos­te­ni­da entre el ré­gi­men del clan Al Asad (hoy pre­si­di­do por Bas­har, y que con­tro­la el Go­bierno de Da­mas­co, el Ejér­ci­to re­gu­lar, los po­zos de pe­tró­leo y la ban­ca) y los di­ver­sos gru­pos in­sur­gen­tes (des­de los opo­si­to­res en el exi­lio has­ta los yiha­dis­tas del Es­ta­do Is­lá­mi­co y del Frente Al Nus­ra), que con­tro­lan de fac­to el po­der te­rri­to­rial en di­ver­sos sec­to­res de la geo­gra­fía del norte y del oes­te si­rio”.

¿Por qué in­ter­vino Ru­sia? Por­que una re­la­ción con Siria de­fi­ne su ac­ce­so al mun­do, afir­ma Hu­go Si­les. “Fue así des­de la épo­ca de la Unión So­vié­ti­ca. Ru­sia,pe­se a su ex­ten­sión, tie­ne una de­bi­li­dad geo­grá­fi­ca: no lle­ga a los ma­res cá­li­dos. Ru­sia de­pen­de del puer­to de Tar­tuz en Siria para des­pla­zar su flo­ta por el Me­di­te­rrá­neo y ha­cia el Mar del Norte. Tar­tuz sig­ni­fi­ca su su­per­vi­ven­cia y su co­ne­xión con el mun­do”.

Por eso, com­ple­men­ta Nel­son Spec­chia, des­pués de que se acu­sa­ra al Go­bierno si­rio de usar gas sa­rín en Ghou­ta, un dis­tri­to de Da­mas­co con­tro­la­do por las fuer­zas re­bel­des, en 2013, cau­san­do 1.400 muer­tes ho­rri­bles entre la po­bla­ción ci­vil, Oba­ma no reac­cio­nó mi­li­tar­men­te sino im­pul­san­do un su­pues­to desar­me to­tal de agen­tes quí­mi­cos con­tro­la­do por la ONU”. En ese mo­men­to, re­cuer­da la pro­fe­so­ra de re­la­cio­nes in­ter­na­cio­na­les Ma­ri­ya Ome­li­che­va (Uni­ver­si­dad de Kan­sas), Oba­ma pi­dió per­mi­so al Con­gre­so para lan­zar ata­ques aé­reos contra el ré­gi­men de Asad. “Mu­chos re­pu­bli­ca­nos se opu­sie­ron a su pe­ti­ción. El lí­der de la ma­yo­ría en el Se­na­do, Mitch McCon­nell, fue un opo­si­tor in­fle­xi­ble al ata­que en 2013”, cuen­ta. En 2015, Ru­sia se com- pro­me­tió a vi­gi­lar la des­truc­ción de las armas quí­mi­cas y Oba­ma fre­nó el ata­que.

Pe­ro des­pués ocu­rrió lo de Jan Shei­jún. Las imá­ge­nes de va­rios ni­ños apa­re­cen entre los más de 80 que mu­rie­ron so­fo­ca­dos por el gas sa­rín hace ca­si dos se­ma­nas. Do­nald Trump acu­só al ré­gi­men de Al Asad de ha­ber uti­li­za­do ese agen­te quí­mi­co. El ré­gi­men si­rio lo nie­ga y Ru­sia tam­bién lo ha ne­ga­do. La au­ten­ti­ci­dad de al­gu­nos vi­deos ha sido pues­ta otra vez en du­da por la re­li­gio­sa Ag­nes de la Croix, por­que se ha de­mos­tra­do que los ca­dá­ve­res de va­rios ni­ños apa­re­cen en di­fe­ren­tes

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