LA NUE­VA VER­SIÓN DE BE­TO CUE­VAS

Caras (Chile) - - CONTENIDO - Por Am­pa­ro Her­nán­dez Ce­le­dón Di­rec­ción de Ar­te Katy­na Azó­car Fo­tos Ga­briel Sch­kol­nick Pro­duc­ción Ben­ja­mín Val­dés Ma­qui­lla­je y pe­lo Glo­ria Ro­jas

El can­tan­te re­pa­sa los 30 años des­de que de­bu­tó co­mo lí­der de La Ley, des­cla­si­fi­ca epi­so­dios de la ban­da, ha­bla de su nue­va pa­sión ar­tís­ti­ca, de Es­te­la Mo­ra y de sus dos hi­jos vein­tea­ñe­ros.

ES­TE 2018 HE­MOS CE­LE­BRA­DO EN CA­DA EDI­CIÓN LOS 30 AÑOS DE RE­VIS­TA CA­RAS. CON­TAN­DO HIS­TO­RIAS, LAS ME­JO­RES, LAS MÁS EMO­CIO­NAN­TES, LAS MÁS RE­LE­VAN­TES. HOY, DE­DI­CA­MOS ES­TE ES­PE­CIAL A LA NA­VI­DAD... OB­VIA­MEN­TE, AL ES­TI­LO CA­RAS. INDAGAMOS CÓ­MO ES LA NUE­VA FILANTROPÍA EN CHI­LE LI­DE­RA­DA POR MU­JE­RES GRANDIOSAS. RE­CO­RRI­MOS SAN­TIA­GO CON EL HO­GAR DE CRIS­TO CAPTURANDO LA ESEN­CIA DE QUIE­NES HAN HE­CHO DE LA CA­LLE SU HO­GAR. LES EN­TRE­GA­MOS UN RE­GIS­TRO DE LAS ME­JO­RES FIES­TAS DE AYER Y DE HOY. FOTOGRAFIAMOS 200 IDEAS PA­RA RE­GA­LAR. Y CO­MEN­ZA­MOS FESTEJANDO CON LOS 30 AÑOS DE CA­RRE­RA DEL TA­LEN­TO­SO BE­TO CUE­VAS QUIEN NOS RE­GA­LÓ ES­TAS CON­FE­SIO­NES...

A los tres años afe­rra­do a su oso de pe­lu­che ca­mi­na­ba con se­gu­ri­dad ha­cia el avión que lo tras­la­da­ría jun­to a su fa­mi­lia

a Ca­ra­cas, Ve­ne­zue­la. Ese es un hi­to pa­ra Luis Al­ber­to Cue­vas, por­que de ahí en ade­lan­te se con­ver­ti­ría en un tro­ta­mun­dos al que le gus­ta via­jar y no mi­rar ha­cia atrás. Era 1970 y de­ja­ba Chi­le jun­to a sus pa­dres y su her­ma­na ma­yor, Ve­ró­ni­ca. “Me que­ría ir. No es­ta­ba co­nec­ta­do con la emo­ción de de­jar el país. La idea de vi­vir en otro lu­gar me fas­ci­na­ba”, di­ce el can­tan­te ra­di­ca­do en Los Án­ge­les, en su pa­so por Chi­le ad por­tas de ce­le­brar 30 años de ca­rre­ra con un show en Mo­vis­tar Are­na el 13 de di­ciem­bre co­mo pun­ta­pié ini­cial.

El lí­der de La Ley tie­ne 51 años y es im­po­si­ble no co­men­tar lo gua­po que es­tá. Du­ran­te la se­sión de fo­tos los pi­ro­pos vo­la­ban. El se ríe: “Los 50 son los nue­vos 30”.

Vi­vió en Ca­ra­cas du­ran­te sie­te años has­ta que nue­va­men­te sus pa­dres de­ci­die­ron par­tir, es­ta vez rum­bo a Mon­treal, Ca­na­dá. Aho­ra al via­je se su­ma­ban sus her­ma­nas me­lli­zas, Vi­via­na y Va­le­ria. Pa­sa­ron 11 años y su ma­má, tra­ba­ja­do­ra so­cial, fue con­tra­ta­da por un or­ga­nis­mo ca­na­dien­se pa­ra ayu­dar con in­for­ma­ción y ca­pa­ci­tar a mu­je­res vul­ne­ra­bles. Así fue co­mo to­da la fa­mi­lia ini­ció otra ex­cur­sión, aho­ra con Be­to ma­yor de edad. CA­MINO AL PA­RAÍ­SO

Se di­ce que Be­to Cue­vas se ti­tu­ló de di­se­ño grá­fi­co en Ca­na­dá, pe­ro no fue así. No ter­mi­nó la ca­rre­ra, lle­gó has­ta se­gun­do año, por­que de­ci­dió to­mar­se un año sa­bá­ti­co pa­ra co­no­cer Chi­le.

Es aquí don­de ex­plo­tó su ta­len­to mu­si­cal. Du­ran­te un fin de se­ma­na en la pla­ya, al­re­de­dor de una fo­ga­ta can­tó. “Era muy tí­mi­do, pe­ro ter­mi­né in­ter­pre­tan­do can­cio­nes de El­vis Pres­ley y de The Beatles”. En ese en­cuen­tro es­ta­ba un cer­cano a An­drés Bo­be, el fun­da­dor en 1987 de La Ley. Por otro la­do, su her­ma­na Ve­ró­ni­ca es­tu­dia­ba Pro­duc­ción de TV jun­to a la pri­me­ra es­po­sa de Mauricio Cla­ve­ría, ba­te­ris­ta del con­jun­to. En esa épo­ca la ban­da bus­ca­ba un vo­ca­lis­ta y fue­ron esos dos des­co­no­ci­dos, por ca­mi­nos se­pa­ra­dos, quie­nes lle­ga­ron con el ru­mor de que un chi­leno re­cién lle­ga­do de Ca­na­dá era “sú­per buen can­tan­te”. Lo pro­ba­ron y así fue co­mo se con­vir­tió en el front­man de La Ley, en ese mi­nu­to com­pues­ta por An­drés Bo­be (gui­ta­rris­ta), Rodrigo Aboi­tiz (te­cla­dis­ta), Lu­ciano Ro­jas (ba­jis­ta) y Mauricio Cla­ve­ría (ba­te­ris­ta).

Y em­pe­zó el des­pe­gue de la ban­da. Des­pués de De­sier­tos, vino el dis­co Do­ble opues­to, que co­men­zó a pa­vi­men­tar el ca­mino. Lue­go lan­za­ron el ho­mó­ni­mo La Ley, que en su pri­mer día dis­po­ni­ble ven­dió 15 mil co­pias. De ese tra­ba­jo des­ta­có el

Ca­be­za fría y ta­len­to es la ba­se de su éxi­to. Ce­le­bra con CA­RAS sus trein­ta años de ca­rre­ra, des­de que de­bu­tó co­mo lí­der de La Ley. Aquí ha­bla de su otra pa­sión ar­tís­ti­ca, de la re­la­ción con sus hi­jos y con su exes­po­sa, Es­te­la Mo­ra. Tam­bién ha­ce fren­te a las crí­ti­cas de los exin­te­gran­tes de la ban­da… ¿Cuán­to ego tie­ne Be­to Cue­vas?

‘A VE­CES CON ES­TE­LA NOS QUE­RE­MOS MA­TAR. ELLA ME QUIE­RE TI­RAR UN MACETERO POR LA CA­BE­ZA Y YO DEVOLVÉRSELO. TE­NE­MOS UNA RE­LA­CIÓN MUY SUI GÉNERIS... ELLA ES PAR­TE DE MI FA­MI­LIA. ES LA MA­DRE DE MIS HI­JOS...’.

vi­deo­clip Te­je­do­res de Ilu­sión, que lo­gró una no­mi­na­ción a los pre­mios MTV co­mo Me­jor Vi­deo La­tino. En ade­lan­te vi­nie­ron las in­vi­ta­cio­nes al Fes­ti­val de Vi­ña del Mar, los via­jes fue­ra del país, el éxi­to en His­pa­noa­mé­ri­ca con la mu­dan­za de la ban­da a Mé­xi­co en 1995, y el in­gre­so al mer­ca­do es­ta­dou­ni­den­se con tres no­mi­na­cio­nes a los Grammy La­tino, que­dán­do­se con el Me­jor Ál­bum Vo­cal de Gru­po de Rock. A pe­sar de que vi­vían un gran mo­men­to, se aso­ma­ron los pri­me­ros con­flic­tos en­tre ellos.

La ban­da tu­vo va­rias re­es­truc­tu­ra­cio­nes en el ca­mino, nue­vos in­te­gran­tes, se­pa­ra­cio­nes, re­en­cuen­tros, pe­ro un nom­bre nun­ca per­dió su fa­ma y re­co­no­ci­mien­to. “Por ahí hay per­so­nas que di­cen que me apo­de­ré de al­go que no era mío. No es así. Es ver­dad que fui el úl­ti­mo en in­te­grar­me a La Ley y que el fun­da­dor fue el se­ñor An­drés Bo­be”, ex­pli­ca en un tono más se­rio al del res­to de la con­ver­sa­ción.

El mú­si­co re­la­ta có­mo fue su re­la­ción con el gui­ta­rris­ta que fa­lle­ció en 1994 en un trá­gi­co ac­ci­den­te en mo­to. “Cuan­do co­men­za­mos a tra­ba­jar jun­tos yo siem­pre lle­ga­ba a en­sa­yar an­tes que los de­más. An­drés me mos­tra­ba sus can­cio­nes y me de­cía qué es lo que yo te­nía que ha­cer. Le di­je: Si tú quie­res que yo sea can­tan­te de La Ley, me tie­nes que de­jar ha­cer las letras y las me­lo­días por­que yo no soy un in­tér­pre­te, soy un crea­ti­vo. Ahí me pre­gun­tó si yo ha­bía es­cri­to al­gu­na can­ción y le di­je que mu­chas. Fue una men­ti­ra pia­do­sa por­que sa­bía que lo que­ría y po­día ha­cer”.

Así es­ta du­pla em­pe­zó a tra­ba­jar en los gran­des éxi­tos de La Ley. “An­drés era un ti­po muy ta­len­to­so y vi­sio­na­rio. Fue a bus­car­me un día a mi ca­sa y me lle­vó a la ofi­ci­na de re­gis­tro de mar­cas y me di­jo: Va­mos a re­gis­trar La Ley por­que tú y yo so­mos La Ley. Así em­pe­za­mos a ge­ne­rar can­cio­nes y a ve­ces par­ti­ci­pa­ban los otros in­te­gran­tes y ha­cían arre­glos, pe­ro las es­cri­bía­mos él y yo. Cuan­do fa­lle­ció An­drés, le com­pré la par­te a su fa­mi­lia y me hi­ce due­ño de la mar­ca”. Y reite­ra: “Es mi gru­po, si­gue sien­do una mar­ca que pue­do rein­ven­tar. Fui lí­der de La Ley y lle­vé ade­lan­te de­ci­sio­nes cer­te­ras. Sin me­nos­pre­ciar en nin­gún ca­so el apor­te que die­ron to­dos, cuan­do ellos di­cen que son el 90 por cien­to de la ban­da, pue­do de­cir que la mú­si­ca y lo que uno ha­ce ha­bla más”.

La Ley se se­pa­ró en 2004, des­pués de lan­zar el dis­co re­co­pi­la­to­rio de ce­le­bra­ción de los 15 años de ca­rre­ra, His­to­rias e his­te­ria. Ca­da miem­bro de la ban­da to­mó rum­bos se­pa­ra­dos. Be­to Cue­vas se de­di­có a la ac­tua­ción y co­men­zó su ca­rre­ra de so­lis­ta. Pe­ro el des­tino los jun­tó nue­va­men­te en 2013. Esa se­ría la úl­ti­ma vez que se ha­bla­ría de “reunión”, por­que los con­flic­tos y di­fe­ren­cias en­tre los mú­si­cos se agu­di­za­rían. Has­ta aho­ra. —Ad por­tas de ce­le­brar 30 años de ca­rre­ra el 2019, ¿có­mo re­ci­bes las crí­ti­cas de tus ex­com­pa­ñe­ros de la ban­da, que di­cen que eres egoís­ta y tie­nes un tre­men­do ego? —No me im­por­tan. Ya apren­dí a dar­le im­por­tan­cia a lo que lo ame­ri­ta. Cuan­do di­cen Be­to es pu­ro ego, es su opi­nión. —¿Y eres pu­ro ego?

—No. Ten­go, co­mo lo te­ne­mos to­dos. El ego ne­ga­ti­vo al que se re­fie­re Lu­ciano (Ro­jas) yo lo re­co­noz­co cuan­do es­toy arri­ba del es­ce­na­rio. Cuan­do es­toy aba­jo, al con­tra­rio, tra­to con la gen­te, ge­ne­ro una bue­na vi­bra­ción. Soy pu­jan­te y há­bil pa­ra al­gu­nas co­sas y eso qui­zá le cae mal a al­gu­nas per­so­nas. ¿Que yo sea un egó­la­tra? No.

“Cuan­do se fue Lu­ciano del gru­po por di­fe­ren­tes ra­zo­nes y nos con­ver­ti­mos en un trío era una épo­ca de mu­cho ca­rre­te, no par­ti­cu­lar­men­te por mí, por­que siem­pre tu­ve la ca­be­za más lim­pia. Yo pa­sa­ba me­ses en Mé­xi­co sin ver a mi fa­mi­lia y mis hi­jos eran chi­cos y es­ta­ba ha­cien­do ese tra­ba­jo por­que que­ría dar­les una me­jor vi­da y que­ría cre­cer co­mo ar­tis­ta. Les di­je en ese mo­men­to: si us­te­des quie­ren que yo si­ga en es­to de aho­ra en ade­lan­te, el que va a to­mar las de­ci­sio­nes y va a te­ner la úl­ti­ma pa­la­bra voy a ser yo. —¿Có­mo lo to­ma­ron?

—No muy bien, pe­ro era lo que ha­bía que ha­cer. Nun­ca fui un ti­rano co­mo po­drían su­ge­rir. Su­pon­go que si ha­blas con ellos ten­drán su pun­to de vis­ta y di­rán mu­chas co­sas. Pe­ro la ver­dad es que des­de ese mo­men­to La Ley se fue pa­ra arri­ba co­mo un cohe­te a Mar­te. —Ellos es­ta­ban con sus fa­mi­lias en Mé­xi­co en esa épo­ca y tú no. ¿Có­mo fue vi­vir se­pa­ra­do de ellos?

—Afor­tu­na­da­men­te nun­ca fui una per­so­na de caer en ex­ce­sos y po­dría ha­ber te­ni­do ca­rre­tes de no­ches lar­gas fá­cil­men­te. Me com­pré una gui­ta­rra y em­pe­cé a apren­der so­lo. Y en to­dos esos mo­men­tos en­sa­ya­ba y en­sa­ya­ba. Te­nía in­de­pen­den­cia y na­cie­ron can­cio­nes que fue­ron éxi­to a pun­ta de es­fuer­zo y su­pon­go que eso ca­yó mal por­que to­do el mun­do tie­ne ego.

‘SOY PU­JAN­TE Y HÁ­BIL PA­RA AL­GU­NAS CO­SAS Y ESO QUI­ZÁ LE CAE MAL A AL­GU­NAS PER­SO­NAS. ¿QUE YO SEA UN EGÓ­LA­TRA? NO’.

LA FA­MI­LIA Y LA DIS­TAN­CIA

Ra­di­ca­do ha­ce diez años en Los Án­ge­les, Ca­li­for­nia, man­tie­ne con­tac­to dia­rio con su fa­mi­lia y ami­gos chi­le­nos. No es­tá en sus pla­nes vol­ver a Chi­le. Le gus­ta el ano­ni­ma­to que tie­ne allá, “ser in­vi­si­ble en un su­per­mer­ca­do”. Vi­ve en un loft en el sec­tor de NoHo Arts Dis­trict. Es un ba­rrio ca­rac­te­rís­ti­co por sus tea­tros, ga­le­rías de ar­te, tien­das y ca­fés.

Des­pués de mu­cho tiem­po in­sis­tién­do­le a su hi­ja Mar­ti­na (30) que se fue­ra a vi­vir a su mis­mo edi­fi­cio pe­ro en el cuar­to pi­so, lo­gró con­ven­cer­la. “Ella vi­vía con su po­lo­lo en West­wood, cer­ca de Holly­wood, y es­ta­ba bien, pe­ro por lo que pa­ga­ban po­dían vi­vir en es­te loft y te­ner­me a mí cer­ca sin que yo los mo­les­ta­ra. Soy fe­liz de ver­los cuan­do me in­vi­tan a co­mer”.

Por otro la­do es­tá Die­go, su hi­jo de 25 años. “Él es más co­mo yo. Hay que pe­dir ci­ta pa­ra ver­lo”. El me­nor de los Cue­vas Mo­ra tam­bién es mú­si­co. Su pa­pá lo in­vi­tó a to­car con él en la gi­ra del dis­co Trans­for­ma­ción (2012) y uno de los gran­des mo­men­tos que vi­vie­ron fue la pre­sen­ta­ción que hi­cie­ron en el Sta­ples Cen­ter de Los Án­ge­les an­te 20 mil per­so­nas.

—¿Afec­tó la re­la­ción con tus hi­jos el es­tar yen­do y vi­nien­do en la épo­ca de éxi­to de La Ley?

—No me lo per­do­na­ban. Una vez mi hi­jo fue a bus­car­me al ae­ro­puer­to y me di­jo que pa­ra él fue du­ro cuan­do era ni­ño que me fue­ra siem­pre por pe­río­dos pro­lon­ga­dos. Le di­je: ‘Qué bueno que lo ha­bles y lo tra­ba­je­mos’. En­tien­do las le­yes de la vi­da. De he­cho, él to­có con­mi­go en un mo­men­to has­ta que me di­jo: Pa­pá, gra­cias por la opor­tu­ni­dad. He he­cho co­sas ma­ra­vi­llo­sas, pe­ro yo quie­ro te­ner mi ca­rre­ra y no quie­ro ser ‘el hi­jo de Be­to Cue­vas’. Le en­con­tré to­da la ra­zón por­que ha­bría he­cho lo mis­mo en su lu­gar. In­clu­so me di­jo: Pa­pá no me des más con­se­jos si no te los pi­do por­que quie­ro ser due­ño de mis erro­res. Sú­per sa­bio. Nos que­re­mos mu­cho.

En su re­cien­te vi­si­ta a Chi­le es­ta­ba acom­pa­ña­do de su ex es­po­sa, la hoy em­pre­sa­ria y su ma­na­ger, Es­te­la Mo­ra (50), quien de­jó su ca­rre­ra de mo­de­lo y agen­te en Chi­le pa­ra ra­di­car­se en Los Án­ge­les jun­to a Be­to y sus hi­jos.

—Con Es­te­la tie­nen muy bue­na re­la­ción...

—A ve­ces nos que­re­mos ma­tar. Ella me quie­re ti­rar un macetero por la ca­be­za y yo devolvérselo. Te­ne­mos una re­la­ción muy sui géneris, pri­me­ro, por­que nos te­ne­mos mu­cho ca­ri­ño. Ella es par­te de mi fa­mi­lia. Es la ma­dre de mis hi­jos. La voy a ver to­da mi vi­da. La ma­yo­ría eli­ge erra­di­car a esa per­so­na de su vi­da y no te­ner nin­gún ti­po de re­la­ción pe­ro los hi­jos se ven afec­ta­dos.

—¿Có­mo se dio que tra­ba­ja­ran jun­tos y que ella fue­ra tu ma­na­ger?

—Cuan­do nos reu­ni­mos con La Ley. Pe­ro des­pués mis ex­com­pa­ñe­ros no que­rían tra­ba­jar más con ella. En­ton­ces tu­ve la ta­rea de de­cír­se­lo y ser sú­per de­mo­crá­ti­co con ellos en ese re­gre­so pa­ra que to­do el mun­do se sin­tie­ra bien. Pe­ro una vez que ter­mi­né de tra­ba­jar con ellos de­ci­dí vol­ver. Es­te­la siem­pre ha si­do una alia­da que ve­la por mis in­tere­ses y es una mu­jer ex­tre­ma­da­men­te in­te­li­gen­te, sú­per aser­ti­va. Una per­so­na co­mo yo, en una ca­rre­ra co­mo es­ta, ne­ce­si­ta te­ner a al­guien co­mo ella, que ten­ga buen ojo, por­que yo de re­pen­te soy muy ar­tís­ti­co. Le pi­do que me di­ga la ver­dad. Evi­den­te­men­te la de­ci­sión siem­pre es mía y he­mos es­ta­do en desacuer­dos, pe­ro te­ner al­guien que te di­ga la fir­me es fun­da­men­tal.

Ade­más de es­tar pre­pa­ran­do la ce­le­bra­ción de sus 30 años de ca­rre­ra mu­si­cal con un nue­vo dis­co, es­tá ex­plo­tan­do otra fa­ce­ta: el di­bu­jo y la pin­tu­ra. “Ten­go es­pa­cios en mi ca­sa don­de pin­to. Es­toy siem­pre tra­tan­do de crear al­go nue­vo y me gus­ta ex­pre­sar­me. Es más, el 17 de di­ciem­bre ten­go una ex­po­si­ción co­lec­ti­va en L.A. don­de voy a mos­trar al­gu­nos de mis cua­dros jun­to a otra gen­te de la mú­si­ca que tam­bién pin­ta. Ha­brá pie­zas de Ma­rilyn Man­son, del can­tan­te de Se­pul­tu­ra que tie­ne unas fo­tos muy in­tere­san­tes. Un fo­tó­gra­fo de Croa­cia con fo­tos de Bo­wie nun­ca an­tes vis­tas”, di­ce emo­cio­na­do.

Nun­ca ha ven­di­do un cua­dro, pe­ro ya pre­pa­ra una cuen­ta de Ins­ta­gram pa­ra mos­trar so­lo su ar­te y se­pa­rar­lo de la mú­si­ca por­que di­ce que, si bien tie­ne har­tos “me gus­ta” cuan­do sube uno de sus tra­ba­jos, no quie­re mez­clar­lo. “No vi­vo de ven­der cua­dros pe­ro me en­can­ta­ría en al­gún mo­men­to ha­cer­lo pa­ra des­pren­der­me de es­tas pie­zas que ten­go tan arrai­ga­das”, re­fle­xio­na.

Apro­ve­cha las ho­ras de vue­lo pa­ra crear. An­da con un iPad con al­gu­nos de sus tra­ba­jos y los mues­tra pa­ra sa­ber opi­nio­nes. “Es al­go muy fi­gu­ra­ti­vo y en otros mo­men­tos muy su­rrea­lis­ta y abs­trac­to. Ha­go mu­chos re­tra­tos, mu­chos per­so­na­jes. Mi inspiración es la gen­te”.

No es que la es­tre­lla de rock dé un pa­so al cos­ta­do. Al con­tra­rio, Be­to Cue­vas so­lis­ta sa­lió de su zo­na de con­fort y el pró­xi­mo año lan­za­rá un tra­ba­jo con re­ver­sio­nes “di­fe­ren­tes de la es­truc­tu­ra ori­gi­nal” de La Ley, más can­cio­nes con los so­ni­dos de aho­ra. Pa­ra ins­pi­rar­se con nue­vas me­lo­días, el com­po­si­tor ba­jó una apli­ca­ción que se lla­ma Smu­le y con un seu­dó­ni­mo −que no nos qui­so re­ve­lar− ha gra­ba­do más de 500 can­cio­nes, en­tre ellas de San­dro y Los Án­ge­les Ne­gros. “Lo otro era se­guir ha­cien­do lo que sé y que me es me­nos com­pli­ca­do ha­cer. Me gus­ta la idea de ha­cer co­sas que no sean tan in­me­dia­tas y fá­ci­les pa­ra mí por­que es la úni­ca ma­ne­ra en la que pue­do se­guir cre­cien­do co­mo com­po­si­tor y co­mo ar­tis­ta”.

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