Los sa­cer­do­tes de Ci­be­les

Centrito - - ZONA DE JUEGOS -

Unos sa­cer­do­tes de Ci­be­les te­nían un asno al que car­ga­ban con sus bul­tos cuan­do se po­nían en via­je. Un día por fa­ti­ga se mu­rió el asno, y de­sollán­do­lo, hi­cie­ron con su piel unos tam­bo­res, de los cua­les se sir­vie­ron. Ha­bién­do­les en­con­tra­do otros sa­cer­do­tes de Ci­be­les, les pre­gun­ta­ron que dón­de es­ta­ba su asno. -Muer­to - les di­je­ron -; pe­ro re­ci­be más gol­pes aho­ra que los que re­ci­bió en su vi­da. Moraleja:

Mu­cha gen­te di­ce ha­ber­se re­ti­ra­do de su há­bi­to, pe­ro no se da cuen­ta de que su há­bi­to no se re­ti­ró nun­ca de él.

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