El día en que Al­do Du­que ayu­dó a for­mar la pri­me­ra ba­rra al­ba

La Cuarta Deportiva - - DEPORTES - JORGE SÁN­CHEZ LEIVA @la­cuar­ta_­jor­ge

MÁS QUE UNA LEY,

UN SEN­TI­MIEN­TO

“En esas tra­ve­sías pu­de com­par­tir con mis ído­los: Cas­zely, He­rre­ra y el ‘Po­llo’ Vé­liz”.

“En el es­ta­dio se ven­dían cer­ve­zas en botella de vi­drio. Las pil­se­ner, co­mo se co­no­cían en ese tiem­po”.

Hu­bo un tiem­po en que el abo­ga­do, que hoy es­tá en el cen­tro de la po­lé­mi­ca por su de­nun­cia de los hai­tia­nos que lle­gan al país, si­guió al Ca­ci­que a to­das par­tes. Tiem­pos en que se hi­zo ami­go de Cas­zely y to­ma­ba cer­ve­zas mien­tras veía al equi­po en la ga­le­ría.

Te­nía só­lo nue­ve años cuan­do vio por pri­me­ra vez -en vi­vo y en di­rec­to- la ca­mi­se­ta de Co­lo Co­lo. Y Al­do Du­que se enamo­ró de ella.

“Era blan­ca, lin­da, lim­pia. Sen­tí que re­fle­ja­ba la pu­re­za de los va­lo­res de­por­ti­vos, en­ton­ces de­ci­dí ser hin­cha del club más gran­de del país”, cuen­ta el abo­ga­do, que hoy mez­cla la pa­sión fut­bo­le­ra con la po­lé­mi­ca, des­de que se de­ci­dió a con­tar cuán­tos hai­tia­nos lle­gan al día al país.

Pe­ro en el fút­bol no tie­ne las mis­mas du­das. Y Du­que, mu­cho an­tes de que se pu­sie­ra el pri­mer go­rro, re­cuer­da un día de 1970, cuan­do su pa­pá - don Juan- lo lle­vó al Es­ta­dio Na­cio­nal a ver a esa on­ce­na que le arre­ba­tó el tí­tu­lo a Unión Es­pa­ño­la, co­mo el mo­men­to en que se “co­lo­co­li­zó”. En esa in­far­tan­te de­fi­ni­ción nun­ca más ol­vi­dó la pri­me­ra vuel­ta olím­pi­ca de Car­los Cas­zely.

Tres años des­pués, el abo­ga­do fue tes­ti­go de una de las cam­pa­ñas más re­cor­da­das. La ges­ta, que se­gún mu­chos his­to­ria­do­res, fre­nó el gol­pe mi­li­tar y fue ca­paz de unir a los chi­le­nos en torno al em­ble­ma ma­pu­che.

“Esa épo­ca fue in­creí­ble. El país es­ta­ba po­la­ri­za­do y el es­ta­dio era el úni­co lu­gar don­de las ideas po­lí­ti­cas no en­tra­ban. To­dos éra­mos uno y nos abra­zá­ba­mos y apo­yá­ba­mos. Allí se iba sin ban­de­ras, no exis­tían las ba­rras bra­vas y el úni­co gri­to que se es­cu­cha­ba era el ‘che­cheí’ de Co­lo Co­lo”, re­cor­dó el le­gu­le­yo.

No obs­tan­te, el sue­ño se aca­bó de la peor for­ma. Los al­bos lle­ga­ron a la fi­nal con In­de­pen­dien­te de Ave­lla­ne­da y se pu­sie­ron en ven­ta­ja con au­to­gol de Fran­cis­co Sá al mi­nu­to 69’. Cla­ro que es­ta­ban ju­gan­do en Bue­nos Ai­res y el ár­bi­tro uru­gua­yo Mil­ton Lorenzo no de­ja­ría que un equi­po del Pa­cí­fi­co cor­ta­ra la ra­cha de los del Atlán­ti­co.

“Me acuerdo per­fec­ta­men­te de ese mo­men­to y de có­mo des­pués le anu­lan un gol le­gí­ti­mo a Cas­zely en la vuel­ta y fi­nal­men­te caen en la de­fi­ni­ción de Mon­te­vi­deo”, re­cuer­da Du­que, quien lue­go de ese epi­so­dio se con­vir­tió en par­te fun­da­men­tal de la na­cien­te ba­rra ju­ve­nil de la ins­ti­tu­ción.

“Via­jé mu­cho pa­ra acom­pa­ñar al equi­po y en esas tra­ve­sías pu­de com­par­tir con mis ído­los: Cas­zely, Leo­nel He­rre­ra, el ‘Po­llo’ Vé­liz y tan­tos otros”, re­me­mo­ró.

7LA PA­SIÓN DE AL­DO DU­QUE por Co­lo Co­lo es de ca­si to­da la vi­da, y mu­cho an­tes de que usa­ra sus tí­pi­cos go­rros. Fue par­te de la ba­rra y via­jó por to­da América con el club.

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