LOS ARANCIBIA DIS­FRU­TAN DE SU ÚL­TI­MA JOYITA: PANCHITO

Fran­cis­co, hi­jo de Leo­pol­do, la rom­pe en O’Hig­gins de Ran­ca­gua y man­tie­ne vi­vo en el fút­bol el le­ga­do que su tai­ta y sus tíos em­pe­za­ron hace más de tres dé­ca­das.

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En el fút­bol ja­guar hay un ape­lli­do que se es­cu­cha con fuer­za hace más de 30 ca­len­da­rios. Y es que los Arancibia crea­ron una ver­da­de­ra di­nas­tía en el pe­lo­teo crio­llo lue­go de que Franz de­bu­ta­ra en Ma­ga­lla­nes en 1987.

Des­pués vi­nie­ron Leo­pol­do, Eduar­do y Ro­que, quien sien­do el me­nor, fue el úl­ti­mo de los her­ma­nos en col­gar los za­pa­tos.

Pe­ro co­mo la fá­bri­ca de pe­lo­te­ros es gran­de, los Arancibia se te­nían guar­da­da una nue­va joyita pa’ sus vi­tri­nas. Se tra­ta de Fran­cis­co, hi­jo del “Po­lo”, que la su­da en O’Hig­gins.

Y es que es­te bro­ca de ape­nas 20 pe­ri­tas ya es ti­tu­la­rí­si­mo en el equi­po de Cris­tián Arán, y ya con la ex­pe­rien­cia de ha­ber ju­ga­do en el Pal­mei­ras bra­su­ca cuan­do ape­nas te­nía 18 añi­tos, de­ci­dió abrir su cu­cha­rón a La Cuar­ta, en la ca­sa fa­mi­liar ubi­ca­da en Quin­ta Nor­mal.

“A los que más vi ju­gar fue­ron al tío Ro­que y al tío La­lo ( Eduar­do). Pe­ro era Ro­que quien me re­la­cio­na­ba con el am­bien­te del fút­bol y me lle­va­ba a en­tre­nar”, sol­tó al pop.

- Cre­cien­do en­tre pe­lo­te­ros, ¿ có­mo fue­ron tus ini­cios en el fút­bol?

- Fue bas­tan­te di­fí­cil al co­mien­zo, cuan­do me fui de la ca­sa a los 12 años pa­ra ir­me a Cham­pa, cer­ca de Ran­ca­gua, a la ca­sa de un com­pa­ñe­ro.

- ¿Y en la ju­ven­tud, le­jos de sus tai­tas, apa­re­ció el co­lúo con la mal­dad?

- Fue­ron tiem­pos di­fí­ci­les, pe­ro los con­se­jos de mi pa­pá y de mis tíos fue­ron el gran fac­tor pa­ra que yo no me des­via­ra del ca­mino. Siem­pre to­mé de la me­jor ma­ne­ra los con­se­jos, los se­guí y me ayu-

da­ron pa­ra es­tar don­de es­toy.

- Aho­ra eres fi­gu­ra en O’Hig­gins...

- Es al­go que es­ta­ba es­pe­ran­do hace mucho tiem­po, so­ña­ba con es­to, con ser ti­tu­lar, an­dar bien, que mi fa­mi­lia me vea en la te­le. Es un mo­men­to so­ña­do.

- ¿Y te ves con el tí­tu­lo a fin de se­mes­tre?

- Oja­lá, se­ría ma­ra­vi­llo­so. Pe­ro yo vi­vo el mo­men­to. Es­toy ju­gan­do de ti­tu­lar en un gran equi­po y le es­ta­mos pe­lean­do el tí­tu­lo a Co­lo Co­lo e Iqui­que.

- Hace un tiem­po fa­lle­ció tu abue­la Edith (ma­dre de los Arancibia) ¿Te afec­tó mucho su par­ti­da?

- Fue di­fí­cil, pe­ro sien­to que ella aún es­tá. Des­pués de que se fue la le­la, co­mo a las dos se­ma­nas aga­rré ti­tu­la­ri­dad y em­pe­cé a ju­gar a un buen ni­vel.

-Y con ese buen ni­vel, ¿po­nes los oji­tos blan­cos por lle­gar a la Ro­ja?

- Es­toy tra­ba­jan­do día a día pa­ra po­der lle­gar a la se­lec­ción y oja­lá un día apa­re­cer en una nó­mi­na. Fui spa­rring con Sam­pao­li en 2015 en los par­ti­dos amis­to­sos con­tra Irán en Aus­tria y Bra­sil en Wem­bley. Ade­más, fui se­lec­cio­na­do sub 15 y sub 17. En­ton­ces uno tra­ba­ja pa­ra es­tar nue­va­men­te ahí. - ¿Siem­pre co­mo pun­te­ro mo­mio?

- Cuan­do en­tré a O’Hig­gins a los 10, ju­ga­ba de pun­te­ro iz­quier­do, des­pués, en la sub 14, ju­ga­ba de en­gan­che y en la sub 16 em­pe­cé a va­riar y me ti­ra­ron a la ori­lla de­re­cha. Me en­can­ta ju­gar ahí, me veo más de pun­te­ro que de “10”, pe­ro por de­re­cha, por iz­quier­da no me aco­mo­da mucho.

Fran­cis­co man­tie­ne los la­zos con sus pri­mos Má­xi­mo (de gris) y Martín (de ro­jo), sus tíos Ro­que, Eduar­do y su abue­lo Ra­món. Mis tíos me cri­ti­ca­ban, pe­ro de for­ma cons­truc­ti­va. Lo que te lle­va al éxi­to es me­jo­rar esas crí­ti­cas que te ha­cen”, Fran­cis­co...

Fran­cis, co­mo le di­cen en la ca­sa, com­par­te sus ale­grías jun­to a su mu­jer, Ro­sa­rio, y su hi­ja, Aman­da.

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