La ver­da­de­ra GRISEL

Es­ta se­ma­na, Grisel Qui­ro­ga vol­vió a ser ella. Aca­bó la no­ve­la Des­péi­na­me la vi­da, en que in­ter­pre­ta­ba a Ana Ma­ría. Di­ce que el ci­clo mar­ca un an­tes y un des­pués en la TV na­cio­nal. En su pro­pia piel.

El Deber - Sociales (Bolivia) - - PORTADA - SIL­VA­NA VIN­CEN­TI. TEX­TO

Es­ta se­ma­na aca­bó su pri­me­ra aven­tu­ra no­ve­le­ra de 70 ca­pí­tu­los, la mis­ma que la de­jó con la men­te en blan­co y mu­da cuan­do le die­ron la no­ti­cia de que se­ría la pro­ta­go­nis­ta, con el pa­pel de Ana Ma­ría en Des­péi­na­me la vi­da. Sa­tis­fe­cha y or­gu­llo­sa de re­to­mar sus raí­ces con la ac­tua­ción, la Grisel Qui­ro­ga de es­ta eta­pa se mues­tra ma­du­ra, se­re­na, se­lec­ti­va es­tric­ta con sus amis­ta­des, de­fen­so­ra de su paz y ma­dre por en­ci­ma de to­do. El in­dis­cu­ti­ble pa­tri­mo­nio de Uni­tel fi­na­li­zó sus du­ras jornadas de gra­ba­ción de 14 ho­ras y, mien­tras tan­to, se con­cen­tra­rá so­lo en La Ba­ti­do­ra. ¿Con­du­cir o ac­tuar en no­ve­la?

Amo ac­tuar y que­ría ha­cer al­go con dra­ma por­que siem­pre hi­ce co­me­dia, no que­ría en­ca­si­llar­me en el hu­mor. Son co­sas dis­tin­tas, la con­duc­ción es bo­ni­ta por­que sa­bes que en ese mo­men­to lle­gas a la gen­te, ves los men­sa­jes y hay una re­tro­ali­men­ta­ción ins­tan­tá­nea, pe­ro in­ter­pre­tar a otra per­so­na que no eres, otra vi­da, es tam­bién ma­ra­vi­llo­so. Amo las dos co­sas, si pue­do ha­cer am­bas, soy fe­liz.

Aca­bó la te­le­no­ve­la, bienvenida a la ru­ti­na...

Ex­tra­ñé mu­cho La Ba­ti­do­ra por­que es mi pro­gra­ma que­ri­do. Es más có­mo­do, yo pen­sé que era te­rri­ble el te­ma de los ho­ra­rios has­ta que hi­ce la no­ve­la. Es­toy en­tu­sias­ma­da de vol­ver por­que en­tien­do que la vi­da son eta­pas.

¿Por qué crees que te eli­gie­ron pa­ra la no­ve­la?... Es rol pro­ta­gó­ni­co.

Des­de el año pa­sa­do sa­bía, me pre­gun­ta­ba lo mis­mo cuan­do me ha­bló nues­tro que­ri­do Alberto Ma­ran­gón que aho­ra es­tá en el cie­lo, nues­tro je­fe de pro­duc­ción. Él me di­jo: “Cuan­do vuel­vas ha­bla­re­mos del gran pro­yec­to del año, no te la vas a creer, te gus­ta­rá mu­cho, quiero que es­tés ahí, pe­ro no te voy a ade­lan­tar na­da. Ha­brá un an­tes y un des­pués en la TV na­cio­nal con eso”.

Yo ju­ra­ba que se­ría un pro­gra­ma es­te­lar, una fran­qui­cia, qué más po­día ser, no pa­sa­ba por mi ca­be­za una no­ve­la. Cuan­do me di­jo, con to­do el preám­bu­lo, “ha­re­mos una no­ve­la, quiero que seas la pro­ta­go­nis­ta”. No la po­día creer, has­ta ahí es­cu­ché la reunión y me per­dí el res­to. Al prin­ci­pio sen­tí mie­do por la pre­sión, la res­pon­sa­bi­li­dad, pe­ro tam­bién ale­gría. Él me di­jo: “El per­so­na­je es­tá ba­sa­do en lo que pien­so de ti, en có­mo te ve­mos, re­fle­ja el ti­po de mu­jer que eres”. No es la tí­pi­ca bue­ni­ta de las no­ve­las, que un po­co más y la gen­te la es­cu­pe. Ana Ma­ría era una mu­jer sen­ci­lla, tran­qui­la, con ba­ta­llas en la vi­da, pe­ro tam­bién con ca­rác­ter, se de­fen­día. Alberto que­ría iden­ti­fi­car a la mu­jer bo­li­via­na, me di­jo: “Eres tra­ba­ja­do­ra, hu­mil­de, lu­cha­do­ra”. Cuan­do él me des­cri­bió al per­so­na­je, di­je: “Wow, eso pien­sa de mí, tan­tas vir­tu­des, y me sen­tí muy ha­la­ga­da y lo acep­té con la ma­yor hu­mil­dad y mie­do por­que era al­go gran­de. Al fi­nal me con­tó que Ana Ma­ría era el nom­bre de su ma­dre.

¿Ma­ran­gón fa­lle­ció an­tes de que em­pie­ce?

In­fe­liz­men­te no la pu­do ver, ni el pri­mer ca­pí­tu­lo, pe­ro de­jó to­do lis­to.

Te­nías una amis­tad con él más allá del tra­ba­jo?, Le de­di­cas­te posts muy emo­ti­vos

No te­nía­mos una amis­tad fue­ra del ca­nal, pe­ro apren­dí mu­cho con él y lo ad­mi­ra­ba. Soy muy agra­de­ci­da por las opor­tu­ni­da­des que me dio, si no fue­ra por ellas, qui­zás no po­dría mos­trar­me. Le te­nía mu­cho ca­ri­ño y res­pe­to, lo que­ría con el al­ma. Uno tie­ne co­mo su pa­dre, el líder de la fa­mi­lia en la em­pre­sa y uno se sien­te am­pa­ra­da.

No te pa­re­cés en na­da a Ana Ma­ría.

hay que cui­dar has­ta qué pun­to mos­trar­se, hay que te­ner mu­cho tino

Si yo no cui­do lo que me que­da pri­va­do, des­pués pue­do sen­tir un va­cío

Me cues­ta ha­cer­la, no era gra­cio­sa, la gen­te de­cía que le fal­ta­ba chis­pa, no es Grisel. Que­ría que sea muy dis­tin­ta, te­nien­do va­lo­res con los que mu­cha gen­te se pue­de iden­ti­fi­car, es más cal­ma­da, se­ria. Ahí es­ta­ba el desafío de mi ac­tua­ción; fui en­con­trán­do­le ma­ti­ces pa­ra que no sea abu­rri­da.

A us­te­des los mi­den... ¿Qué tan­to quie­ren a es­ta fi­gu­ra, o a es­ta otra?

Si lo ha­cen no lo sé, no me lo ha­cen sa­ber. Me ima­gino que sí, to­da em­pre­sa de­be ha­cer­lo, pe­ro las de­ci­sio­nes no pue­den ba­sar­se so­lo en eso, más aún cuan­do hay una exi­gen­cia so­bre có­mo ac­tuar, un ries­go así en la te­le­vi­sión, y una in­ver­sión tan al­ta. No so­lo se tra­ta de ser ‘que­ri­do’ en las re­des, sino de es­tar a la al­tu­ra del desafío.

¿Tu re­tro­ali­men­ta­ción es so­lo por las re­des?

Tam­po­co an­do tan pen­dien­te de las re­des, pe­ro me ima­gino que hoy en día uno no pue­de no ver­las sin ser cons­cien­te. No soy de bus­car qué di­je­ron, de ver los co­men­ta­rios, pe­ro sí en mis re­des per­so­na­les, lo que yo pu­bli­co. Ima­gino que ob­via­men­te las per­so­nas que tra­ba­jan en las em­pre­sas tie­nen que ser cons­cien­tes de lo que ha­ces, de lo que pro­vo­cas, si gus­tas.

¿Hay una es­pe­cie de fa­ran­du­li­za­ción de las fi­gu­ras? ¿Has­ta a las de ro­les más se­rios ha­cen show?

En cier­ta me­di­da pue­de ser bueno, pe­ro hay que cui­dar has­ta qué pun­to. Te de­ja mos­trar­te más tú mis­mo, to­dos te­ne­mos un per­so­na­je, ya sea un po­lí­ti­co con un pro­to­co­lo que man­te­ner, al ac­to al que va no pue­de mos­trar­se co­mo en su ca­sa, lo mis­mo pa­sa con cier­tos con­duc­to­res. La gen­te pi­de sa­ber ca­da vez más có­mo es esa per­so­na en esen­cia, ya no quie­ren sa­ber lo evi­den­te, la gen­te tie­ne un vo­ye­ris­mo de sa­ber có­mo se­rá en su ca­sa, có­mo ha­bla, có­mo se ex­pre­sa, si tie­ne fa­mi­lia, por eso pien­so tam­bién que sur­gen los reali­ties y es­tá bueno que ten­gas un me­ca­nis­mo pa­ra mos­trar­te así, sen­si­bi­li­za a las per­so­nas, pe­ro hay que cui­dar has­ta qué pun­to mos­trar­se, por­que si cru­zas la líC­reo nea del­ga­da pue­des per­der cre­di­bi­li­dad o mos­trar­te de una for­ma con­tra­pro­du­cen­te, hay que te­ner mu­cho tino.

¿Có­mo ha­ce una ce­le­bri­dad pa­ra man­te­ner su vi­da en re­ser­va?, por ejem­plo tu hi­jo Lu­cas ya no sa­le en TV co­mo an­tes.

Es una de­ci­sión, no lo ex­pon­go, pe­se a que la gen­te me lo pi­de, y creo que lo en­tien­den. Es cues­tión de per­fil, hay gen­te que es per­fil más ba­jo, otros que ex­po­nen to­do. Res­pe­to a ca­da quien, pe­ro yo soy un po­co ce­lo­sa con mi in­ti­mi­dad.

¿Por qué?

Es lo úni­co que me que­da, lo de­más, to­da tu vi­da, tu ser, es­tán ex­pues­tos en la te­le, en las re­des, to­do el mun­do pue­de co­men­tar de vos, de­cir, apre­ciar, in­clu­so co­mo si su­pie­ra más que vos.

Si yo no cui­do lo que me que­da pri­va­do, des­pués pue­do sen­tir va­cío.

En en­tre­vis­ta so­lo ha­blás de tra­ba­jo...o es par­te del cos­to mos­trar tu vi­da?

Es el cos­to, en­tien­do que la gen­te quie­ra sa­ber y a mí tam­bién me pa­sa cuan­do ad­mi­ro a al­guien, me lla­ma la aten­ción una no­ta per­so­nal. No es­tá mal, pe­ro a es­tas al­tu­ras de la vi­da la gen­te sa­be ca­si to­da mi vi­da.

Eso de­man­da in­te­li­gen­cia...

El que se enoja pier­de, te­ne­mos que ser cons­cien­tes de que so­mos fi­gu­ras pú­bli­cas y es­tá bien que cui­de­mos nues­tra vi­da, pe­ro tam­po­co po­de­mos eno­jar­nos con la gen­te o con el re­por­te­ro por­que quie­ra sa­ber más. Si te sa­có al­go, hi­zo bien su tra­ba­jo, y si vos su­pis­te sa­lir ai­ro­so, bien por vos, es un jue­go, un ti­ra y aflo­ja, hay que te­ner jue­go de cin­tu­ra, es lo que de­man­da el sho­wbiz.

¿Ven­de la fór­mu­la Ro­ni­co-Grisel?

Es­pe­ro que sí, am­bos ven­de­mos. que la gen­te es­tá con­su­mien­do por la chis­pa que ofre­ce­mos y por nues­tro tra­ba­jo, más que por lo otro, que ya lo su­pe­ra­mos y so­lo fal­ta que la gen­te lo su­pere, y los pe­rio­dis­tas. Es­pe­ro que ca­da vez se tra­te más de la du­pla que fun­cio­na en pan­ta­lla, lo otro no pue­de ser sus­ten­ta­ble. Pa­ra no­so­tros es tan nor­mal tra­ba­jar jun­tos, lo ve­ni­mos ha­cien­do ha­ce años.

Cuan­do em­pe­zó la no­ve­la hu­bo co­men­ta­rios. ¿Qué se pu­do ha­cer me­jor?

Po­co he vis­to, no soy de bus­car los co­men­ta­rios. Cui­do mu­cho de lo que me ali­men­to en to­do sen­ti­do, la in­for­ma­ción quÇe re­ci­bo, he apren­di­do con el tiem­po a cer­ner mu­cho en mi vi­da; amis­ta­des, re­la­cio­nes y has­ta lo que veo en in­ter­net.

Ob­via­men­te sé de al­gu­nas opi­nio­nes por­que no­so­tros mis­mos las po­de­mos char­lar, uno de­be ser crí­ti­ca con su tra­ba­jo, to­dos es­tá­ba­mos apren­dien­do. Soy au­to­crí­ti­ca y cuan­do las su­ge­ren­cias son con al­tu­ra y tie­nen ra­zón, las ana­li­zo.

Aho­ra que aca­bó la no­ve­la, ¿sen­tís que mar­có un an­tes y un des­pués?

Es­toy se­gu­ra de que so­mos par­te de al­go muy gran­de, aho­ra es cues­tión de que las em­pre­sas apues­ten por­que el mer­ca­do hay, los bo­li­via­nos te­nían ne­ce­si­dad de una fic­ción pro­pia, con nues­tras pe­cu­lia­ri­da­des, con nues­tra cul­tu­ra que es tan ri­ca. Que Uni­tel lo hi­cie­ra es muy loa­ble. Den­tro de to­do lo bueno y ma­lo que se di­jo, al­guien eli­gió no po­ner un en­la­ta­do en un horario pri­me ti­me, que era la fór­mu­la más fá­cil. Se arries­gó, se quie­re cons­truir una industria.

¿Qué tie­ne Uni­tel que genera una cier­ta leal­tad en su gen­te?

Co­mo to­da re­la­ción, se ba­sa en la re­ci­pro­ci­dad, es men­ti­ra que uno da sin pen­sar en re­ci­bir, yo creo que es lo más fal­so. Uni­tel es una em­pre­sa en la que te sien­tes pro­te­gi­da en va­rios sen­ti­dos, por lo que re­pre­sen­ta en la TV na­cio­nal, el pro­fe­sio­na­lis­mo con que tra­ba­ja, hay una lí­nea éti­ca de tra­ba­jo y apar­te un agra­de­ci­mien­to por­que apo­ya que uno crez­ca.

A mí par­ti­cu­lar­men­te me per­mi­tió desafiar­me. Ellos con­fia­ban en mí sin que yo to­da­vía lo ha­ga. Esa cer­te­za de que si te lo pi­den es por­que po­días ha­cer­lo, así tú mis­mo du­des. Es una em­pre­sa que no te ex­po­ne, es co­mo los pa­dres que con­tro­lan y des­pués uno lo agra­de­ce.

La te­le en te co­me la vi­da... ¿lo va­le?

De­pen­de de ca­da per­so­na y có­mo ma­ne­ja su tiem­po. Sí lo sen­tí en la no­ve­la por­que ha­bía co­sas que sí o sí ha­cía con mi hi­jo que no po­día ha­cer, pe­ro era tem­po­ral y tra­ta­ba de com­pen­sar­lo, le doy ca­li­dad, me par­to en mil pa­ra que no sea así, mi me­ta es ser bue­na ma­dre, des­pués vie­ne lo de­más.

¿La TV es una prue­ba pa­ra que una pa­re­ja fun­cio­ne?

Di­fi­cul­ta y es una gran prue­ba pa­ra ver si la per­so­na que es­tá a tu la­do va a ban­car lo que te apa­sio­na. Es muy pro­ba­ble que al­gu­nas per­so­nas sal­gan co­rrien­do, pe­ro qué vas a ha­cer, es el pre­cio de ha­cer lo que uno ama, y cuan­do ha­ces lo que amas quie­res que al­guien res­pe­te eso.

¿Tu fa­ma asus­ta?

Di­go lo que pien­so y di­cen que pue­do in­ti­mi­dar, pe­ro la per­so­na ten­drá que dar­se el tra­ba­jo de co­no­cer có­mo soy real­men­te, por­que tam­bién soy una mu­jer muy sen­si­ble, que desea al­guien bueno que le ha­ga mi­mos que la con­quis­te. No por ser Grisel de la te­le voy a que­rer al­go di­fe­ren­te.

No se pue­de de­cir lo que se pien­sa a cual­quie­ra...

Con los años y la ma­du­rez, lle­ga un pun­to en que no te im­por­ta, te vas vol­vien­do más se­lec­ti­va en to­do sen­ti­do. No quie­res mos­trar­te de otra for­ma, te da flo­je­ra cui­dar­te, te ro­deas de gen­te que te co­no­ce, te ama y te acep­ta co­mo eres, no quie­re de­cir que no te vas a co­rre­gir o que te va­le el mun­do, yo me ro­deo de per­so­nas que me su­man.

FERNANDO CALVIMONTES. FOTOS

Grisel fi­na­li­zó un re­to de te­le­no­ve­la, aho­ra vuel­ve a la nor­ma­li­dad

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