PE­LEÓ POR ÉL

Y LO HI­ZO SU HI­JO LE­GAL

La Cuarta - Aniversario - - Cronología Del Año -

Ser ma­dre sol­te­ra en nues­tro Chilito no es pa­pa. Es­to lo sa­be muy bien Ve­ró­ni­ca Mo­ra­les, de 32 años, quien ha sa­bi­do lle­var una vi­da nor­mal, sin im­por­tar­le el en­torno so­cial. Cla­ro que to­do cam­bió en su vi­da de un ins­tan­te pa­ra otro...

Ella es téc­ni­co en En­fer­me­ría y tra­ba­ja en el Hos­pi­tal Ro­ber­to del Río des­de que sa­lió de su ca­sa de es­tu­dios. Ma­dre de Die­go (13) y con un tra­ba­jo es­ta­ble, su vi­da pa­re­cía de lo más nor­mal. “No me preo­cu­pa­ba más que de mi hi­jo y de mi tra­ba­jo, has­ta que en ma­yo de 2014 me avi­sa­ron que lle­ga­ría un ca­so so­cial y crí­ti­co al hos­pi­tal. En ese mo­men­to, ja­más pen­sé que ese ‘ca­so so­cial’ cam­bia­ría mi vi­da, pe­ro fue amor a pri­me­ra vis­ta”, re­co­no­ce so­bre el ins­tan­te don­de na­ció la ma­gia. - ¿Qué fue eso que dio un gi­ro en su vi­da?

- Era un be­bé... Yo lo mi­ré, Ma­xi­mi­li­ano te­nía tres me­ses de vi­da, con hi­dro­ce­fa­lia y una do­ce­na de pa­to­lo­gías más... Me di­je que es­to no era nor­mal, por­que sin me­diar pa­la­bras, él me mi­ró y su­pe de in­me­dia­to que yo era su ma­dre, no de san­gre, pe­ro su­pe que de­bía ser su ma­dre.

- ¿Se ge­ne­ró un ins­tin­to ma­ter­nal, un víncu­lo ma­drehi­jo?

- Cla­ro. Ima­gí­na­te, yo sien­do una ma­dre sol­te­ra con un hi­jo de 13 y con to­dos mis pro­ble­mas, me abs­tra­je de to­do cuan­do vi que es­te be­bé es­ta­ba so­lo en el hos­pi­tal, aban­do­na­do y lleno de pro­ble­mas. Ahí me di­je ‘ten­go que ha­cer al­go’. Lle­gué a mi ca­sa y le con­té a mi ma­dre so­bre es­to, y me apo­yó. Me com­pren­dió, por­que al­go me pa­só con es­te be­bé, su­pe que es­ta gua­gua era mía, por­que él desafia­ba a la vi­da. Pa­sa­ron los días y me di­je que iba dar la pe­lea por es­te ni­ño. - ¿Y có­mo lo hi­zo?

- Fue un ca­mino lar­go, por­que no te­nía idea de los te­mas le­ga­les. Pri­me­ro que to­do, yo no po­día adop­tar, por­que soy una fa­mi­lia mo­no­pa­ren­tal, que sig­ni­fi­ca que no soy ap­ta pa­ra adop­tar, lo que en­con­tré es­tú­pi­do. Un ni­ño so­lo y yo no po­día cui­dar­lo por ser ma­dre sol­te­ra. Pa­só el tiem­po y en los juz­ga­dos me de­cían lo mis­mo. Mi tui­ción le­gal no te­nía efec­to por ser ma­dre sol­te­ra. Es­ta­ba de­rro­ta­da.

-

- No, nun­ca. Se­guí por es­te ca­mino, aun­que ca­da vez se po­nía más du­ro. Co­mo cuan­do la her­ma­na Ire­ne, de la capilla del hos­pi­tal, me re­co­men­dó bus­car a la ma­dre bio­ló­gi­ca, lo que era sú­per com­pli­ca­do. Ahí co­men­zó otra his­to­ria, su­pe que de­bía bus­car co­mo de­tec­ti­ve a la ma­dre. Des­pués de mu­chos in­ten­tos, di con ella, me acer­qué y le di­je to­da la ver­dad. ¿Pen­só en ba­jar los bra­zos? - ¿Tu fa­mi­lia es­tá de acuer­do con to­do es­to, tu hi­jo?

- Me apo­ya­ron siem­pre, has­ta el mo­men­to más di­cho­so, en que por fin pu­de te­ner la tui­ción le­gal in­de­fi­ni­da de Ma­xi­mi­li­ano. Hoy, pue­do de­cir con or­gu­llo que él es mi hi­jo y que lo amo y él a mí. - ¿Có­mo lo ha­ces con el cui­da­do de sus en­fer­me­da­des?

- Eso es otro te­ma. Co­mo es tan de­li­ca­do y de­be con­su­mir tan­tas dro­gas pa­ra evi­tar los es­pas­mos, de­ci­dí pro­bar la me­di­ci­na al­ter­na­ti­va con él y es­pec­ta­cu­lar­men­te me fun­cio­nó. Con la me­di­ci­na ca­ná­bi­ca, mi Max no tie­ne un es­pas­mo ha­ce 130 días. Eso ha si­do es­pec­ta­cu­lar, con la can­na­bis no que­da con el hi­lo de sa­li­va col­gan­do de su bo­ca, an­da fe­liz y des­pier­to, es má­gi­co es­te tra­ta­mien­to. - ¿En qué es­tás aho­ra?

- Es­toy tra­ba­jan­do pa­ra in­for­mar y en­se­ñar a las ma­dres que ten­gan es­te ca­so, pa­ra que pue­dan acer­car­se a es­ta me­di­ci­na ca­ná­bi­ca. Ade­más de ser na­tu­ral, es una me­di­ci­na mu­cho más ba­ra­ta.

- ¿Có­mo lo ha­ces con es­te te­ma, que si­gue sien­do un ta­bú?

- Sé que es­te te­ma es muy ta­bú en nues­tra sociedad, pe­ro es­toy se­gu­ra de que a mi hi­jo le sir­ve. Mi hi­jo tie­ne múl­ti­ples pa­to­lo­gías y no se res­fría. En­ton­ces, sien­to que de­bo im­pul­sar es­te te­ma e in­for­mar a las ma­dres que ten­gan que re­co­rrer es­te ca­mino.

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