24 ho­ras con Kaia Gerber

Harper's Bazaar (Chile) - - Contenido -

9:00 A.M. En mi sá­ba­do per­fec­to no pon­go la alar­ma. Si lle­go has­ta las nue­ve, es mi sue­ño he­cho realidad, pe­ro sa­lir de la ca­ma me to­ma una eter­ni­dad. Me que­do acos­ta­da, re­vi­so Ins­ta­gram y es­cu­cho mú­si­ca. Me gus­tan mu­cho Stormzy & Skep­ta; sin em­bar­go, cuan­do em­pie­zo el día eli­jo al­go un po­co más sua­ve co­mo Bi­llie Ei­lish. 9:45 A.M. To­mo una du­cha y me pon­go mis jeans fa­vo­ri­tos, los acin­tu­ra­dos de Hud­son, un crop top y una más­ca­ra e ilu­mi­na­dor de Marc Ja­cobs. Es­tos pro­duc­tos fa­ci­li­tan mi vi­da.

9:50 A.M. Me apa­sio­na el desa­yuno. Des­pier­to con ham­bre, así es que siem­pre co­mo un ba­gel. Ca­da fin de se­ma­na mi fa­mi­lia me com­pra una do­ce­na en una re­pos­te­ría lla­ma­da Na­te‘n Al. 10:30

A.M. Mis pa­dres (Cindy Craw­ford y Ran­de Gerber) y mi her­mano son mi séquito pa­ra el fin de se­ma­na. Ama­mos ir por las ma­ña­nas a an­dar en bi­ci­cle­ta por la pla­ya, pe­ro por lo ge­ne­ral te­ne­mos que es­pe­rar a que Pres­ley se des­pier­te, por­que es quien más duer­me de to­da la fa­mi­lia. 1:00 P.M. Me fas­ci­na al­mor­zar con mis ami­gos en el Ca­fé Ha­ba­na Ma­li­bu. Tie­nen unos ta­cos de bis­tec muy buenos y un ba­na­na split es­ti­lo cu­bano con plátano ca­ra­me­li­za­do. Hay días en que va­mos a Little Beach Hou­se. Ma­li­bú es una ciu­dad bas­tan­te pe­que­ña, así que es co­mún en­con­trar­te a co­no­ci­dos to­do el tiem­po. 3:30 P.M. Sue­lo usar las tar­des pa­ra po­ner­me al tan­to con mis ta­reas. Es­toy ter­mi­nan­do mi cer­ti­fi­ca­ción en Ma­li­bú High School por me­dio de un pro­gra­ma en lí­nea, y es muy com­pli­ca­do ter­mi­nar to­do en la se­ma­na, ya que el in­ter­net de los avio­nes es bas­tan­te len­to. Mi cla­se fa­vo­ri­ta de es­te año es cálcu­lo, por­que me gus­tan mu­cho las ma­te­má­ti­cas, aun­que con­fie­so que es di­fí­cil apren­der las de­ri­va­das por mi cuen­ta. 7:00 P.M. No hay día que pa­se que no co­ma pas­ta. El pen­ne con sal­sa de vod­ka es mi pre­di­lec­ta, sin du­da, uno de los po­cos pla­tos que sé pre­pa­rar. Es muy im­por­tan­te sa­ber co­ci­nar la pas­ta por­que la puedes ha­cer en cual­quier par­te del mun­do. Es sen­ci­lla, rá­pi­da y a to­dos les gus­ta. 7:30

P.M. Te­ne­mos pe­rio­dos cor­tos de aten­ción en la fa­mi­lia Gerber, por lo que to­dos ce­na­mos rá­pi­do y des­pués po­ne­mos una pe­lí­cu­la. El otro fin de se­ma­na es­ta­ban mis abue­las y to­dos vi­mos Why Him?, la que tra­ta de un pa­pá que co­no­ce al no­vio de su hi­ja. Me reí mu­chí­si­mo. In­clu­so creo que mis abue­las son­rie­ron más, pe­ro fue un po­co trau­má­ti­co pa­ra mis pa­pás. 9:00 P.M. Me voy a dor­mir lo más tem­prano que pue­da. No des­can­so tan bien cuan­do es­toy via­jan­do, y no exis­te na­da que dis­fru­te más que acos­tar­me en mi pro­pia ca­ma. Cuan­do em­pe­cé a mo­de­lar, mi ma­má siem­pre me di­jo: “So­ña­rás con ir­te a la ca­ma tem­prano”. No le creía, pe­ro des­pués de mi pri­mer mes en el mun­do de la mo­da, aho­ra lo en­tien­do.

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